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Reforma laboral en veremos: El PRO marca límites y enfría su vínculo parlamentario con el LLA

La reforma laboral está en veremos porque el PRO no está dispuesto a levantar la mano en el Congreso sin antes negociar con LLA.

La relación entre La Libertad Avanza y el PRO atraviesa uno de sus momentos más delicados desde el inicio del gobierno de Javier Milei. Aunque el macrismo fue un sostén clave del oficialismo durante los primeros meses de gestión, el cierre del último período legislativo dejó heridas abiertas que hoy condicionan el tratamiento de una de las iniciativas centrales del Ejecutivo: la reforma laboral.

Con una nueva conformación del Congreso y una primera minoría que le da mayor margen de maniobra, el Gobierno busca avanzar con cambios estructurales en el régimen laboral. Sin embargo, aún necesita construir consensos para convertir el proyecto en ley, y el respaldo automático del PRO ya no está garantizado.

El PRO se planta y no le asegura nada a LLA

En el bloque que conduce Cristian Ritondo dejaron en claro que la etapa de acompañamiento sin matices quedó atrás. La postura actual es selectiva: apoyo en los puntos de coincidencia y resistencia allí donde consideren que la iniciativa avanza sin el debido consenso o análisis técnico. “No vamos a levantar la mano por inercia”, sintetizan desde el macrismo.

En el PRO reconocen que el sistema laboral vigente muestra signos de agotamiento. La alta informalidad —que ronda la mitad de los trabajadores— y las dificultades que enfrentan las pymes para generar empleo formal forman parte del diagnóstico compartido con el oficialismo. En ese marco, consideran legítimo discutir una reforma de fondo.

No obstante, advierten que los cambios no pueden impulsarse de manera acelerada. El bloque reclama un debate profundo, artículo por artículo, y anticipa que la posición final dependerá del texto que llegue desde el Senado. “Una reforma de esta magnitud requiere responsabilidad y previsibilidad”, señalan.

Reforma laboral en veremos

Entre los aspectos que miran con buenos ojos, destacan la incorporación de nuevas modalidades laborales vinculadas a plataformas digitales, un eje que el PRO ya había impulsado en proyectos propios. Para el macrismo, regular este universo es clave para formalizar relaciones laborales que hoy funcionan en un vacío normativo, otorgando derechos y reglas claras a ambas partes.

También insisten en que cualquier modificación debe apuntar a un objetivo central: reducir la informalidad, generar condiciones para la contratación genuina y descomprimir el sistema de litigios laborales, al que consideran uno de los factores que desalientan la inversión y el empleo.

Aun así, el acompañamiento no está asegurado. “La modernización laboral es necesaria, pero no a cualquier precio”, repiten en el bloque amarillo, donde subrayan que el diálogo político será determinante para evitar un nuevo choque con el oficialismo.

Una relación dañada que aún busca recomponerse

El trasfondo del distanciamiento es político y viene de arrastre. La tensión escaló a fines de 2025 tras una sesión en Diputados que el PRO consideró un quiebre definitivo: denunciaron un acuerdo entre La Libertad Avanza y el kirchnerismo para repartirse cargos en la Auditoría General de la Nación. A partir de ese episodio, el vínculo ingresó en una etapa de desconfianza abierta.

“Ahí se rompió algo”, reconocen dirigentes del PRO, aunque aclaran que nadie está dispuesto a romper del todo. La estrategia, por ahora, es sostener una identidad propia sin dinamitar los puentes.

En la provincia de Buenos Aires, la lógica es distinta. Allí, el PRO y LLA comparten la convicción de que una competencia separada debilitaría sus chances electorales. Con Diego Santilli como figura central del armado bonaerense, el macrismo apuesta a una alianza que proyecte también el escenario de 2027, donde aspiran a disputar la gobernación.

A nivel nacional, en cambio, el panorama es más incierto. Conviven distintas miradas dentro del PRO: desde quienes promueven recomponer el vínculo con los libertarios hasta quienes prefieren profundizar la autonomía política. “Estamos en una zona gris”, admiten referentes del partido.

Por ahora, la reforma laboral será el primer gran test del año legislativo. Allí se medirá no solo la capacidad del Gobierno para articular mayorías, sino también hasta dónde está dispuesto el PRO a acompañar a un oficialismo con el que ya no se siente plenamente aliado.

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