No todo en un viaje es el destino. En muchos casos, el trayecto y hasta el modo de viajar terminan siendo tan importantes como el lugar al que se llega. Tanto en recorridos largos como en escapadas planificadas, el camino suma experiencia, paisaje y relato. Por eso, confeccionamos una selección de los mejores viajes en tren del mundo, con recorridos que atraviesan los Alpes suizos, el sur de Siberia, Canadá, Europa y el norte de Salta.
PARA HACER EN 2026
Entre los Alpes suizos, el sur siberiano y el norte de Salta: cinco grandes viajes en tren
La fría Siberia, los blancos Alpes suizos, Canadá, la Europa clásica y la altura del norte de Salta se recorren en estos viajes en tren para 2026.
Y es que las experiencias pesan cada vez más que el punto final del mapa. Una tendencia que en Urgente24 venimos registrando en el mundo del turismo a lo largo de 2025 y comienzos de 2026, impulsada por viajeros que priorizan vivencias memorables por sobre la lógica tradicional del traslado. Organismos internacionales y plataformas especializadas coinciden en este cambio de hábito, que atraviesa tanto a las generaciones más jóvenes como a públicos adultos y consolidados.
En ese contexto, un viaje en tren aparece como una experiencia difícil de igualar. La posibilidad de recorrer múltiples paisajes en una sola travesía no solo resulta más eficiente desde lo logístico, sino también más impactante desde lo sensorial. Montañas, estepas, glaciares y pueblos remotos se suceden detrás de la ventanilla, convirtiendo el trayecto en una parte esencial del viaje.
El Transiberiano, un recorrido legendario a través de Siberia y Asia
El primero de los recomendados de esta lista es el Transiberiano, el viaje en tren más icónico del mundo y una de las rutas ferroviarias más extensas que existen. Con un trazado que supera los 9.000 kilómetros, esta travesía une Europa y Asia a través del sur de Siberia, Mongolia y China, atravesando algunos de los territorios más remotos y extremos del planeta, una ruta que incluso en 1973 fue recorrida por el gran David Bowie en su regreso a Europa tras la gira Ziggy Stardust. Más que un traslado, se trata de una experiencia en sí misma, donde el paso de los días y el paisaje cambiante detrás de la ventanilla marcan el ritmo del viaje.
En sus versiones más exclusivas, el Transiberiano se realiza a bordo de trenes privados de lujo, como el Grand Express Transiberiano, especialmente acondicionados para vivir el trayecto como un verdadero crucero sobre rieles. Las cabinas funcionan como una casa rodante durante gran parte del recorrido, lo que evita el armado y desarmado constante de equipaje. Vagones rediseñados con maderas nobles, coche restaurante, bar y espacios comunes refuerzan una experiencia pensada para el confort incluso en las regiones más aisladas.
El itinerario completo suele tener una duración aproximada de 15 a 16 días. A lo largo del trayecto se combinan noches a bordo del tren con estadías en hoteles de nivel internacional en ciudades clave como Ekaterimburgo, Irkutsk (cerca del lago Baikal) y Ulaanbaatar, la capital de Mongolia. Estas paradas permiten ampliar la experiencia con excursiones guiadas y actividades culturales en Siberia, la estepa mongola y zonas como el desierto del Gobi, antes de finalizar el viaje en Pekín o, en sentido inverso, en Moscú.
Se trata de un viaje de lujo, con plazas limitadas y un esquema de servicios prácticamente all inclusive. Los precios parten desde 5.280 euros por persona, según la categoría de cabina elegida. A ese monto hay que sumar vuelos internacionales y los costos de visados, que representan un gasto adicional relevante: el visado de Rusia ronda los 95 euros, el de China otros 95 euros (evitable en algunos casos por el régimen de tránsito de 72 horas) y el de Mongolia se gestiona en frontera por unos 140 euros, lo que eleva el costo total en varios cientos de euros más. Aun así, el Transiberiano sigue siendo considerado por muchos viajeros como el viaje de tren de su vida, una experiencia difícil de comparar con cualquier otra.
El Glacier Express, el expreso más lento del mundo a través de los Alpes suizos
El segundo de los recomendados de esta lista es el Glacier Express, conocido como el expreso más lento del mundo, una denominación que lejos de ser un defecto define su esencia. En poco más de ocho horas de viaje, este tren panorámico atraviesa el corazón de los Alpes suizos recorriendo 291 kilómetros, cruzando 291 puentes y atravesando 91 túneles, en un despliegue de ingeniería ferroviaria que convierte cada tramo en una postal.
