Durante años la serie Black Mirror parecía mostrarnos un futuro distópico, pero hay un episodio que refleja nuestra realidad: la inteligencia artificial ya invade nuestro duelo, en la memoria y en los vínculos. Lo inquietante es que esa idea que parecía extrema ya no está en Netflix: está en startups reales, y eso da más miedo todavía.
YA NO ES FUTURO, ES PRESENTE
La inteligencia artificial volvió real el episodio más aterrador de 'Black Mirror'
'Black Mirror' lo había visto venir y no hicimos caso: la inteligencia artificial se metió donde no había que dejarla, y ahora ese futuro lejano parece cercano.
El dolor como mercado: la inteligencia artificial se mete en el duelo
"Vuelvo enseguida" ( "Be Right Back"), el primer episodio de la segunda temporada de Black Mirror fue siempre incómodo por una razón muy simple: no hablaba de tecnología, hablaba de personas rotas.
Martha (Hayley Atwell) pierde a su pareja Ash (Domhnall Gleeson) en un accidente y, empujada por el dolor, empieza a interactuar con una inteligencia artificial creada a partir de la huella digital del muerto. Mensajes, mails, redes sociales, todo reciclado en una presencia artificial que responde, acompaña y simula estar ahí.
En su momento parecía un recurso extremo, casi cruel. Pero hoy, existen servicios reales como HereAfter AI, You, Only Virtual o 2wai que permiten hacer justamente eso: recrear voces, formas de hablar, recuerdos y hasta avatares digitales de personas fallecidas. No, señor, no es un experimento ni una rareza: es una industria en pleno crecimiento, que se promociona y se vende como "consuelo".
Pero el problema no es ni técnico ni futurista, es humano. Cuando el duelo se delega en una IA, no se procesa la pérdida, se la congela, se la mantiene en bucle, se la disfraza de presencia.
Lo más increíble es que Black Mirror nunca planteó esto como un ataque directo a la tecnología, y justamente por eso ese capítulo es un acierto: porque muestra cómo el dolor abre la puerta a soluciones que, lejos de sanar, terminan volviéndose adictivas.
La distopía ya no está en 'Black Mirror', está con nosotros
Todavía no existen androides difíciles de distinguir de las personas, como en el tramo final del episodio. Pero lo esencial ya está entre nosotros: la identidad convertida en producto. Cuando una empresa ofrece "preservar" a alguien para el futuro, la pregunta no es si la tecnología funciona, sino a quién beneficia y qué costo emocional tiene.
Black Mirror mostró antes que nadie los riesgos de externalizar la memoria, el afecto y hasta la muerte, y eso hoy se cruza con un contexto donde la inteligencia artificial avanza más rápido que cualquier discusión seria, ya sea ética, legal o cultural. No hay regulación clara, no hay consenso social, pero sí hay un entusiasmo empresarial.
Un eventual regreso a tal episodio en una nueva temporada no necesitaría tanta imaginación: bastaría con mostrar cómo estas réplicas se normalizan, se escalan y se integran a nuestro sistema económico, ya sea como compañía paga, como atención emocional tercerizada o incluso como fuerza de trabajo digital (algo que dialoga directamente con otras ficciones recientes como Severance)
El verdadero miedo no es que la IA nos imite a nosotros, sino que nosotros aceptemos esa imitación como suficiente, que naturalicemos hablar con muertos digitalizados y llamemos progreso a no soltar nunca. Black Mirror entendió antes el futuro, no lo predijo, y hoy el espejo negro de Black Mirror refleja con bastante incomodidad lo que ya estamos viviendo.
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