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EL DATO QUE NADIE QUIERE VER

Mientras Javier Milei viaja, los adolescentes no aprenden a leer

Con recursos disponibles, los adolescentes siguen atrapados en una educación que no enseña y un Estado que administra pero no resuelve.

Imagínate llegar a los 17 años sin poder entender completamente un manual de instrucciones, un contrato laboral o las noticias del diario. Parece inverosímil, pero es la realidad de cientos de miles de jóvenes argentinos. Un nuevo informe de Edulab pone números a algo que muchos intuían, pero pocos querían confirmar: el 32% de los adolescentes del país no finaliza la escuela secundaria con las habilidades básicas de comprensión lectora.

El estudio tomó como muestra a adolescentes de 16 y 17 años y midió dos variables centrales: quiénes abandonan directamente la escuela y quiénes, aunque ocupan un banco todos los días, egresan sin haber aprendido lo mínimo indispensable. Porque ahí está el punto más incómodo de esta situación: el fracaso no ocurre solamente cuando un chico deja de ir a clases. También sucede, silenciosamente, dentro del aula.

Hay estudiantes que cumplen con la asistencia, rinden exámenes, avanzan de año, pero al finalizar el nivel secundario no pueden analizar ni interpretar un texto. Es una exclusión disfrazada de inclusión, una trampa del sistema que simula contención mientras produce desigualdad.

Las cifras revelan además una Argentina partida. Mientras ciertas provincias registran tasas de pobreza educativa del 14%, otras superan el 50%. En algunos territorios, la crisis es la deserción masiva, en otros, los jóvenes permanecen en las instituciones, pero no logran apropiarse de los saberes fundamentales.

La desigualdad educativa que golpea a los adolescentes

Ahora bien, la desigualdad se vuelve más brutal cuando aparece el factor socioeconómico. Entre los adolescentes de hogares con menores recursos, la pobreza educativa trepa al 60,5%. Entre aquellos de familias con mayores ingresos, baja al 25,8%. Esta distancia no es casual: evidencia cómo las dificultades de aprendizaje se van acumulando desde la infancia, generando una pelota que termina aplastando trayectorias completas. Lo que empieza como un retraso en primer grado culmina en un egreso vacío de secundaria.

Edulab señala que enfrentar este fenómeno requiere una estrategia que ataque ambos frentes: retener a los estudiantes dentro del sistema y garantizar que efectivamente aprendan. Las evaluaciones Aprender Secundaria ya ofrecen información valiosa sobre dónde están los mayores rezagos, pero hace falta cruzar esos datos con variables sociales para diseñar intervenciones certeras.

También advierte algo incómodo, y es que el problema no es solo cuánto se invierte en educación, sino cómo se distribuyen esos recursos. Provincias con presupuestos similares exhiben resultados radicalmente diferentes, lo cual demuestra que hay un margen enorme para mejorar la gestión y dirigir los fondos hacia estrategias que realmente funcionen.

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