A solo horas de la destitución de Xabi Alonso, siguen surgiendo dudas en torno a la decisión tomada por Florentino Pérez. El movimiento, abrupto y sin una transición clara, dejó una sensación incómoda incluso entre sectores del madridismo acostumbrados a la lógica de la exigencia permanente. No tanto por el resultado en sí, sino por el momento elegido y la forma en que se ejecutó el corte.
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¿Se apuró? El dato de Hansi Flick y Xabi Alonso que deja mal parado a Florentino Pérez
A solo horas de la destitución de Xabi Alonso, siguen surgiendo dudas sobre la decisión tomada por Florentino Pérez.
La salida del entrenador tolosarra del Real Madrid, anunciada ayer en la tarde-noche madrileña, fue leída por muchos hinchas como una reacción inmediata al golpe de la Supercopa, más cercana al impacto emocional que a una evaluación real e integral del proceso. El ruido no tardó en aparecer: no hay un reemplazo definido (más allá de la asunción transitoria de Álvaro Arbeloa), el mercado de entrenadores está prácticamente cerrado y el interinato volvió a ser la única respuesta posible en un club que suele jactarse de planificar cada paso con antelación.
En ese contexto, mientras el debate público se concentró en las derrotas recientes, las tensiones internas y las dificultades del proyecto para consolidarse en el juego, empezaron a emerger elementos que no habían formado parte del análisis inicial. Datos que invitan a ampliar el recorte temporal, a comparar procesos y, sobre todo, a revisar si la decisión respondió realmente a los números… o a una lectura más apresurada de las sensaciones.
El dato que le da un twist a la lectura del caso
Es que fue un dato revelador, difundido por el reconocido analista español MisterChip, el que terminó de encender un debate que ya había empezado a instalarse en medios como Marca, Sport, AS, y muchos otros. La comparación entre el arranque de Alonso en el Real Madrid y el de Hansi Flick en el FC Barcelona dejó un interrogante incómodo sobre la destitución del técnico español, más allá del “mutuo acuerdo” comunicado oficialmente por el club blanco.
Según detalló Chip, Alonso fue despedido tras 34 partidos oficiales, con un balance de 24 victorias, 4 empates y 6 derrotas. Las cifras, analizadas por sí solas, resultan competitivas dentro de cualquier parámetro de élite. Pero lo verdaderamente impactante aparece al mirar el espejo del clásico: Hansi Flick registró exactamente los mismos números en sus primeros 34 partidos al frente del Barcelona. Mismas victorias, mismos empates y mismas derrotas.
La diferencia no estuvo en los resultados, sino en el contexto y en el respaldo institucional. Tal como recordó el propio MisterChip, Flick también atravesó un inicio complejo, con una racha negativa concentrada en lo que él mismo denominó su “noviembre negro”. Aun así, nunca se habló seriamente de una posible destitución. El club sostuvo el proyecto, acompañó al entrenador y, con el tiempo, llegaron los títulos, los resultados y la consolidación del ciclo.
Con números idénticos en el mismo tramo inicial de gestión, uno fue respaldado y el otro despedido. Y en ese desbalance es donde la decisión de Florentino Pérez queda expuesta, no tanto por los datos, sino por la prisa con la que eligió cerrar un ciclo que, al menos desde lo estadístico, resistía una comparación que hoy resulta incómoda.
En el Bernabéu, a veces, ni siquiera ganar como los grandes alcanza
A ese contexto se suman otros datos que vuelven todavía más incómoda la decisión. Xabi Alonso cerró su etapa en el Real Madrid con un 71,4% de efectividad, una cifra que no solo resulta alta para los estándares del club, sino que supera a varios ciclos históricos. Es mayor que el promedio alcanzado por Zinedine Zidane en sus dos etapas como entrenador (69,8% y 60,5%), está por encima del registro de Carlo Ancelotti (68,8%) y queda apenas 0,5 puntos porcentuales por debajo del mejor tramo de José Mourinho en la era galáctica (71,9%).
Los datos no buscan absolver a Alonso de errores ni negar las tensiones internas del ciclo, pero sí vuelven a darle importancia a la velocidad de la decisión. Con números que resisten la comparación histórica y un arranque idéntico al de Flick en el Barcelona, la pregunta vuelve a resonar con más fuerza: ¿el Real Madrid cortó un proceso antes de tiempo?
Las señales que empujaron la salida
Horas después del anuncio, Emilio Butragueño salió a respaldar la versión oficial del club. “Xabi se va de mutuo acuerdo”, afirmó el director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, en línea con el comunicado difundido por la entidad. Un mensaje prolijo, institucional y esperable, aunque recibido con escepticismo por buena parte del entorno madridista, poco proclive a creer sin matices este tipo de cierres “consensuados”.
Más allá del discurso oficial, la destitución del técnico español se explica también por una serie de tensiones internas que fueron erosionando su margen de maniobra. La relación con Vinícius Júnior fue uno de los focos más sensibles del ciclo: gestos de frustración reiterados, escenas de enojo visibles en el campo y una imagen que circuló con fuerza en las últimas semanas, cuando en plena transmisión televisiva se leyeron en sus labios frases que fueron interpretadas como un deseo de no seguir en el equipo. Sin confirmación oficial, pero amplificadas por el contexto, esas imágenes reforzaron la sensación de un vínculo desgastado y difícil de reconducir, incluso cuando el brasileño siguió siendo determinante desde lo futbolístico.
Otro caso fue el de Rodrygo, cuyo ida y vuelta con el entrenador marcó buena parte de la temporada. Pasó largos tramos fuera del once inicial (lugar ocupado en gran parte por Franco Mastantuono) y, paradójicamente, cuando volvió a ser utilizado respondió con rendimiento. Esa intermitencia reforzó la percepción de un manejo poco claro de las jerarquías ofensivas en un plantel cargado de talento.
La situación de Federico Valverde también expuso grietas. El uruguayo manifestó públicamente su incomodidad por jugar como lateral o carrilero, mientras que Alonso negó haber recibido ese planteo de manera directa. El cruce dejó en evidencia un problema de comunicación interna que se volvió recurrente en el tramo final del ciclo.
La imagen que terminó de sintetizar el clima fue la de Kylian Mbappé en la final ante el Barcelona. Mientras Alonso intentaba reunir al plantel para realizar el pasillo protocolar al campeón, el delantero francés se mantuvo al margen, en una escena que fue leída puertas adentro como una señal de desconexión y falta de control simbólico del grupo en el momento más expuesto.
Ninguno de estos episodios, por separado, explica una destitución. Pero juntos dibujan un cuadro más amplio: un entrenador con buenos números, pero con un vestuario cada vez más complejo de gestionar. Y en el Real Madrid, cuando la autoridad se resquebraja, el tiempo suele jugar en contra, incluso de los proyectos que todavía resisten en las estadísticas.
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