El recorrido une St. Moritz y Zermatt, dos de los destinos más elegantes de Suiza, atravesando regiones como la Engadina y la garganta del Rin. Sus vagones con ventanas panorámicas hasta el techo permiten una vista completamente despejada del paisaje alpino, con glaciares, valles profundos y picos que superan los 4.000 metros de altura. El tren no busca velocidad, sino tiempo: tiempo para mirar, para comer, para dejar que el paisaje marque el ritmo del viaje.
Para quienes buscan una experiencia superior, el Glacier Express ofrece la Excellence Class, su propuesta premium. En esta categoría, el viaje se transforma en una experiencia gastronómica y de servicio de alto nivel, con atención personalizada de un conserje, champán de bienvenida, aperitivos y un menú de cinco pasos maridado con vinos, servido durante todo el trayecto. El interior de los vagones está inspirado en los históricos hoteles de montaña suizos, y un sistema de infoentretenimiento en varios idiomas acompaña el recorrido con datos y relatos sobre los puntos más emblemáticos de la ruta.
El trayecto completo dura aproximadamente 8 horas, y puede realizarse en ambos sentidos, según la planificación del viaje. A lo largo del recorrido se abren múltiples posibilidades de extensión y excursiones, como el Gornergrat, con vistas privilegiadas al Cervino y a más de 28 picos de cuatro mil metros, el Matterhorn Glacier Paradise o la garganta del Rin, conocida como el “Gran Cañón suizo”.
En cuanto a costos, el Glacier Express ofrece una opción relativamente accesible dentro del universo de los trenes panorámicos europeos. El valor del viaje estándar ronda los 231 euros por persona, un monto que incluye el trayecto completo entre Zermatt y St. Moritz junto con el suplemento obligatorio de reserva de asiento. La propuesta Excellence Class, en cambio, eleva considerablemente el presupuesto y puede alcanzar valores cercanos a los 1.000 euros, posicionándose como una de las experiencias ferroviarias más exclusivas de Europa. Aun así, el Glacier Express se consolida como uno de los viajes en tren más espectaculares del mundo, ideal para recorrer los Alpes suizos sin apuro y con todos los sentidos puestos en el paisaje.
El Rocky Mountaineer, lujo panorámico a través de las Montañas Rocosas de Canadá
El siguiente recomendado de la lista es el Rocky Mountaineer, uno de los trenes turísticos más prestigiosos del mundo y una de las mejores formas de recorrer las Montañas Rocosas de Canadá. A diferencia de los grandes trayectos nocturnos, este tren fue concebido para viajar exclusivamente de día, reduciendo la velocidad en los tramos más espectaculares para que el paisaje sea el verdadero protagonista del viaje.
El Rocky Mountaineer ofrece distintas rutas, todas atravesando algunos de los paisajes más impactantes del oeste canadiense. Entre las más populares se encuentra el recorrido entre Vancouver y Banff o Lake Louise, que cruza túneles históricos, desfiladeros y el paso de la divisoria continental, así como la ruta entre Vancouver y Jasper, que sigue el curso del río Fraser, atraviesa cañones profundos como Hell’s Gate y se adentra en territorios a los que solo se accede por tren. También existe una opción más extensa, de tres días, que suma paradas en destinos como Whistler y Quesnel antes de llegar a Jasper, combinando costa, bosques, ríos y alta montaña.
La experiencia a bordo es parte central del viaje. Los pasajeros pueden optar entre las categorías SilverLeaf y GoldLeaf, ambas con ventanas panorámicas, servicio atento y gastronomía inspirada en productos locales. Los trayectos incluyen desayunos y almuerzos gourmet preparados a bordo, bebidas incluidas y relatos de guías especializados que contextualizan la historia y la geografía de cada región atravesada. A diferencia de otros trenes de larga distancia, las noches se pasan en hoteles cuidadosamente seleccionados, generalmente en Kamloops, Whistler o Quesnel, lo que permite descansar con comodidad antes de retomar el recorrido al día siguiente.
En términos de costos, se trata de una experiencia de lujo bien definida. El precio del Rocky Mountaineer ronda los 2.700 dólares estadounidenses por persona, según la ruta y la temporada, y puede variar levemente en fechas de alta demanda, aunque rara vez supera ese umbral. El valor incluye el viaje ferroviario diurno, comidas a bordo, alojamiento intermedio y traslados asociados. Por su combinación de confort, paisajes y organización, el Rocky Mountaineer es considerado por muchos viajeros como el gran viaje en tren de Canadá y una de las experiencias ferroviarias más memorables del continente americano.
El Orient Express, el mito ferroviario que define el lujo europeo
El cuarto recomendado de la lista es el Orient Express, el tren más legendario de Europa y sinónimo absoluto de lujo ferroviario desde finales del siglo XIX. Inaugurado en 1883, el recorrido original unía París con Constantinopla en menos de 76 horas, una hazaña técnica y cultural que redefinió la forma de viajar por el continente. Desde entonces, su nombre quedó asociado a una idea de viaje elegante, pausado y sofisticado, marcada por la llamada Edad de Oro del ferrocarril.
