El vuelo de los misiles en el cielo de Medio Oriente parece algo lejano para Argentina. Con miles de proyectiles desplegados y los sistemas de defensa antiaérea a tope, tanto Estados Unidos e Israel como así también Irán mostraron parte de lo que se conoce como guerra moderna.
GRADICOM
Argentina está lejos de la guerra pero sueña con misiles propios
El desarrollo balístico de Argentina tiene una luz de esperanza con el proyecto Gradicom. Capacidad propia latente.
Pero más allá de la distancia y los reportes mediáticos, la historia del desarrollo armamentístico nacional alguna vez tuvo al país en la vanguardia de esta tecnología bélica. Algo que dejó un rezago de conocimiento muy valioso que al día de hoy mantiene la esperanza de recuperación activa.
Un ejemplo de esto último es el proyecto Gradicom, que depende directamente del Ministerio de Defensa. El mismo comprende una serie de proyectiles experimentales con alto potencial de mercado en caso de seguir adelante el desarrollo encabezado por el Centro de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF).
El diseño y fabricación de los ejemplares son enteramente argentinos y podrían poner al país nuevamente en el radar de la productividad bélica. Todo ello sobre la base de un elemento estratégico (el misil) que parece dominar la escena de los enfrentamientos en la actualidad, en conjunto con los drones, las aeronaves furtivas y los submarinos.
Gradicom, el sueño de recuperación
El programa Gradicom no solo incluye misiles balísticos sino también cohetes experimentales orientados a la ciencia. Se trata de toda una línea de proyectiles con propulsión de masa sólida que comenzó a desarrollarse en el año 2009.
Desde ese año y hasta el 2015, Gradicom registró varios hitos con distintos lanzamientos de prueba a gran escala. El objetivo central del programa fue reactivar una parte histórica de la industria de desarrollo aeroespacial argentino tras la desprogramación de la fabricación en los años 90’.
Dentro de esos lanzamientos, se encontraron los proyectiles Gradicom I (PCX o PCX900), Gradicom II (PCX2) y el experimental Gradicom III que no voló pero fue probado en banco. En los tres casos, las pruebas estuvieron centradas en la performance de los motores, elemento central del sistema.
Ahora bien, Gradicom enfrenta la crisis presupuestaria que abarca a casi todas las reparticiones del Estado. Con desinversión continua sobre el desarrollo para la Defensa en los últimos 20 años, el desafío parece estar centrado en generar avances contundentes rumbo a productos finalizados.
Con los recursos de la Jurisdicción 45 reducidos en el Presupuesto 2026, y necesidades más urgentes relativas a los salarios del personal militar, la recuperación activa de capacidades básicas y otras, la aceleración del desarrollo de un misil argentino parece lejana.
Argentina y los misiles
Desde la década de 1950, Argentina registró un fuerte desarrollo propio de distintos proyectiles balísticos que la asomaron a la vanguardia mundial en la materia. Con ingenieros extranjeros transfiriendo conocimientos, el país desarrolló toda una escuela que derivó en diversos programas.
Proyectos como el Cóndor I y Cóndor II fueron el pico del desarrollo en ese sentido, que captó incluso la atención internacional tanto en Europa como en Medio Oriente y África. Aunque, claro, todo quedó atravesado a partir del conflicto bélico con Inglaterra en 1982.
A partir de ese entonces, la industria bélica argentina quedó condicionada en su totalidad a las sanciones internacionales impulsadas por Londres. Algo que aún tiene efecto en los planes argentinos de recuperación de capacidades.
La llegada de la década de 1990 marcó el fin del desarrollo acelerado de los proyectos balísticos argentinos. Por pedido de Washington y presión del Gobierno británico, se puso fin a los principales programas de financiación.
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