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TRAS LOS INCIDENTES EN EL CONGRESO

Luis Novaresio no se guardó nada contra Alejandra Monteoliva: "¿Está en condiciones?"

El periodista Luis Novaresio criticó duramente a la ministra Alejandra Monteoliva por minimizar la agresión a un camarógrafo de A24 y pone en duda su capacidad.

El martes 26 de febrero quedó marcado como un día tenso frente al Congreso, donde un camarógrafo terminó con gas pimienta en los ojos y lesiones leves mientras cubría una protesta de Greenpeace, y la reacción de Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad, encendió el debate sobre la relación entre prensa y fuerzas de seguridad. Lo que parecía un episodio más de un operativo habitual, terminó con Luis Novaresio cuestionando en vivo si Monteoliva estaba en condiciones de seguir al frente del Ministerio, generando una discusión que se viralizó y dejó al descubierto un cruce de responsabilidades y de prioridades políticas.

El camarógrafo y la intervención que desató la polémica

Facundo Tedeschini, camarógrafo de 50 años de A24, estaba cubriendo la protesta pacífica de un grupo de 12 activistas de Greenpeace que habían saltado rejas y desplegado pancartas en las escalinatas del Congreso, cuando su presencia se cruzó con el operativo de la Policía Federal Argentina (PFA). Según contó él mismo, estaba en un sector seguro, sin obstaculizar el procedimiento, pero los cables de su equipo quedaron bajo los pies de los policías, lo que derivó en empujones, caída y gas pimienta directo a los ojos: "Estábamos en un lugar donde no había ninguna obstrucción [...] Yo nunca voy a dejar la cámara" (@mediosriojaok). Tedeschini fue atendido por el SAME y trasladado al Hospital Ramos Mejía; las lesiones fueron leves, pero el impacto simbólico fue enorme.

Patricia Bullrich calificó la intervención como "reprochable" y confirmó que se abrió un sumario administrativo contra el agente involucrado (@elcancillercom), mientras los 12 activistas también quedaron detenidos temporalmente. El incidente dejó en evidencia no solo la falta de coordinación en el operativo, sino también la fragilidad del marco de protección a la prensa en situaciones de tensión. Los registros de cámaras y redes sociales mostraron un momento crítico: un periodista neutral, cumpliendo su labor, quedó expuesto frente a un procedimiento que combinaba violencia física y protocolos poco claros.

Novaresio salió al cruce: un cuestionamiento en vivo

La reacción de Luis Novaresio fue inmediata y sin filtros. Durante la transmisión en A24, leyó la respuesta de Monteoliva, enviada por mensaje de texto: "Todo lo que haya para corregir, sancionar o mejorar, soy la primera interesada en hacerlo. Como también es cierto que los agentes son hostigados siempre, no sé en este caso". La declaración, interpretada por muchos como evasiva y justificatoria, centró más el foco en las presiones que sufren los policías que en la agresión al periodista, y encendió la indignación del conductor:

"Le estoy preguntando a Monteoliva si respalda esta agresión BRUTAL a un camarógrafo. Su respuesta fue que 'los agentes son hostigados'. Estoy azorado por la respuesta, ¿está en condiciones de seguir en el cargo / encabezar el Ministerio de Seguridad de la Nación?" "Me pregunto en serio si esta mujer está en condiciones de ejercer el Ministerio de Seguridad." "¿Esto está avalado por Monteoliva? ¿Qué peligro reviste [el accionar del camarógrafo] para que le tiraran gas pimienta en los ojos a quemarropa?"

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La indignación de Novaresio no pasó desapercibida: la viralización en X y otras redes mostró la polarización inmediata. Mientras algunos destacaron su defensa de la libertad de prensa, otros criticaron el protagonismo en lugar del periodismo, pero nadie pudo ignorar el mensaje político: un ministro o ministra de Seguridad que relativiza la agresión a un trabajador de prensa expone un vacío de responsabilidad que va más allá de un operativo puntual.

El episodio refleja no solo la tensión cotidiana entre prensa y fuerzas de seguridad, sino también la manera en que se mide la autoridad política frente a la opinión pública. Monteoliva, con su historial de mano dura en seguridad y su reciente nombramiento como ministra, enfrenta ahora un desafío doble: contener los operativos sin vulnerar derechos y recuperar credibilidad ante un sector mediático y ciudadano que no está dispuesto a tolerar ambigüedades frente a la violencia institucional.

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