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De Bariloche a Cusco: los 5 mejores hoteles de Sudamérica para visitar en 2026

Bariloche, Cusco, Chiloé, José Ignacio y Quito: cinco hoteles que combinan paisaje extremo, identidad local y lujo bien entendido.

Viajar por Sudamérica en 2026 implica mucho más que elegir un destino en el mapa: implica decidir dónde hospedarse. Porque buscar un hotel para visitar Cusco, recorrer las cordilleras de Chiloé o enfrentarse a la nieve de Bariloche no es una elección menor. La experiencia del viaje cambia con esas decisiones y, en ese contexto, el hotel dejó de ser un simple punto de apoyo para convertirse en una parte central de la experiencia.

¿Quién no quiere despertar frente a los lagos patagónicos, abrir una ventana con vista a una costa uruguaya casi intacta, dormir rodeado de naturaleza extrema en el sur de Chile o alojarse entre vestigios incas y cascos históricos que condensan siglos de historia? En un continente atravesado por contrastes, algunos hoteles lograron algo difícil de imitar: dialogar con su entorno sin diluir identidad ni comodidad, entendiendo el lujo como una suma de contexto, paisaje y servicio preciso.

Por eso, en Urgente24 volvemos a reunir los cinco mejores hoteles de Sudamérica para visitar en 2026, ubicados en Bariloche, Cusco, Chiloé, José Ignacio y Quito. Una selección pensada para que no tengas que buscar más al momento de hacer una reserva: lujo bien entendido, rusticidad elegante, originalidad y una fuerte impronta artística que convierte cada estadía en una experiencia que realmente cambia el viaje.

Casa Gangotena Hotel Boutique, Quito

En pleno centro histórico de Quito, frente a la mítica Plaza de San Francisco, se levanta esta mansión de época que condensa buena parte de la historia republicana del país. Casa Gangotena fue residencia de presidentes y de una de las familias más influyentes del Ecuador antes de convertirse en uno de los hoteles boutique más refinados de Sudamérica, hoy miembro de Relais & Châteaux y reconocido en múltiples ediciones de los World Travel Awards.

La experiencia empieza por el contexto. Alojarse aquí es dormir dentro del casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con acceso a pie a la Iglesia de la Compañía, la Catedral Basílica y museos clave del centro de la ciudad. Pero también es hacerlo con una comodidad contemporánea que no traiciona el espíritu original del edificio: techos altos, luz andina filtrándose por ventanales imponentes y una atmósfera que combina solemnidad histórica con calidez doméstica.

Las habitaciones y suites, todas distintas entre sí, promedian los 35 metros cuadrados y están decoradas con alfombras de felpa, cortinas fluidas y mobiliario Art Déco cuidadosamente seleccionado. A eso se suman aislamiento acústico, climatización, tecnología actual y la posibilidad de interconectar espacios, algo poco habitual en edificios patrimoniales de este tipo. Algunas ofrecen vistas directas a la Plaza de San Francisco; otras, a la silueta inconfundible de la Virgen del Panecillo.

El restaurante del hotel es otro de sus grandes diferenciales. Su propuesta de cocina mestiza trabaja con productores locales y técnicas ancestrales para reinterpretar sabores ecuatorianos desde una mirada contemporánea, reforzando la idea de que el lujo también pasa por el territorio y la identidad cultural.

Precio aproximado: las habitaciones en Casa Gangotena parten desde USD 550 por noche y pueden superar los USD 1.000, según categoría y temporada. Un valor alto, pero coherente para quienes buscan vivir Quito desde adentro, sin resignar confort ni carácter.

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Posada Ayana, José Ignacio

En José Ignacio, donde el lujo siempre fue más silencioso que ostentoso, Posada Ayana propone una experiencia distinta incluso para los estándares del balneario. No es un hotel que busque llamar la atención desde afuera, sino uno que se revela de a poco, pensado para viajeros que valoran el diseño, el arte y la calma por encima del show.

El gran diferencial está en su vínculo directo con el arte contemporáneo. La posada funciona como puerta de entrada al Ta Khut Skyspace de James Turrell, una instalación lumínica única en Sudamérica que convierte el amanecer y el atardecer en parte de la experiencia de hospedaje. Dormir en Ayana no es solo descansar frente al mar: es habitar una obra artística que dialoga con el cielo, la luz y el tiempo.

El hotel es pequeño y deliberadamente íntimo. Cuenta con suites amplias y villas privadas, todas atravesadas por una curaduría estética cuidada al detalle, con piezas de la colección personal de sus dueños. Los interiores, dominados por tonos neutros y materiales nobles, priorizan la serenidad y el contacto visual con el entorno costero. Nada sobra, nada compite con el paisaje.

La propuesta gastronómica acompaña esa lógica. Su restaurante de inspiración japonesa, con cocina a fuego y producto local, refuerza la idea de que el lujo también puede ser relajado, sin rigideces ni protocolos innecesarios. Piscina infinita, servicio atento pero no invasivo y una operación estacional que respeta el ritmo del lugar completan la experiencia.

Precio aproximado: las tarifas en Posada Ayana parten desde USD 700 por noche y pueden superar los USD 1.200 en temporada alta, según el tipo de suite o villa. Un valor alineado con quienes buscan en José Ignacio algo más que playa: una estadía que combine arte, silencio y sofisticación real.

