Mientras el debate público sigue concentrado en la inflación y el frente cambiario, el mercado financiero empezó a mostrar una señal menos ruidosa, pero igual de relevante. La tasa real en dólares de los plazos fijos alcanzó niveles récord, en un contexto en el que el Banco Central (BCRA) endurece la liquidez, esteriliza pesos y refuerza el ancla cambiaria sin recurrir a controles adicionales.
RÉCORD
Carry trade: La tasa vuelve a ganarle al dólar (y por mucho)
La tasa real en dólares de los plazos fijos alcanzó niveles récord, en medio de un BCRA que endurece la liquidez, esteriliza pesos y refuerza el ancla cambiaria
Los datos que difundió Diego Giacomini, economista y director de E2 Economía y Ética, muestran con claridad que la denominada “carrera de la tasa contra el dólar” volvió al centro de la escena. No por exuberancia financiera ni por expectativas de apreciación del peso, sino por una escasez deliberada de pesos que empuja al sistema a convalidar tasas reales excepcionalmente altas.
Más tasa y un dólar contenido
El rasgo distintivo del esquema actual es que el BCRA compra reservas, pero al mismo tiempo esteriliza más pesos de los que emite. La consecuencia es una Base Monetaria en caída, incluso en un contexto de recomposición de reservas internacionales.
El mensaje del Central es priorizar el control nominal por sobre la expansión, aun a costa de tensionar el mercado de crédito. En ese marco, la tasa se transforma en la principal herramienta para desalentar la dolarización y sostener la estabilidad cambiaria.
Los gráficos de E2 muestran que el rendimiento real en dólares de los plazos fijos no solo supera al rendimiento real en pesos deflactado por IPC, sino que se ubica en máximos del período reciente. Para el ahorrista, la ecuación es fácil y mientras el tipo de cambio se mantiene estable, quedarse en pesos paga.
El carry trade vuelve
A diferencia de otros episodios de carry trade en la historia argentina, esta vez el fenómeno no surge de una política explícita de tasas altas para atraer capitales, sino como resultado defensivo del diseño monetario.
Con liquidez restringida, encajes elevados y una operatoria más discrecional del BCRA, la tasa se vuelve volátil pero, en promedio, elevada en términos reales. Eso genera un incentivo natural a posicionarse en instrumentos en pesos, aun sin expectativas de apreciación cambiaria.
El inversor no compra pesos porque confía en el peso, sino porque el dólar quedó quieto y la tasa hace el resto.
El costo oculto del ancla cambiaria
El esquema logra su objetivo principal: abaratar el dólar en términos reales y evitar presiones sobre el mercado cambiario. Sin embargo, el costo aparece del lado de la economía real.
La tasa de adelantos, ajustada por inflación, se mantiene en niveles elevados, con registros reales que superan holgadamente el 50%. Ese encarecimiento del crédito no es neutro. Limita la capacidad de financiamiento de empresas y hogares, enfría la demanda interna y complica la recuperación de la actividad.
La nota anterior sobre el esquema monetario ya advertía que la volatilidad de tasas no es un fenómeno transitorio. Esta segunda foto muestra para qué se usa esa volatilidad: disciplinar expectativas cambiarias, aun cuando eso implique resignar dinamismo económico.
Un equilibrio frágil
El funcionamiento del modelo depende de que el dólar no se mueva y mientras el tipo de cambio se mantenga estable, la tasa real elevada sostiene el carry y evita la dolarización.
En ese sentido, el regreso del carry no debe leerse como una señal de fortaleza estructural, sino como un síntoma de escasez monetaria. Hay pocos pesos, la tasa sube y el sistema se ordena alrededor de esa restricción.
El riesgo es conocido y se traduce en un esquema demasiado contractivo puede estabilizar precios financieros en el corto plazo, pero tensionar la actividad y el crédito, generando un rebote posterior más difícil de administrar.
Entre la estabilidad y la actividad
La política monetaria actual parece moverse sobre una línea fina. Por un lado, logra contener al dólar sin recurrir a cepos adicionales ni saltos discrecionales. Por otro, consolida un escenario de tasas reales altas que enfría el consumo y posterga decisiones de inversión.
El carry trade reaparece, entonces, no como una fiesta financiera, sino como una válvula de ordenamiento en un esquema de pesos escasos. Funciona mientras la confianza cambiaria se sostenga y la inflación no vuelva a acelerar.
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