Mirarse al espejo y sentirse conforme con lo que uno ve nunca fue una obsesión reciente. Desde siempre, dedicarle tiempo al aspecto físico formó parte de una ecuación simple: cuando te ves bien, también te sentís bien. Por eso los productos de cuidado de la piel se acumulan en los botiquines, los perfumes se coleccionan como si fueran obras de arte y los consejos sobre belleza circulan sin parar en redes sociales. Esa búsqueda constante por destacar lo mejor de uno mismo ahora está dando un giro radical, impulsado por herramientas que hasta hace poco parecían ciencia ficción.
"QUIEN NO SE ADAPTA PIERDE"
La nueva regla que preocupa a las marcas de belleza
Probar productos en pantalla y comprar con información concreta ya es parte del mercado de belleza que crece y se expande a nivel global.
Según reveló Another en su más reciente análisis, el 2026 marca un punto de quiebre. Ya no alcanza con aplicarse una crema y esperar resultados genéricos. Ahora, ese mismo espejo que mencionábamos devuelve información mucho más precisa, adaptada específicamente a cada persona. La industria del cuidado personal y el bienestar ingresó en una fase donde la tecnología dejó de ser un complemento vistoso para transformarse en una compañera discreta pero fundamental: interpreta datos, lee emociones, considera el entorno y diseña propuestas que calzan perfecto con las necesidades de cada uno.
Este cambio no es superficial ni pasajero. Statista confirma que el mercado global del sector ya sobrepasa los 600 mil millones de dólares, y su expansión constante hacia este año demuestra que la transformación opera en las raíces mismas del negocio. Las marcas no venden solamente frascos con promesas escritas en letra chica; están rediseñando la manera en que las personas se relacionan con su propio cuidado.
La belleza se prueba en pantalla antes de pasar por caja
La personalización, que durante años sonó como una promesa publicitaria difusa, finalmente aterrizó como realidad concreta. Gracias a la inteligencia artificial, el análisis predictivo y la realidad aumentada, los diagnósticos alcanzaron niveles impensados: la piel se analiza segundo a segundo, las rutinas se ajustan según el clima del día, el nivel de estrés o incluso los cambios hormonales. Las recomendaciones dejan de ser estáticas y acompañan la evolución de cada usuario.
"La industria está pasando de vender productos a diseñar experiencias de acompañamiento. La tecnología nos permite entender mejor a las personas, pero el verdadero reto está en traducir ese conocimiento en soluciones que se sientan humanas, empáticas y relevantes en la vida cotidiana", describe Germán Romero, Business Development Director Executive en another y experto en Beauty & Personal Care.
Esta transformación también modificó el instante previo a la compra. Probarse un maquillaje virtualmente, buscar productos mediante imágenes o recibir diagnósticos digitales ya forman parte del ritual cotidiano. Grand View Research calculó que el mercado global de pruebas virtuales de maquillaje alcanzó los 6.291,3 millones de dólares en 2024, y las proyecciones hacia 2030 confirman que testear digitalmente antes de gastar un peso se convirtió en un requisito básico para cualquier consumidor.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no garantiza el éxito. Lo que en verdad distingue a las marcas que lideran es su habilidad para armar experiencias sensoriales completas. Según lo manifestado por el experto de la agencia de comunicación estratégica Another, Germán Romero, "En 2026, las marcas que lideren no serán las que tengan más tecnología, sino las que sepan usarla para construir vínculos reales. La belleza deja de ser un acto superficial y se convierte en una conversación continua entre ciencia, emoción y propósito".
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