Refugia Chiloé, Chiloé

En la península de Rilán, frente a aguas calmas y cielos que cambian de humor varias veces al día, Refugia Chiloé propone una experiencia que se corre del lujo tradicional para abrazar el aislamiento, el paisaje y el tiempo lento. Llegar hasta acá ya es parte del viaje: no hay atajos ni estímulos urbanos que distraigan. Chiloé impone su propio ritmo, y el hotel lo entiende desde el primer momento.

Con solo 24 habitaciones, el edificio se integra al entorno sin intentar dominarlo. Maderas nativas, grandes ventanales y una arquitectura contemporánea austera permiten que el verdadero protagonista sea el paisaje: el Pacífico, los prados verdes y la luz cambiante del sur chileno. No hay estridencias ni decoraciones innecesarias; todo está pensado para acompañar la naturaleza, no competir con ella.

La experiencia se construye puertas afuera tanto como puertas adentro. Caminatas por bosques nativos, navegación en kayak, avistaje de fauna marina y visitas a las iglesias de madera declaradas Patrimonio de la Humanidad forman parte del día a día. A eso se suma una gastronomía honesta, basada en productos locales y recetas tradicionales, que refuerza la sensación de estar en un territorio con identidad propia.

Precio aproximado: desde USD 1.000 por noche, generalmente bajo formato de programas que incluyen comidas y actividades, y pueden superar los USD 2.000 según la temporada y el tipo de experiencia elegida.

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Inkaterra La Casona, Cusco

A metros de la Plaza de Armas, Inkaterra La Casona ofrece algo poco frecuente incluso en destinos hiper turísticos: la sensación de habitar la historia sin resignar intimidad. El edificio se levanta sobre antiguos terrenos de formación de la nobleza inca y fue ocupado luego por conquistadores españoles y figuras clave de la etapa republicana, entre ellas Simón Bolívar. Hoy, esa herencia se traduce en uno de los hoteles boutique más exclusivos de Sudamérica.

Con apenas 11 suites, la experiencia es deliberadamente íntima. El antiguo patio central, restaurado durante años con criterios patrimoniales estrictos, funciona como corazón del hotel y marca el tono del lugar: silencio, piedra original, balcones de madera y una atmósfera que invita a bajar el ritmo. Aquí no hay tránsito constante de huéspedes ni sensación de hotel grande; todo está pensado para que Cusco se viva hacia adentro.

Las habitaciones combinan materiales nobles y detalles clásicos con comodidades contemporáneas. Sillones tapizados, chimeneas funcionales y bañeras exentas decoradas con hojas frescas de eucalipto refuerzan una idea de lujo cálido, casi doméstico. Dormir en La Casona no es solo descansar después de recorrer la ciudad: es formar parte del relato histórico que rodea al hotel.

El servicio completa la experiencia. Atención personalizada, gastronomía cuidada y una ubicación estratégica permiten explorar el Cusco histórico a pie y regresar luego a un espacio que funciona como refugio. En una ciudad donde la oferta hotelera abunda, Inkaterra La Casona se diferencia por su escala, su autenticidad y su respeto por el pasado.

Precio aproximado: las tarifas parten desde USD 600 por noche y pueden superar los USD 1.300, según la suite y la temporada. Un valor acorde a quienes buscan en Cusco algo más que una buena vista: una experiencia profundamente ligada a la historia del lugar.

Llao Llao Resort, Golf & Spa, Bariloche

Entre el lago Nahuel Huapi y las cumbres patagónicas, el Llao Llao es mucho más que un hotel: es un símbolo del turismo de alta gama en Sudamérica. Inaugurado en la década del 30 y diseñado por Alejandro Bustillo, el edificio forma parte del imaginario argentino tanto como el paisaje que lo rodea. Pocos hoteles logran esa combinación de historia, escala y entorno natural sin perder vigencia con el paso del tiempo.

El diferencial del Llao Llao está en su capacidad de reinventarse sin traicionar su identidad. A lo largo de los años fue modernizando servicios, habitaciones y áreas comunes, pero siempre mantuvo esa impronta de gran refugio de montaña, con maderas nobles, techos altos y vistas que parecen pensadas para detener el tiempo. En invierno, la nieve lo convierte en postal clásica; en verano, el verde intenso y los lagos le devuelven otra lectura igual de poderosa.

La experiencia se despliega en múltiples capas. Spa, campo de golf, senderos, actividades al aire libre y una gastronomía que combina producto regional con técnica internacional hacen que muchos huéspedes no sientan la necesidad de salir del predio. El hotel no funciona solo como base para explorar Bariloche: es, para muchos, el motivo principal del viaje.

LLao Llao, Bariloche
La entrada del Llao Llao, ícono del turismo patagónico, anticipa la experiencia de uno de los hoteles más emblemáticos de Sudamérica.

La entrada del Llao Llao, ícono del turismo patagónico, anticipa la experiencia de uno de los hoteles más emblemáticos de Sudamérica.

Las habitaciones y suites ofrecen vistas abiertas al paisaje patagónico y un confort acorde a su categoría internacional. No se trata de minimalismo ni de boutique intimista, sino de un lujo clásico, bien ejecutado y sostenido en el tiempo, algo cada vez menos frecuente en la región.

Precio aproximado: las tarifas en el Llao Llao parten desde USD 400 por noche en temporada media y pueden superar los USD 1.200 en invierno o fechas especiales, según categoría y vista. Un valor que se explica no solo por el alojamiento, sino por la experiencia completa de hospedarse en uno de los grandes íconos hoteleros de Sudamérica.

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