Sin duda, hay mucho que ignoramos acerca de la longevidad. Vivir hasta los 100 años suele asociarse con dietas estrictas, ejercicio extenuante y una disciplina férrea; nunca con los excesos. Sin embargo, la ciencia está descubriendo una realidad distinta: existen personas que alcanzan el siglo de vida fumando, bebiendo alcohol o consumiendo helado a diario.
PARADOJA
Longevidad a pesar de los excesos ¿Natura o nurtura?
Estudios revelan que la genética influye hasta en un 50% en la longevidad protegiendo a unos pocos afortunados con hábitos nocivos
Esta "paradoja del superviviente" tiene una explicación que reside profundamente en nuestro código biológico, publicó Bloomberg.
El nuevo peso de la herencia genética
Un estudio reciente publicado en la revista Science y liderado por el Instituto de Ciencias Weizmann de Israel ha sacudido las creencias previas sobre el envejecimiento. Según la investigación, la longevidad extrema es aproximadamente un 50% genética y un 50% ambiental, una cifra sustancialmente mayor al 7% o 20% que sugerían estudios anteriores.
Esta discrepancia se debe a que los nuevos modelos matemáticos filtran muertes accidentales o por enfermedades infecciosas, centrándose exclusivamente en el proceso biológico del envejecimiento. Como explica el geriatra Thomas Perls, del Centro Médico de la Universidad de Boston, el equilibrio cambia con el tiempo: llegar a los 80 años depende en un 75% de los hábitos, pero alcanzar los 100 años es hereditario en un 62%, llegando al 80% para quienes superan los 110 años.
El "escudo" biológico contra los malos hábitos: Genética
¿Cómo es posible que un fumador alcance los 100 años? La respuesta no es la ausencia de genes de enfermedades, sino la presencia de genes protectores. Según Nir Barzilai, director del Instituto de Investigación del Envejecimiento de la Facultad de Medicina Albert Einstein, estos centenarios poseen variantes genéticas que ralentizan el envejecimiento y suprimen hormonas que promueven el crecimiento descontrolado.
En un estudio de 2011, Barzilai descubrió que casi el 50% de los centenarios analizados tenían sobrepeso o fumaban, y menos de la mitad hacía ejercicio. Su ventaja no era "cuidarse", sino poseer una biología que los protegía del cáncer, el Alzheimer y las cardiopatías, del mismo modo que la juventud protege a los organismos más jóvenes.
Hacia una longevidad "replicable"
La buena noticia para el resto de la población es que no es necesario nacer con estos genes para beneficiarse de ellos. Los investigadores están trabajando en fármacos que repliquen estos efectos protectores. Medicamentos ya existentes, como la metformina o los inhibidores de GLP-1, están bajo la lupa por su potencial para imitar la supresión hormonal de los centenarios.
A pesar de estos avances, los científicos advierten que la genética no es una "carta blanca" para el descuido. Para la gran mayoría, la combinación de alimentos frescos, sueño adecuado y control del estrés sigue siendo la ruta más segura hacia una vejez saludable. El objetivo final es ambicioso: alcanzar los 120 años manteniendo la calidad de vida, un hito que la famosa centenaria Jeanne Calment rozó, demostrando que la biología y el placer no siempre tienen que estar reñidos.
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