Hoy, el espíritu del Orient Express continúa a través de proyectos propios que buscan reinterpretar ese legado histórico sin perder su identidad original. La marca trabaja sobre la restauración y puesta en valor de vagones históricos de las décadas de 1920 y 1930, recuperando la estética Art Déco, los materiales nobles y el concepto de viaje como experiencia total, donde el confort, la gastronomía y el diseño vuelven a ocupar un lugar central.
Además de sus trayectos regulares, el Orient Express mantiene viva su ruta más emblemática con viajes especiales entre París y Estambul, atravesando ciudades como Budapest y Bucarest. Estos recorridos, mucho menos frecuentes, refuerzan el carácter mítico del tren y su vínculo con la historia cultural europea, inmortalizada tanto por la literatura como por el cine. En paralelo, la marca prepara una nueva etapa del proyecto con la restauración de 17 vagones originales, con el objetivo de relanzar, a partir de 2027, una versión aún más fiel al espíritu original del tren.
A este universo se suma La Dolce Vita Orient Express, una propuesta distinta pero complementaria, centrada en Italia. Inspirado en el diseño italiano de los años sesenta y en la tradición gastronómica del país, este tren recorre distintos itinerarios regionales y también ofrece un ambicioso trayecto entre Roma y Estambul, combinando estética contemporánea y herencia histórica bajo el mismo nombre icónico.
En cuanto a costos, el Orient Express se ubica entre las experiencias ferroviarias más exclusivas del mundo. Los precios para trayectos clásicos como París–Venecia comienzan por encima de los 4.500 dólares por persona, mientras que las suites más lujosas y los viajes largos, como la ruta hasta Estambul, pueden superar ampliamente los 50.000 dólares, según categoría y duración. Más que un simple traslado, el Orient Express representa una forma de viajar que privilegia la atmósfera, la historia y el tiempo, consolidándose como uno de los grandes mitos vivos del turismo ferroviario internacional.
El Tren a las Nubes, una experiencia extrema en el norte argentino
El último recomendado de la lista es el Tren a las Nubes, uno de los viajes ferroviarios más emblemáticos de América del Sur y una de las experiencias turísticas más singulares de la Argentina. El recorrido parte desde la ciudad de Salta y se interna en la puna hasta alcanzar el Viaducto La Polvorilla, a más de 4.200 metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en uno de los trenes más altos del mundo.
Más allá de su atractivo turístico actual, el Tren a las Nubes es una obra de ingeniería clave del siglo XX. El proyecto fue diseñado en la década de 1920 por el ingeniero estadounidense Richard Maury con el objetivo de unir el norte argentino con Chile a través de la cordillera. Para superar el desnivel extremo sin utilizar cremallera, se ideó un sistema de rulos, zigzags, túneles y viaductos que permitió ganar altura de forma progresiva, en un trazado tan complejo como innovador para su época.
El nombre del tren no es casual. A medida que el convoy asciende por la puna salteña, el paisaje se vuelve cada vez más árido y la altura provoca un efecto visual inconfundible: las nubes quedan por debajo del nivel del tren. Esa postal, junto con la inmensidad del altiplano y la sensación de aislamiento absoluto, convirtió al recorrido en un símbolo del turismo argentino y en una experiencia difícil de replicar en cualquier otra parte del mundo.
En su formato actual, el viaje se realiza como una experiencia turística integral. El recorrido combina tramos ferroviarios con traslados por ruta, una modalidad que permite una mejor aclimatación a la altura y suma paradas culturales en pueblos del interior salteño. A lo largo del trayecto, el paisaje de desiertos de altura, quebradas y montañas se complementa con la presencia de comunidades originarias, estaciones históricas y propuestas gastronómicas regionales, aportando una dimensión cultural que va más allá del simple recorrido escénico.
La experiencia tiene una duración aproximada de un día completo, con salida temprano por la mañana y regreso por la noche. Los precios parten desde valores cercanos a los 150 dólares por persona, según la temporada y el tipo de servicio contratado, lo que lo posiciona como una de las opciones más accesibles del ranking. Sin embargo, su impacto visual, su valor histórico y su carácter extremo lo ubican al mismo nivel simbólico que algunos de los grandes viajes ferroviarios del mundo.
En el cierre del recorrido, el Tren a las Nubes no solo ofrece una de las postales más impresionantes del norte argentino, sino también una forma distinta de entender el viaje: lenta, exigente y profundamente ligada al territorio. En una lista dominada por trenes de lujo y paisajes internacionales, esta travesía en altura confirma que la Argentina también tiene su propio viaje ferroviario legendario.
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