Al minuto 73', Raphina marcó el quinto gol de la noche y todo salió de acuerdo al plan. Barcelona y Real Madrid brindaban, una vez más, el espectáculo deseado. Y Arabia Saudita -jugador fuerte del Golfo de Pérsico- confirmaba, una vez más, por qué invirtió millones de petrodólares para traer la Supercopa de España a sus tierras.
SUPERCOPAS DE EXPORTACIÓN
La élite, tras los millones del Golfo: España, Italia y Francia ya no juegan en Europa
El dinero del Golfo redefine el mapa del fútbol: la Supercopa de España, la Supercopa de Francia y la Supercopa de Italia se juegan en Medio Oriente.
Las Supercopas como casos paradigmáticos de un fútbol globalizado
El fútbol se juega dentro del campo de juego con la misma intensidad con la que se juega afuera. Adentro del rectángulo blanco, sobre el verde césped, la táctica, la estrategia y la inventiva de los futbolistas se debate en una competencia de 11 contra 11. Afuera del rectángulo blanco, sobre el color madera de los escritorios, el negocio de la pelota redonda se discute con la animosidad de quienes entienden a este deporte como una de las inversiones más valiosas.
Al fútbol hay que entenderlo como una industria. Lo entiende muy bien Gianni Infantino, que ha sellado una sólida amistad con Donald Trump, presidente de Estados Unidos, país anfitrión por excelencia -Canadá y México, por momentos, parecen pintados al óleo-, del Mundial 2026.
Y, en un mundo cada vez más globalizado, la industria del fútbol también se globaliza. Signo de estos tiempos es que tres competencias de algunas de las ligas de elite se hayan trasladado a países exóticos y hayan salido de sus fronteras. La Supercopa de España, la Supercopa de Francia y la Supercopa de Italia son casos excepcionales pero paradigmáticos de un deporte de alcance popular, imagen noble y atractivo económico.
Ninguno de estas tres históricos torneos, que enfrentan a los campeones de la temporada, se juega ya en sus países. Ni la de España en España, ni la de Francia en Francia, ni la de Italia en Italia. Para todos ellos existe una mejor opción: Medio Oriente.
Allí donde el dinero parece infinito, países sin un suelo fértil que reciba al fútbol como la experiencia emocional-religiosa que es, pero con una infraestructura tan influyente como para cultivarlo de cualquier modo, allí han ido las tres supercopas. Las entidades que organizan el fútbol de cada país han invertido millones y millones de euros para ser anfitriones de partidos que, proyectan, son mucho más que solo partidos.
Los 51 millones de Arabia Saudita por la Supercopa de España
La Supercopa de España se juega desde 2020 en Arabia Saudita. La Real Federación Española de Fútbol -RFEF- ha firmado un acuerdo estrambótico con Sela, empresa pública que está dentro de la órbita del Ministerio de Deportes y un actor fuerte global. Es, por ejemplo, el sponsor principal de la camiseta del Newcastle United, equipo de la Premier League cuyos dueños, también, son saudíes.
El acuerdo entre la RFEF y Sela ameritó investigación en la Justicia española por posibles intereses personales metidos en el medio, tanto del entonces presidente de la entidad -Luis Rubiales-, como de la empresa intermediaria Kosmos -propiedad de Gerard Piqué-.
A la RFEF le ingresan 51 millones de euros por cada edición de la Supercopa. En la edición reciente, Barcelona y Real Madrid son los que mayor porción de la torta se llevaron, ya que perciben ingresos en relación a su palmarés y títulos en sus vitrinas. Luego, el Atlético de Madrid y Athletic Bilbao. Además, los cuatro equipos recibieron premios por participar. El resto va a reforzar la infraestructura de divisiones menores del Ascenso español.
"¿Que nos gustaría más jugar la Supercopa en España? Sí, claro. Pero no creo que en España haya ahora mismo nadie que pueda aportar la cantidad económica suficiente para poder llevarla a cabo", dijo recientemente Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid. Ni agua hace falta; clarísimo.
Iñaki Williams, futbolista del Athletic Bilbao, ha sido una de las pocas voces de protagonistas del campo que se manifestó en contra. "Para mí no tiene ningún sentido que juguemos en Arabia, pero el fútbol está ahora así, es una lástima y para mí es una pena", sostuvo meses atrás. Deberá conformarse con lo que hay: el torneo seguirá jugándose en Arabia Saudita, por contrato, hasta 2030.
La Supercopa de Francia y los actores de Kuwait
La Supercopa de Francia de 2026 tuvo un destino aun más exótico: Kuwait, un pequeño país de no más de 5 millones de personas, pero que aunó fuerzas para contar con el atractivo galo: PSG vs. Olympique de Marsella, partido que terminó ganando el conjunto parisino por penales.
Es el segundo año consecutivo que se juega allí. En 2024, en cambio, se había disputado en Qatar. En 2026, la cifra que selló el paquete fue de 3,5 millones de euros por el cotejo.
Kuwait reunió a la Asociación de Fútbol de Kuwait, a la compañía de telecomunicaciones Zain Kuwait, a Kuwait Arways y a un puñado de socios menores para contar con el torneo en sus tierras.
"Organizar la Supercopa de Francia no es solo un evento deportivo. Es una puerta de entrada a prometedoras oportunidades de inversión en el deporte, que amplían la cooperación internacional y fortalecen la posición de Kuwait en el panorama deportivo mundial como un destino digno de confianza", aseguró el funcionario público Faisal Al-Yateem, secretario general del Comité Superior de Grandes Eventos Deportivos.
Supercopa de Italia, vendida a 23 millones
La Supercopa de Italia es la más antigua en este negocio de exportación. El torneo italiano se juega en otras tierras -aunque alternadamente con sede local-, desde hace rato. La primera vez fue en 1993, cuando la final entre Milan y Torino se disputó en Washington.
Ahora, desde 2022 que la Supercopa del Calcio tiene lugar en Arabia Saudita, también gracias a la empresa Sela, que desembolsa 23 millones de euros por cada edición. El contrato con la Lega Serie A está firme hasta 2029.
"Estamos realmente muy satisfechos con el éxito de público que está teniendo este evento, tener un lleno total es una prueba de la operación de internacionalización que está llevando a cabo", señaló el titular de la casa madre del fútbol italiano, Ezio Maria Simonelli.
El Golfo juega su propio partido: la proyección de hub global en la industria del deporte
Si Estados Unidos ha comenzado desde hace años atrás una cruzada para sentarse en la mesa del fútbol internacional, los países del Golfo también libran su batalla. Uno será anfitrión del Mundial 2026, los otros -Arabia Saudita, en realidad-, del Mundial 2030.
Para las tierras árabes, el fútbol sirve como estrategia de imagen. Consolidarse como hub deportivo, como un sitio seguro y de confianza para albergar eventos de gran magnitud. La nobleza del deporte como habitáculo receptor de su incursión en el mundo global, moderno, actual, occidental.
Los más críticos lo señalan, sin embargo, como una clara estrategia de sportswashing: utilizar grandes eventos deportivos para asociar la imagen nacional con valores positivos como modernidad, progreso, espectáculo y apertura, mientras quedan en segundo plano cuestionamientos por la situación de los derechos humanos, la falta de libertades civiles o la persecución política.
En el medio de la cruzada, los naufragios son de los hinchas, que ven desde lejos cómo le trasladan a su momento sacro hacia tierras lejanas. Una propuesta que, desde la lógica emocional, no tiene explicación. Iñaki Williams es, además de futbolista, uno de ellos: "Es una lástima que se tenga que ir a cientos de kilómetros de nuestra gente, de nuestras familias".
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