Mientras el Senado debatía la reforma de la Ley de Glaciares, afuera se vivía otra escena que dejó en segundo plano cualquier argumento técnico: la prensa terminó en el piso, golpeada, con cámaras apagadas a la fuerza y un operativo tildado abuso policial. La imagen más fuerte fue un camarógrafo de A24 reducido y esposado por hacer su trabajo.
NO ODIAN TANTO A LOS PERIODISTAS
Ni los amigos zafan: La prensa oficialista también ligó palos en el Congreso
Golpearon y detuvieron a prensa oficialista en el Congreso: un camarógrafo de A24 terminó herido y detenido, y agredieron a otra notera. ¿Orden o papelón?
Ley de Glaciares: la reforma que encendió la mecha
La Ley 26.639, sancionada en 2010 durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, es una norma que nació después de años de presión social y ambiental para frenar el avance de la megaminería sobre zonas sensibles, especialmente en la Cordillera de los Andes, donde los glaciares sirven como reservas estratégicas de agua dulce en un país que ya siente el impacto del cambio climático.
La ley prohíbe actividades como la minería y la explotación de hidrocarburos en áreas glaciares y periglaciares, establece un inventario nacional y fija límites claros a la intervención humana, algo que desde el inicio generó resistencias en provincias con fuerte perfil minero como San Juan y Catamarca, donde los gobernadores suelen mirar primero la inversión y después el paisaje.
Con la llegada de Javier Milei en diciembre de 2023, la discusión volvió a abrirse dentro del paquete de reformas conocido como "Ley Bases", con el argumento oficial de que flexibilizar las restricciones puede atraer dólares y empleo en un panorama económicamente crítico, algo que el oficialismo repite y repite cada vez que se habla de extractivismo.
Del otro lado, Greenpeace y demás organizaciones ambientalistas advierten que se trata de un "retroceso ambiental", según consignó Resumen Latinoamericano, porque delega más poder a las provincias (muchas con intereses mineros directos) y reduce el alcance de las zonas protegidas, cuando el agua vale más que cualquier promesa de inversión.
En ese marco, este 26/02, un grupo de activistas realizó una protesta simbólica frente al Congreso, saltando las rejas y desplegando carteles con frases como "Los glaciares no se tocan", una acción breve y sin violencia que terminó con detenciones por parte de la Policía Federal, bajo la órbita de Patricia Bullrich, en línea con el endurecimiento de los protocolos antipiquetes que el Gobierno viene aplicando desde el inicio de la gestión.
Prensa bajo presión: del operativo al abuso policial
Lo que transformó un operativo habitual en un escándalo fue lo que pasó después, cuando la policía avanzó también sobre quienes estaban haciendo su trabajo.
Facundo Tedeschini, camarógrafo de A24, transmitía en vivo cuando fue interceptado por efectivos de la Policía Federal, que lo empujaron, le rociaron gas pimienta, lo tiraron al suelo y lo esposaron mientras gritaba "¡Soy prensa!", según muestran los videos que circularon en redes.
El trabajador terminó siendo trasladado al Hospital Ramos Mejía en ambulancia del SAME y en calidad de detenido, algo que para muchos fue una señal grave porque se trató de una reducción completa de un trabajador de prensa en plena cobertura, con la cámara secuestrada en el momento más sensible.
También fue agredida la cronista Agustina Binotti, del mismo canal, que recibió empujones y gas pimienta mientras intentaba cubrir las detenciones, según denunciaron medios como La Izquierda Diario, en un contexto donde FOPEA y el SiPreBA ya venían alertando sobre más de 50 agresiones a periodistas desde el inicio del gobierno.
Las redes sociales estallaron y reflejaron la grieta sin filtros, con mensajes como:
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"No son ni las 9 de la mañana y ya están sacados los faloperos de azul"
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"MILEI ATACA LA PRENSA MIENTRAS @SenadoArgentina VENDE GLACIARES A ISRAEL. SÍNTESIS"
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"A Laje le gusta que le den a los viejos, pero a su camarógrafo no. Que la vivan en carne propia"
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"Que gobierno de mierda"
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"Van por los periodistas"
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"Dame la libertad lo demás no importa nada. Dame la libertad y siempre en todo momento bala al cana"
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"Espero q este bien pobre hombre!!!"
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"Peor es escuchar a Laje y a Javier Diaz dando vueltas sobre el tema tratando de justificar el accionar de estos hdrmp de los canas!!"
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"La policía no los atacó, ese señor con la cámara se hizo el malo. Se lo ve forcejeando con un policía y se lastimó con la cámara. Laje y el resto del periodismo son unas mierdas"
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"El camarógrafo dice que no se podía correr porque el largo del cable no lo dejaba mira vos cuando se cae se ve que el largo del cable llega a la plata, la próxima no te hagas el poronga ni ser especial por llevar una cámara y si te dicen córrete córrete"
De todo esto, queda la sensación de que el mensaje fue más amplio que el operativo, porque cuando la policía golpea a un camarógrafo que transmite en vivo y lo detiene como si fuera parte del disturbio, la señal que se envía no distingue líneas editoriales ni simpatías políticas.
Si filmar se convierte en un riesgo, la discusión pasa a ser sobre la libertad de trabajar y de contar lo que pasa, algo que en democracia (y más en el país de la "libertad") debería ser básico pero que, a juzgar por las imágenes del Congreso, vuelve a quedar en duda.
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