El dólar blue perfora el umbral de los $1.500 y se negocia en torno a los $1.495, con una baja cercana al 0,7% en la rueda, en una jornada que todavía no terminó y que, hasta el momento, transcurre sin señales de tensión ni reacciones defensivas por parte del mercado. El dato resulta llamativo no tanto por el nivel, sino por el clima que lo rodea, marcado por una calma poco habitual para los estándares locales.
PÉRDIDA DE INTERÉS
El dólar blue vuelva a ubicarse por debajo de los $1.500
El dólar blue baja de $1.500 y se negocia en torno a $1.495, mientras el resto de los tipos de cambio muestra movimientos acotados y sin tensión
Durante años, el dólar informal funcionó como termómetro inmediato de incertidumbre y refugio casi automático ante cualquier ruido macroeconómico. Sin embargo, el comportamiento intradiario vuelve a mostrar un cambio de tendencia.
El blue dejó de ordenar expectativas y perdió centralidad en la conversación financiera, incluso cuando atraviesa niveles que históricamente actuaban como referencias psicológicas clave.
Un movimiento que no altera el pulso de la City
La baja del dólar blue por debajo de los $1.500, al menos hasta este tramo de la jornada, no activó coberturas ni disparó una mayor demanda por billete. El mercado parece convalidar el nivel con naturalidad, mientras la brecha con el dólar oficial permanece contenida y sin señales de desanclaje.
En ese marco, el blue queda relegado a un rol secundario, con bajo volumen relativo y escasa capacidad de arrastre sobre el resto de las cotizaciones.
La tasa sigue desplazando al dólar
El trasfondo del movimiento vuelve a estar en los incentivos. Con un esquema cambiario previsible y tasas de interés que siguen ofreciendo retornos reales positivos, la atención del mercado continúa puesta en el carry trade, los instrumentos en pesos y las alternativas de corto plazo.
La dolarización defensiva, que durante años dominó el comportamiento del ahorrista, aparece desplazada por decisiones más financieras que cambiarias.
Esta lógica se refleja en la menor presión sobre el dólar informal y en la estabilidad relativa del resto de los tipos de cambio.
¿Y el resto de los dólares?
El dólar oficial se vende a $1.452,35, con una baja marginal del 0,1%, lo que confirma que el crawling peg atado a la inflación t-2 continúa operando sin desvíos relevantes y sin presiones visibles desde la demanda. En la misma línea, el dólar mayorista se ubica en $1.430, con un retroceso del 0,3%, consolidando la calma en el segmento donde interviene el Banco Central.
En los dólares financieros, el comportamiento es dispar, pero lejos de cualquier señal de ruptura. El dólar MEP se negocia en $1.468,80, con una baja del 0,2%, manteniéndose contenido y sin ampliar brecha con el oficial, mientras que el contado con liquidación opera en $1.517,72, con una suba del 2,2%, impulsada por operaciones puntuales y flujos específicos más que por una búsqueda generalizada de cobertura.
Por el lado de los dólares alternativos, el dólar cripto se mueve en $1.521,57, con un avance del 0,4%, reflejando ajustes propios del mercado digital y no una señal de tensión cambiaria local. El dólar tarjeta, en tanto, se ubica en $1.891,50, con una baja del 0,3%, en línea con la evolución del tipo de cambio oficial y la carga impositiva vigente.
Finalmente, el dólar futuro muestra estabilidad y se mantiene en $1.441,50, sin variaciones relevantes en la jornada, una señal adicional de que el mercado de expectativas no está anticipando sobresaltos en el corto plazo.
El silencio cambiario como señal a seguir
En la Argentina, el dólar rara vez baja sin generar ruido, porque cada movimiento suele amplificar debates sobre atraso cambiario o sostenibilidad del esquema.
El silencio no garantiza estabilidad permanente ni descarta futuros ajustes, pero tampoco es casual. Responde a una política económica que, por ahora, logró correr al dólar del centro de la escena y a un mercado que prioriza la tasa y el rendimiento financiero por sobre la cobertura cambiaria tradicional.
El dólar blue perfora los $1.500 y no monopoliza la agenda, una postal inusual que, en la economía argentina, siempre merece ser leída con cautela.
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