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EDUCACIÓN EJEMPLO

El modelo universitario de Dinamarca que es furor: 1.000 dólares mensuales por estudiar

Sin matrícula en universidades públicas y con una ayuda estatal para cubrir gastos, el sistema danés reabre el debate sobre el costo de la educación superior.

En buena parte del mundo, la universidad es sinónimo de deuda, sacrificio financiero y años de cuotas por pagar. En otros lugares, en cambio, el acceso a la educación superior forma parte del contrato social y se concibe como una inversión colectiva. Dinamarca pertenece a este segundo grupo, y su modelo vuelve a ganar protagonismo en el debate global sobre cómo, y quién, debe financiar el futuro profesional de una generación.

Mientras en países como Estados Unidos o Inglaterra los estudiantes terminan sus carreras con compromisos financieros que pueden extenderse durante décadas, el sistema danés propone una lógica distinta: el Estado no solo elimina la barrera del arancel, sino que acompaña económicamente a quienes deciden formarse. El resultado es un esquema que combina bienestar, presión fiscal elevada y una apuesta estructural por el capital humano.

En ese contexto, el llamado modelo danés se convirtió en referencia internacional y alimenta una pregunta incómoda para muchas economías: ¿es la universidad un gasto individual o una inversión pública estratégica?

¿Cuánto cuesta estudiar en los principales países?

El corazón del modelo danés es simple en su planteo: las universidades públicas no cobran matrícula a ciudadanos daneses ni a estudiantes de la Unión Europea o el Espacio Económico Europeo, y además el Estado otorga una ayuda mensual cercana a los 1.000 dólares a través del programa SU (Statens Uddannelsesstøtte) para cubrir gastos de vida.

El contraste con otros sistemas es significativo. En Estados Unidos, la deuda estudiantil supera los 1,7 billones de dólares y el costo promedio anual de una universidad privada puede rondar los 35.000 a 40.000 dólares solo en matrícula, sin contar alojamiento y manutención. En instituciones públicas, el promedio anual para residentes estatales suele ubicarse entre los 10.000 y 12.000 dólares, mientras que para estudiantes de otros estados puede duplicarse.

En Inglaterra, por ejemplo, las tasas universitarias alcanzan aproximadamente las 9.250 libras al año (más de 11.000 dólares), lo que lleva a que muchos graduados acumulen deudas cercanas a los 70.000 dólares al finalizar sus estudios.

En ese escenario, el esquema danés aparece como una anomalía dentro del sistema global: no solo elimina el arancel, sino que convierte la etapa universitaria en un período respaldado financieramente por el Estado. La pregunta de fondo no es solo cuánto cuesta estudiar, sino quién asume ese costo y bajo qué modelo económico.

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El lado B: impuestos altos y “estudiantes eternos”

El modelo danés no es gratuito en términos fiscales. Se sostiene sobre una de las presiones tributarias más altas de Europa. Los impuestos personales pueden superar el 50% en los tramos más elevados, y es ese esquema el que financia tanto la gratuidad universitaria como el estipendio mensual que reciben los estudiantes.

Dinamarca no es el único país con matrícula pública sin costo. Escocia, Noruega y Finlandia también ofrecen educación superior gratuita en sus universidades estatales. Sin embargo, el diferencial danés radica en el pago directo al estudiante, algo menos extendido en otros sistemas europeos. Fuera del continente, Arabia Saudita aplica un esquema similar en términos prácticos: universidades públicas sin arancel y una asignación mensual para sus ciudadanos, financiada en este caso por ingresos petroleros más que por presión fiscal.

El programa SU permite acceder a la ayuda durante un período determinado de estudios, pero la combinación de matrícula cero y apoyo económico ha generado también un fenómeno particular. Según un informe de Business Insider, en Dinamarca existe incluso una palabra para describir a quienes prolongan su vida académica más allá del promedio: evighedsstuderende, es decir, “estudiantes eternos”. Algunos permanecen más de seis años en educación superior, algo menos frecuente en sistemas donde el costo corre por cuenta del alumno.

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Aun así, el modelo sigue siendo defendido por amplios sectores de la sociedad danesa como una inversión estratégica en capital humano. La lógica es clara: formar profesionales sin la carga de deuda puede traducirse en mayor movilidad social, innovación y productividad a largo plazo.

La discusión, entonces, no es solo cuánto se paga, sino qué tipo de contrato social se quiere construir alrededor de la educación superior.

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