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Donald Trump no deja al mundo en paz: aranceles, petróleo y bombas, ¿quién paga el precio?

La guerra comercial de 2025 y la escalada con Irán golpean al comercio global y disparan el petróleo. El mundo paga el costo de la estrategia de Trump.

Desde su regreso a la Casa Blanca en 2025, Donald Trump volvió a sacudir el tablero del comercio internacional. Su receta es conocida: aranceles, sanciones y presión geopolítica. El resultado, hasta ahora, atemoriza al mundo. Creció la incertidumbre global, el comercio está en jaque y los mercados energéticos, cada vez más volátiles.

La primera gran jugada de Trump

El primer gran golpe llegó con la guerra de los aranceles. La Casa Blanca reinstaló la lógica del “America First” con una batería de aranceles contra China, Europa y varios socios estratégicos. Las represalias no tardaron. Beijing, Bruselas y otros países respondieron con medidas similares, profundizando una espiral proteccionista que amenaza con fragmentar el comercio global.

En abril de 2025, los economistas ya estiman que una escalada total del conflicto comercial podría provocar pérdidas de bienestar global cercanas a US$1,4 billones, producto de precios más altos, cadenas de suministro fragmentadas y menor competitividad internacional, según publicó The Guardian. En otras palabras, el comercio se encarece, la inversión se frena y el crecimiento se enfría.

El impacto no se limita a los grandes jugadores. En un mundo globalizado, cuando Estados Unidos y China chocan, el resto de la economía mundial también paga el costo. Países emergentes, exportadores de materias primas y economías industriales quedan atrapados en el fuego cruzado de tarifas y sanciones.

Pero la ofensiva económica no se detuvo ahí. La Casa Blanca también amplió el uso de sanciones comerciales como herramienta geopolítica. Washington amenazó con castigar a cualquier país que compre petróleo a Irán o Venezuela, imponiendo aranceles adicionales a quienes mantengan relaciones energéticas con esos productores.

El comercio internacional se convirtió en una extensión de la política exterior estadounidense.

El problema es que esa estrategia introduce un nivel de incertidumbre que los mercados detestan. Las tensiones comerciales ya provocaron fuertes sacudidas en los mercados financieros y en los precios de las materias primas, con inversores preocupados por una desaceleración económica global.

El efecto Trump en la economía mundial

En enero de 2025, una semana antes de la asunción de Donald Trump, el FMI publicaba su proyección de crecimiento mundial. Allí manifestaba que ese año el producto mundial crecería 3,3% en 2025 y otro tanto en 2026.

El siguiente envío de la institución internacional fue en abril del año pasado, tan solo un mes después de las primeras amenazas arancelarias del mandatario estadounidense. Allí las expectativas de crecimiento ya habían bajado a 2,8% para 2025 y 3% para 2026. Un duro golpe de Trump para la economía mundial.

En las proyecciones trimestrales siguientes, el crecimiento de 2025 se recuperó y dio 3% en julio y 3,2% en octubre, aunque no llegó a la estimación inicial de 3,3%. El valor real del crecimiento estimado por el FMI aun no se conoce, pero el Banco Mundial publicó a fines del año pasado que estimaba un crecimiento mundial de 2,7% en 2025.

El segundo golpe de Trump al mundo

Como si fuera poco, la situación se agravó con la escalada militar en Medio Oriente y el conflicto con Irán. El Golfo Pérsico es una arteria crítica del comercio energético mundial ya que por el Estrecho de Ormuz circula cerca del 20% del petróleo global. Cualquier amenaza sobre esa ruta dispara inmediatamente el precio del crudo y aumenta el riesgo de inflación mundial.

De hecho, el precio del petróleo aumentó exponencialmente hasta tocar los US$110, y ahora se acomoda en alrededor de US$93. Esto ya impactó en el precio del combustible, que en Argentina fue de alrededor del 6%.

Trump no nos deja en paz

El resultado es una tormenta perfecta. Hoy hay tensiones comerciales que enfrían la economía y conflictos geopolíticos que encarecen la energía. Ambas fuerzas golpean al comercio internacional desde dos frentes.

Para países como Argentina, el escenario es especialmente complejo. Por un lado, un petróleo más caro puede beneficiar a exportadores de energía. Pero por otro, un mundo con menos comercio, más proteccionismo y mayor volatilidad financiera termina reduciendo la inversión y la demanda global. Además, el encarecimiento del combustible golpea directamente en el precio de los bienes, afectando el poder adquisitivo de los hogares.

La historia económica muestra que las guerras comerciales rara vez tienen ganadores claros. En el mejor de los casos, redistribuyen pérdidas. En el peor, abren la puerta a crisis más profundas.

Y mientras el mundo intenta estabilizarse tras años de inflación, conflictos y tensiones geopolíticas, la estrategia de confrontación permanente vuelve a encender todas las alarmas.

Cuando la principal potencia económica decide usar aranceles, sanciones y presión militar como herramientas de negociación, el mensaje que recibe el resto del planeta es que el comercio global dejó de ser un espacio de cooperación para convertirse en un campo de batalla.

Y en ese terreno, como suele ocurrir, nadie sale realmente ileso.

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