La Finalíssima está a la vuelta de la esquina. El próximo 27 de marzo, la selección de España enfrentará a la Argentina en el Lusail Stadium de Qatar, en un cruce que reúne generaciones, estilos y trayectorias. Lamine Yamal y Lionel Messi encarnan ese contraste: la irrupción del talento joven frente a una figura que sigue marcando el pulso del fútbol mundial.
¿HUBO LLAMADO TRAS LA SUPERCOPA?
Tensión en la Roja antes de la Finalíssima: Yamal y Carvajal, una rivalidad que no se apaga
El gesto tras la Supercopa reavivó una tensión conocida entre Lamine Yamal y Dani Carvajal, con antecedentes en los clásicos, justo antes de la Finalíssima.
El duelo aparece como una antesala de peso en la recta previa al Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. España llega con un proyecto consolidado y una identidad en crecimiento, mientras que Argentina, campeona del mundo y vigente dominadora del escenario internacional, continúa mostrando una competitividad que parece no agotarse.
En ese contexto, el foco no está solo en el césped. Alrededor del partido comienzan a multiplicarse las señales de tensión propias de un enfrentamiento entre potencias. Planteles repletos de figuras de los grandes clubes europeos, campeones continentales de un lado y del otro, y una expectativa que excede lo estrictamente futbolístico.
Sin embargo, hay dos nombres que vuelven a quedar bajo la lupa en la previa, por motivos ajenos al juego colectivo. Lamine Yamal y Dani Carvajal arrastran una relación tirante forjada en los clásicos entre Barcelona y Real Madrid, y que volvió a quedar expuesta durante la última Supercopa de España. Un cruce que, a días de la Finalíssima, reaviva la tensión dentro del vestuario de la Roja.
¿Qué pasó en el cruce?
La tensión entre Lamine Yamal y Dani Carvajal no nació el último domingo. Se trata de una rivalidad lógica entre FC Barcelona y Real Madrid que, con el tiempo, terminó trasladándose al plano de la selección. El antecedente más claro se dio en el clásico de octubre del año pasado, un 2–1 a favor del Real Madrid en el Santiago Bernabéu, con Kylian Mbappé como una de las grandes figuras de la noche.
En la previa de aquel encuentro, Yamal había calentado el clima con declaraciones que no cayeron bien del lado merengue. Carvajal no lo dejó pasar y, ya en el campo de juego, le recriminó con una frase que quedó registrada por las cámaras: “hablas mucho”. Un cruce breve, pero elocuente, que marcó un antes y un después en la relación entre ambos.
Desde entonces, el vínculo fue cuesta abajo. Un contraste llamativo si se tiene en cuenta que compartieron vestuario y protagonismo con la selección española campeona en Alemania hace menos de dos años, junto a nombres como Álvaro Morata, Nico Williams y Marc Cucurella, en un equipo que había mostrado una convivencia interna sin fisuras visibles.
En la antesala de la última Supercopa, Carvajal intentó bajar el tono y desviar las preguntas hacia los objetivos colectivos de la selección en un año cargado de competencia. Sin embargo, el clima ya estaba instalado. Tras la consagración del Barcelona, durante el pasillo de los campeones al rival, el lateral del Real Madrid saludó a varios futbolistas azulgranas, pero fue ignorado por Yamal. A la pasada, Carvajal le dijo algo al joven delantero, visiblemente molesto, en una escena que reavivó la tensión y volvió a poner el foco sobre la interna del vestuario español.
Tiró la piedra y escondió la mano, pero Yamal no olvida
Dani Carvajal, varias veces campeón de la Champions League, atraviesa una etapa delicada en su carrera: llega a este tramo de la temporada tras una lesión importante, con meses de recuperación y en un contexto en el que incluso su lugar en la selección empieza a estar bajo evaluación. Todo indica que el horizonte internacional comienza a acortarse para uno de los referentes del vestuario.
Del otro lado, Lamine Yamal representa lo opuesto. Con toda la carrera por delante y en pleno centro de la escena mediática, el joven extremo no bajó el perfil. El gesto de la Supercopa dejó en claro que el episodio de octubre no quedó atrás y que, lejos de diluirse con el paso del tiempo, la tensión siguió latente.
Entre aquel cruce en el Bernabéu y lo ocurrido el domingo, Luis de la Fuente había intentado apagar el incendio. Tras el clásico de octubre, el seleccionador restó dramatismo al intercambio y negó cualquier enfrentamiento de fondo. Habló de una discusión menor, descartó problemas de convivencia y aseguró que el clima dentro del grupo seguía siendo el de una “familia unida”. Incluso confirmó haber conversado en privado tanto con Yamal como con Carvajal, con la intención de cerrar el tema puertas adentro.
Sin embargo, la escena del no saludo en la final de la Supercopa pareció contradecir aquel diagnóstico. El gesto volvió a exponer la rivalidad y abrió una pregunta inevitable en la previa de la Finalíssima: ¿logró realmente De la Fuente cerrar el conflicto o la tensión entre referentes de clubes antagónicos sigue filtrándose en el vestuario de la Roja?
Cómo puede impactar esta interna en la Finalíssima
España llega a la Finalíssima con una identidad clara: 4-3-3, posesión alta y extremos profundos. Sin embargo, el funcionamiento del equipo expone una carencia sensible: la falta de gol y de recambio natural en el puesto de nueve. Con Álvaro Morata fuera del radar y un nivel en baja que lo alejó del rol protagónico que tenía en 2024, la referencia ofensiva recae hoy en Mikel Oyarzabal, un delantero más asociativo, con movilidad y lectura del juego, pero sin el peso específico de un goleador de área. La alternativa que aparece es Mikel Merino, un mediocampista polifuncional con llegada, buen juego aéreo y capacidad para pisar el área, aunque su utilización como nueve deja en evidencia la falta de cambio específico en una posición clave para partidos cerrados y de alto voltaje.
A esa falta de gol se suma un punto fino pero determinante: la convivencia en la banda derecha. En ese carril se superponen Lamine Yamal y Dani Carvajal, una sociedad que exige sincronización total en ataque y respaldo mutuo en defensa. Con antecedentes de roces recientes, cualquier desajuste emocional o falta de conexión puede traducirse en pérdidas, retrocesos tardíos o decisiones forzadas, un escenario que Argentina suele explotar con cambios de ritmo y ataques directos a los espacios.
El otro debate abierto está bajo los tres palos. Aunque Unai Simón sigue siendo el arquero respaldado por el cuerpo técnico, su presente genera dudas. Viene de actuaciones irregulares y quedó especialmente expuesto en la última Supercopa, mientras que Joan García aparece mejor posicionado en números y sensaciones. La presión mediática empuja por un cambio, pero la continuidad de Unai refuerza la idea de jerarquías consolidadas por encima del momento, una decisión que también puede pesar en un partido de margen mínimo.
Todo ese combo desemboca en una pregunta central para la Finalíssima: ¿cuánto margen real tiene España para gestionar sus tensiones internas sin que se filtren en el juego? Con el antecedente del cortocircuito médico entre la selección y el Barcelona por la última convocatoria de Yamal, y con señales contradictorias entre el discurso público y lo que luego se vio en la Supercopa, la capacidad de Luis de la Fuente para ordenar el vestuario aparece como un factor tan decisivo como el planteo táctico.
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