Nike volvió a marcar tendencia con una estrategia de marketing tan simple como efectiva: convertir el ingreso de Naomi Osaka al Australian Open en un momento cultural global. El look de la japonesa se llevó todas las miradas y transformó, por unos minutos, al primer Grand Slam del año en una pasarela internacional.
INSPIRADO EN UNA MEDUSA
Nike lo vuelve a hacer: Naomi Osaka convirtió el Australian Open en una pasarela
Diseñado junto a Robert Wun y respaldado por Nike, el outfit de Naomi Osaka convirtió su debut en el Australian Open en una pasarela global.
El impacto explotó en redes sociales, especialmente en X. Junto a la marca con base en Portland y el diseñador Robert Wun, la actual número 17 del ranking WTA rompió los esquemas tradicionales del tenis y llevó la conversación más allá de los sets ganados. Moda, identidad y espectáculo se mezclaron en una puesta en escena que volvió a demostrar que hoy el deporte también se gana fuera de la cancha.
Detrás del impacto visual hay una decisión clara de posicionamiento. En un año en el que Adidas gana terreno global como sponsor oficial del FIFA World Cup 2026, Nike apuesta por otro camino: activaciones puntuales, inesperadas y altamente compartibles. Ya no se trata de campañas largas ni mensajes repetidos, sino de irrumpir en la conversación con momentos culturales que se instalan solos. El caso Osaka confirma esa lógica: una aparición, un relato fuerte y una escena imposible de ignorar. Hoy, el marketing deportivo no busca convencer; busca llamar la atención. Y Nike volvió a demostrar que sabe exactamente cómo hacerlo.
Un look, mil palabras
Tras haber capitalizado el impacto de Nicolás Maduro vistiendo un Nike Tech Fleece (un hit de ventas que se viralizó incluso fuera del deporte), la marca fundada por Phil Knight volvió a dar en el blanco con una estrategia que convierte el tunnel walk en pasarela. Lo que solemos ver como los “tunnel fits” en la NBA (los looks de los jugadores camino al vestuario) fue redoblado y trasladado al tenis en pleno Australian Open.
El look de Naomi Osaka se basó en la fluidez y forma de una medusa, una imagen que la inspiró mientras le leía un cuento a su hija y que luego compartió con su equipo creativo. Nike incorporó esa idea al outfit de cancha con una paleta tie-dye en turquesa y verde que recuerda aguas profundas, tiras fluidas que evocan tentáculos y texturas que parecen moverse por sí mismas.
La colaboración con el diseñador Robert Wun elevó el concepto a otro nivel: un sombrero de ala ancha con velo, una minifalda plisada sobre pantalones anchos y accesorios que mezclan espectacularidad con funcionalidad. El conjunto, aunque teatral en su entrada, se integró con la equipación de juego de Nike (desde la sudadera con cierre hasta las zapatillas personalizadas en tonos combinados) mostrando cómo la innovación visual y el rendimiento atlético pueden coexistir en una misma narración.
La estrategia Nike: impacto inmediato en la era del scroll
En un ecosistema digital dominado por el compartir, los recortes de video y la lógica de TikTok, las grandes marcas ya no apuestan únicamente a campañas largas y repetitivas. Funcionan mejor las creaciones efímeras, pensadas para generar impacto de golpe, ocupar la conversación durante horas o días y desaparecer antes de volverse previsibles. El look de Naomi Osaka en el Australian Open responde exactamente a esa lógica: una imagen potente, fácil de viralizar y difícil de ignorar.
Para Nike, este tipo de activaciones cumple un doble objetivo. Por un lado, refuerza su identidad como marca cultural, capaz de moverse entre deporte, moda y espectáculo sin pedir permiso. Por otro, le permite competir en atención en un año clave, donde el foco del deporte global empieza a correrse hacia el Mundial 2026 y donde Adidas gana visibilidad institucional. Nike responde con lo que mejor sabe hacer: crear momentos, no solo productos.
El beneficio también es claro para Osaka. Más allá de no atravesar su pico deportivo (hoy lejos del número uno que supo ser), la tenista revaloriza su imagen pública desde un lugar propio. No se impone solo por resultados, sino por autoría, personalidad y narrativa. En una era donde la carrera de un atleta se construye tanto dentro como fuera de la cancha, este tipo de apariciones consolida su lugar como figura global, incluso cuando el ranking no acompaña.
El mensaje final es contundente: hoy, en el marketing deportivo, una entrada puede valer tanto como un partido. Y Nike, otra vez, entendió cómo leer el momento.
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