No todo es fútbol para Kylian Mbappé. De nueve a modelo de Dior: el delantero del Real Madrid es una de las caras de la campaña Primavera-Verano 2026 de la maison francesa, ahora conducida por Jonathan Anderson.
DE NUEVE A MODELO
La otra cara de Kylian Mbappé: Jonathan Anderson presenta su primera gran campaña de 2026 en Dior
Fotografiada por David Sims, la nueva campaña de Dior traduce el giro visual de Jonathan Anderson en clave sobria.
La campaña marca un punto de inflexión para la casa. Es la primera gran propuesta visual desde que Anderson (ex Loewe y director creativo de su propia firma, J.W. Anderson) asumió en junio la dirección creativa tanto de las líneas femeninas como masculinas. Un movimiento que ya anticipaba un cambio profundo en el lenguaje de Dior y que aquí se traduce en imágenes sobrias, una puesta en escena medida y una estética que dialoga con el pasado sin quedar atrapada en él, muy lejos del universo construido en los últimos años por Maria Grazia Chiuri.
Fotografiadas por David Sims, las imágenes alternan color y blanco y negro y funcionan casi como escenas detenidas: poco extravagantes, simples, pero cargadas de intención. No hay exceso ni grandilocuencia; hay cuerpos, ropa y espacio. En ese equilibrio, Mbappé comparte protagonismo con figuras del cine y la moda en una campaña que no busca impactar por acumulación, sino por clima, por aura. Dior abre así 2026 con una declaración clara: menos ruido, más intención.
Un elenco cruzado y una nueva gramática visual
La campaña reúne figuras de universos distintos que Jonathan Anderson articula sin jerarquías evidentes. Junto a Kylian Mbappé aparecen la actriz Greta Lee, reconocida actualmente por su papel en The Studio; el actor y director Louis Garrel y Paul Kircher; además de las modelos Sunday Rose, hija de Nicole Kidman y Keith Urban, Laura Kaiser y Saar Mansvelt Beck. No hay un centro único ni un protagonismo impuesto: todos parecen habitar el mismo estado de pausa, como si la escena estuviera suspendida antes o después de la acción.
Las imágenes funcionan como fragmentos de una narración mayor que preserva la esencia de la casa francesa y la articula con rostros globales. Los cuerpos descansan, observan o se repliegan sobre sí mismos, mientras el vestuario acompaña ese gesto contenido. La sastrería dialoga con el denim y el punto, las siluetas se depuran y las referencias de archivo aparecen sin subrayados evidentes. La icónica chaqueta Bar, uno de los pilares históricos del legado Dior, convive con piezas más relajadas, reforzando ese cruce constante entre herencia y presente que atraviesa toda la propuesta.
Ese nuevo lenguaje también se extiende a los accesorios, que dejan de cumplir un rol secundario para ganar peso propio dentro del relato. El Lady Dior reaparece en versiones intervenidas con borlas (incluida una edición especial desarrollada junto a la artista Sheila Hicks), mientras que los Book Tote, que ganaron protagonismo en los últimos desfiles de la marca, se presentan bordados con referencias literarias. En la línea masculina se suma el bolso Normandie, y para mujer asoman modelos como Cigale, Crunchy y Diorly, piezas que refuerzan la idea de tactilidad y objeto vivido que recorre toda la campaña. Más que buscar el golpe inmediato, Dior parece volver a una noción de iconicidad sobria, donde la simpleza (a veces apenas desplazada o levemente desfasada) se convierte en valor central y permite construir una familia de accesorios reconocible, consistente y con proyección en el tiempo.
Números, contexto y el desafío de crecer
Detrás del giro estético y del nuevo lenguaje creativo, Christian Dior también enfrenta un escenario económico más exigente. En el primer trimestre de 2025, la compañía reportó ingresos por 20.300 millones de euros, lo que representó una caída interanual del 2%, un dato que se reflejó en una baja cercana al 7% en el valor de sus acciones tras la presentación de estos resultados. El desempeño fue dispar a nivel global, con mercados que mostraron signos de desaceleración y otros que aportaron mayor dinamismo a partir del turismo internacional.
En ese contexto, la apuesta por una nueva etapa creativa adquiere una lectura estratégica más amplia. La llegada de Jonathan Anderson, la unificación de las líneas femenina y masculina y el foco renovado en categorías clave como bolsos y accesorios no solo buscan redefinir la identidad de Dior, sino también reactivar el deseo, ampliar audiencias y sostener el crecimiento en el mediano plazo. Más que acelerar el ritmo o perseguir impactos inmediatos, la casa parece optar por una construcción más sólida y reconocible, donde la creatividad vuelve a ser una herramienta central para reforzar posicionamiento y negocio.
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