Las vacaciones llegaron y con ellas la promesa de desconexión, arena entre los dedos y ese momento sagrado en el que finalmente podés relajarte después de meses de trabajo intenso. Sin embargo, mientras vos disfrutás del sonido de las olas y la brisa del mar, hay quienes aprovechan precisamente esa tranquilidad para ejecutar una estafa tan sutil que ni siquiera te das cuenta hasta que es demasiado tarde. Los ciberdelincuentes encontraron en los balnearios y puestos de comida el escenario perfecto para su nuevo golpe maestro.
La mecánica sin lugar a dudas resulta escalofriante: pegando un simple código QR falso sobre el legítimo del comercio, estos delincuentes logran interceptar tus pagos sin que nadie lo note. Escaneás el código creyendo que estás abonando tu almuerzo o el alquiler de la sombrilla, confirmás la transferencia con total naturalidad, y recién cuando el vendedor te informa que "el pago no ingresó", comenzás a sospechar que algo salió mal. Para ese momento, tu dinero ya viajó directo a la billetera virtual del estafador y recuperarlo se convierte en una odisea casi imposible.
El Consejo Profesional de Ciencias Informáticas de la Provincia de Buenos Aires (CPCIBA) viene registrando un incremento alarmante de estos casos durante la temporada. Los especialistas señalan que el contexto vacacional funciona como el escenario ideal: estás relajado, distraído, rodeado de ruido ambiental y probablemente apurado por volver a tu reposera, lo que hace que por más que quieras no te des cuenta.
Pequeñas alertas que pueden frenar este tipo de estafas
Entonces, ¿cómo protegerte sin volverte paranoico? Existen señales de alerta concretas que podés identificar antes de confirmar cualquier pago digital. La primera y más reveladora: verificá siempre el nombre del destinatario. Si estás pagando en "Parador South Beach" pero en tu pantalla aparece el nombre de un particular desconocido, frená en seco. Ningún comercio formal debería recibir pagos a nombre de personas físicas sin identificación clara.
Otro indicador fundamental radica en observar el soporte físico del código. Aquellos QR impresos en papeles desgastados, pegados con cinta adhesiva sobre la superficie o visiblemente superpuestos a otro código deben encender todas tus alarmas. La recomendación de los expertos es directa: solicita al vendedor que genere el código de pago directamente desde su celular o terminal en ese momento. Los comercios legítimos no tienen problema en hacerlo.
Prestá especial atención también a la clásica excusa de "la caída del sistema". Si tras realizar el pago el vendedor te informa que no llegó y te solicita que vuelvas a transferir, no actúes por impulso. Ingresá inmediatamente a tu historial de movimientos bancarios antes de efectuar una segunda transferencia. Los pagos duplicados mediante esta táctica de presión se transformaron en una variante frecuente de fraude.
No obstante, más allá de estas precauciones básicas, incorporá hábitos adicionales de seguridad: nunca compartas códigos de verificación que te lleguen por mensaje durante el proceso de pago, utilizá aplicaciones oficiales en lugar de navegadores web para operaciones sensibles, y configurá límites diarios de transferencia en tus cuentas. Guardar siempre comprobantes digitales con capturas de pantalla que incluyan fecha, hora y destinatario, también puede resultar fundamental.
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