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Saturación total: la Red Eléctrica de España evita el apagón, pero no admite nuevas conexiones

La CNMC aplazó tres meses los mapas de capacidad en España ante la saturación de la red y el freno a nuevas conexiones.

No hay margen de error. La Red Eléctrica de España enfrenta ahora un límite distinto y más estructural: el sistema ya no admite nuevos puntos de conexión en numerosos nudos del país. La saturación de la red de transporte obligó a frenar proyectos de vivienda, industria e infraestructura digital, mientras la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) aplazó la publicación de los mapas de capacidad ante el riesgo de que amplias zonas queden sin disponibilidad para sumar nueva demanda.

El telón de fondo explica la urgencia. El pasado 28 de enero, el sistema debió recurrir a un recorte del consumo industrial para evitar un desequilibrio mayor, un episodio que reactivó el recuerdo del apagón de abril de 2025 que dejó sin suministro a España, Portugal y parte de Francia. Aquellos hechos marcaron un antes y un después. Hoy, sin un colapso inmediato, el mensaje que empieza a imponerse es otro: evitar el apagón tiene un costo y ese costo empieza a sentirse en la capacidad del país para crecer.

El recuerdo del apagón y la última maniobra para evitar otro colapso

El punto de partida sigue siendo el trauma reciente. En abril de 2025, España, Portugal y parte de Francia atravesaron el apagón eléctrico más grave registrado en Europa en décadas, con millones de personas sin suministro durante horas y una caída abrupta de la generación que expuso debilidades estructurales del sistema. Aquel episodio marcó un antes y un después en la forma de gestionar el riesgo eléctrico.

La secuencia dejó una señal clara. El sistema logró evitar el colapso, pero lo hizo recurriendo a medidas de emergencia que no pueden convertirse en norma. Cada episodio de tensión refuerza la misma conclusión: la red puede aguantar, pero solo si se actúa rápido y sacrificando parte de la demanda cuando el equilibrio se ve amenazado.

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El nuevo problema: la red se satura y ya no admite nuevas conexiones

El foco del conflicto ya no está solo en evitar apagones puntuales, sino en un límite más profundo del sistema. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, el organismo que regula y supervisa el funcionamiento del sector eléctrico en España, decidió aplazar tres meses la publicación de los mapas de capacidad de acceso a la red de transporte. Esos mapas indican, de forma oficial, dónde todavía es posible conectar nuevos consumos eléctricos y dónde la red ya no tiene margen.

La decisión no es menor. Con la información disponible hoy, esos mapas mostrarían que muchos nudos (es decir, los puntos de la red donde se conecta la electricidad que luego se distribuye a ciudades, industrias o grandes proyectos) aparecen prácticamente llenos. En términos simples: aunque haya electricidad generada, no hay “puertos libres” para enchufar nuevos barrios, fábricas o centros de datos sin poner en riesgo la estabilidad del sistema.

Aquí aparece un concepto clave: la red de transporte. No se trata de los cables que llegan a las casas, sino de las grandes autopistas eléctricas de alta tensión que llevan la energía desde las centrales hasta las subestaciones principales. Si esas autopistas están saturadas, no sirve autorizar nuevos puntos de conexión, porque la electricidad no tendría por dónde circular en los momentos de mayor demanda.

El aplazamiento decidido por el regulador busca ganar tiempo para revisar criterios técnicos sensibles y evitar un bloqueo inmediato y masivo de proyectos que ya estaban en marcha. Pero el trasfondo es más incómodo: el sistema empieza a mostrar que no puede seguir creciendo al ritmo de la demanda sin ampliar antes su infraestructura. Por eso, lo que hoy se presenta como una revisión técnica es, en realidad, una señal de advertencia sobre los límites físicos de la red.

Dicho de otro modo, España no enfrenta una falta de electricidad, sino una falta de espacio para moverla con seguridad. Y mientras ese “camino” no se amplíe, la solución para evitar nuevos sobresaltos no pasa por sumar conexiones, sino por frenar el crecimiento y administrar un margen que ya es mínimo.

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La Península Ibérica a oscuras durante el apagón de abril de 2025.

La Península Ibérica a oscuras durante el apagón de abril de 2025.

Quién paga el costo primero y por qué el problema no termina en España

El freno a las nuevas conexiones no impacta a todos por igual. Los primeros en sentir el costo son los sectores que dependen de grandes volúmenes de electricidad y de certezas a largo plazo. Nuevos desarrollos de vivienda, proyectos industriales, polos logísticos y, sobre todo, centros de datos aparecen entre los más afectados. Sin un punto de conexión garantizado, muchos de esos proyectos quedan en pausa o directamente se replantean su viabilidad.

La industria ya conoce ese riesgo. El recorte del consumo aplicado a fines de enero mostró que, cuando el sistema entra en tensión, los grandes consumidores son los primeros en ceder para sostener el equilibrio general. Ahora, el problema se adelanta en el tiempo: no se trata solo de cortar cuando hay emergencia, sino de evitar que nuevos actores ingresen a un sistema que ya opera con margen mínimo.

Pero el impacto no se limita al plano interno. El sistema eléctrico español está estrechamente vinculado al de Portugal y, a través de las interconexiones, al resto del entramado europeo coordinado por ENTSO-E, la red que articula a los operadores eléctricos del continente. Esa integración es una fortaleza en condiciones normales, pero también amplifica los riesgos cuando algo falla.

La experiencia de abril de 2025 lo dejó claro. El colapso no se detuvo en una frontera: la caída abrupta de generación y las sobretensiones se propagaron en cuestión de segundos, afectando a España, Portugal y parte de Francia. En un sistema interconectado, un desequilibrio grave no se “encierra” dentro de un país. Si el sistema colapsa, colapsa en cadena.

Por eso, las decisiones actuales no se leen solo en clave española. Evitar un apagón hoy implica administrar con extremo cuidado un sistema que comparte cargas, flujos y riesgos con sus vecinos. El problema es que esa cautela tiene un precio: mientras no se amplíe la infraestructura y no se refuercen las interconexiones, el crecimiento económico y la transición energética quedan subordinados a una red que ya no admite errores.

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