A muy poco de haberse estrenado, el chiche nuevo de Javier Milei contra lo que le parecen ‘fake news’ ya demostró ser tan falible como su breve y fracasado antecesor, el canal de YouTube de Manuel Adorni. Es que la Oficina de Respuesta Oficial, tal el nombre de fantasía de lo que es apenas una cuenta en X manejada por uno de los insultadores asalariados de Las Fuerzas del Cielo (team Santiago Caputo), abundó en imprecisiones y acusaciones que merecerían la creación de otro ‘Ministerio de la Verdad’ para corregir al original. Por suerte, Orwell está tan muerto como Maquiavelo y no tiene que sufrir esta parodia de dudosa calidad de su obra.
ÁCIDO ARGENTINO
You had one job, Javo...
Poner en crisis la credibilidad del INDEC era tal vez el único pecado que Milei no se podía permitir.
Es que tal vez la principal negligencia de Juan Pablo Carreira, nuestro Gran Hermano de Outlet, sea detenerse en pasarle el falsómetro semántico a un tuit de la legisladora troska Vanina Biasi mientras autoriza que se fuguen tortugas de tamaño galapaguense. Y si la Oficina de Respuesta Oficial está para, como dijo el Presidente, "desenmascarar mentiras y operaciones de los medios", en estos días no hubo una ‘opereta’ más notable que el intento de pasar el escándalo del INDEC, con la renuncia de Marco Lavagna incluida, como una picardía de Sergio Massa -exjefe político del hijo de Roberto-, cuando lleva el inconfundible sello de la torpeza libertaria.
Claro que esa versión tuvo como diseminadores a comunicadores insospechados de operar por la Casa Rosada. “Siga, siga”, dictó ‘Juan Doe’, el alterego de Carreira en X, sin pedir VAR ni Televin, ni siquiera cuando ‘Toto’ Caputo dijo que Lavagna se fue del Gobierno de forma “amigable”, con lo que desmontó cualquier cotillón conspirativo.
Lavagna -que, como el eco de las canciones de Lito Nebbia, permanecía desde el gobierno de Alberto Fernández-, renunció a la conducción del instituto estadístico ante la presión de Milei para suspender la nueva metodología de medición de precios. Es que el nuevo IPC, que tenía que debutar este 10 de febrero, parece que desentonaba con la desinflación, el gran éxito de la gestión libertaria que, sin embargo, por los últimos 7 meses de precios al alza parece un greatest hit de otro tiempo, como un clásico de Aspen.
La inconveniencia del nuevo índice fue admitida por el propio ‘Toto’, enfundado en una camisa que no tuvo más remedio que comprar en el exterior porque, dijo, los precios de la ropa en la Argentina son un robo. Teléfono para Patricia Bullrich: además de la baja de la imputabilidad a los 14 años, en la reforma del Código Penal habría que incluir precios de referencia para la pilcha.
El fallido IPC se basaba en una canasta que actualiza los patrones de consumo. Por ejemplo, incorporaba a las plataformas de streaming, donde se miran las series y películas más populares, y descartaba al floppy disk, que cuando se dejó de fabricar ni habían nacido los fans más jóvenes de ‘Stranger Things’. Milei quiere continuar bajo este último parámetro, que es tan representativo de los consumos actuales como Johnny Tolengo es ídolo de la Generación Z. En el esquema que no verá la luz, los servicios ganaban mayor participación en la medición de la inflación que los bienes. Lo que es lo mismo que decir que las tarifas tendrán mayor incidencia en el IPC.
Esto resulta inoportuno para el Gobierno porque arrancó el Tarifapalooza en los servicios. Luz, gas, agua, transporte, celulares, todo para arriba y sin escalas. Las boletas llegan calentitas y le meten temperatura a la inflación para los meses que vienen. Y en un dinámica en la que las subas no perforan el 2% ni con taladro percutor, Milei y Caputo prefirieron que se vaya Lavagna y abandonar el nuevo IPC como a novia en el altar, cuando la boda estaba anunciada desde septiembre, con el FMI y el Banco Central como testigos.
Pero quedándose con los regalos, porque con la discontinuación del nuevo IPC el Estado se ahorra unos cuantos billones en ajustes de jubilaciones, la AUH y otras prestaciones, que se van a indexar por la inflación de la planilla, mientras su poder adquisitivo baila al ritmo de los precios reales.
Este nuevo episodio de la saga conocida como ‘Tiros en el pie’, que ya tiene tantos capítulos como ‘Rápido y Furioso’ (¡y ‘Rápido y Furioso’ tiene demasiados capítulos!) sólo generó críticas. Si hasta el profe de Pablo, que se ha conmovido escuchando la ópera ‘Norma’ con Milei en Olivos, pide que se publique el nuevo IPC y se dejen de jorobar. En el mercado, la volatilidad internacional barrió bajo la alfombra cuánto colaboró la crisis del INDEC en que el Riesgo País tomara carrera y saltara otra vez por arriba de los 500 puntos. Porque que las hay, las hay.
Pero el principal drama de Milei en este conflicto es que la medición de inflación quedara atrapada otra vez en la desconfianza. El kirchnerismo, la medida de todo lo que está mal según el manual libertario, falseó las estadísticas durante más de una década. Esto generó que el INDEC se volviera una cuestión muy sensible en términos sociales.
Desde el saneamiento que hizo el gobierno de Mauricio Macri, que se consolidó durante los 6 años de gestión de Lavagna, no hubo cuestionamientos serios al IPC u otro indicador oficial. Que durante su mandato, que hizo del combate a la inflación uno de sus principales pilares, se ponga en duda la credibilidad de las cifras oficiales -con justicia o no- era tal vez el único pecado que Milei no se podía permitir.
Como dirían los yanquis, “you had one job”.
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