En estas dos primeras décadas del Siglo XXI se ha puesto en el foco de debate los temas ambientales y el uso de los recursos naturales. Lo cierto es que un análisis químico de las aguas residuales reveló los hábitos, usos y costumbres de las grandes ciudades.
BIOQUÍMICA
Beber de la cloaca: 80% de las aguas residuales se vierten al medio ambiente sin tratamiento
Un análisis químico de las aguas residuales reveló los hábitos, usos y costumbres ocultos de las grandes ciudades.
En ese trajinar constante de aguas residuales viajan restos microscópicos de drogas, alcohol, medicamentos, virus, cafeína o nicotina. Para la ciencia, lejos de ser simple desperdicio, este material se ha convertido en una fuente extraordinaria de información sobre cómo viven —y qué consumen— las sociedades urbanas.
Un problema mundial que aumenta la brecha entre ricos y pobres
Según el informe publicado por la ONU con motivo del Día Mundial del Agua, cerca de un 80 % de las aguas residuales –también llamadas aguas negras- del planeta se vierten al medio ambiente sin haber recibido ningún tratamiento de saneamiento.
Los vertidos de las aguas cloacales de las viviendas y los originados por la enorme cantidad de actividades económicas e industriales contienen organismos patógenos y otros contaminantes que son causantes de múltiples enfermedades. Alrededor de 3,4 millones de personas mueren cada año por afecciones asociadas a la presencia de residuos humanos en el agua como el cólera, la fiebre tifoidea, la hepatitis infecciosa, la poliomielitis, la criptosporidiosis, la ascariasis y las enfermedades diarreicas.
El caso de los países desarrollados en el tratamiento del agua residual
En el caso de los países desarrollados, los niveles de tratamiento del agua residual alcanzan un 70%. Sin embargo, esa proporción cae a un 38% en los países de desarrollo intermedio y se reduce hasta el 8% en los más pobres. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más de 323 millones de personas en África, Asia y Latinoamérica se encuentran en riesgo de contraer enfermedades debido a la creciente contaminación del agua en esas zonas del planeta.
“El creciente volumen de aguas residuales que se vierten a nuestras aguas superficiales es muy preocupante. El acceso a un agua de calidad es esencial para la salud y el desarrollo humano. Ambos están en riesgo si no somos capaces de parar esta contaminación”, declaró la directora científica del PNUMA, Jacqueline McGlade.
El aumento de la presencia de microorganismos patógenos
La investigación asegura que la presencia de microorganismos patógenos y polución han aumentado en más de un 50% en los ríos de estos tres continentes, especialmente en Asia donde millones de personas consumen agua con arsénico.
Las carencias en infraestructuras, capacidad técnica e institucional y financiación explican este déficit de tratamiento en los países más pobres, cuya corrección es vital -según los estudios de la ONU- para reducir los daños a los ecosistemas y crear una cultura de reutilización del agua que haga frente a la escasez.
Beber de la cloaca
Actualmente existen muy pocos datos disponibles que ayuden a cuantificar el problema, pero algunas fuentes estiman que más del 80 por ciento de las aguas utilizadas por el hombre se devuelven al medio natural sin ningún tratamiento previo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) esto provoca, entre otros problemas, que cerca de 1.800 millones de personas en el mundo consuman agua contaminada con materia fecal.
Los más afectados por esta realidad alarmante son aquellas personas que viven en asentamientos informales en los márgenes de ríos o subsisten en la periferia de las grandes ciudades, donde tienden a acumularse las aguas contaminadas. A esta lista se le suman también aquellas que deben gestionar el vaciado de sus propias letrinas o fosas sépticas para mantenerlas útiles, sin ninguna protección ni conocimientos de cómo hacerlo.
El acceso al agua es un derecho indiscutible, pero sus beneficios en términos de salud no se pueden garantizar si los excrementos humanos no se almacenan, transportan, eliminan y se manejan de forma adecuada. De acuerdo a un informe del PNUMA, hasta 25 millones de personas están en riesgo de contraer estas enfermedades en América Latina, 164 millones en África y 134 millones en Asia.
En consecuencia, las comunidades más desfavorecidas son –como casi siempre- las más perjudicadas ya que ven limitado su desarrollo y aumentan su pobreza con el incremento de gastos de atención en salud, porque se ponen en peligro sus medios de vida y se reducen su productividad y sus oportunidades educativas. Todo ello tiene un impacto directo en la realización de sus derechos humanos.
Cómo funciona: química, estadística y comportamiento humano
El principio es sencillo: cuando una persona consume alcohol, drogas o medicamentos, el cuerpo metaboliza estas sustancias y elimina parte de ellas a través de la orina o las heces. Estos metabolitos llegan a las depuradoras, donde pueden medirse mediante técnicas de alta precisión como la cromatografía líquida y la espectrometría de masas.
A partir de la concentración detectada y del tamaño de la población conectada al sistema de saneamiento, los científicos pueden estimar el consumo medio por habitante. Lo relevante es que el método no identifica individuos, sino tendencias colectivas.
Desde 2011, proyectos internacionales coordinados por grupos científicos europeos han analizado aguas residuales de decenas de millones de personas en más de un centenar de ciudades, permitiendo comparar hábitos de consumo entre regiones y a lo largo del tiempo.
Drogas ilegales: un mapa químico del consumo urbano
Uno de los usos más conocidos de esta técnica es la monitorización del consumo de drogas. Los resultados han revelado patrones sorprendentes:
-La cocaína aparece prácticamente en todas las ciudades estudiadas, pero con niveles especialmente altos en Europa occidental y meridional, incluida España.
-Las anfetaminas muestran mayor presencia en el norte y este de Europa.
-Las tendencias cambian rápidamente, permitiendo detectar incrementos o descensos en cuestión de semanas.
Este enfoque tiene una ventaja clave frente a las encuestas o datos policiales: mide el consumo real, no el declarado. Además, permite observar variaciones temporales muy claras, como aumentos durante fines de semana, festividades o grandes eventos.
Alcohol, nicotina y cafeína: radiografía de la vida cotidiana
Las aguas residuales también revelan el consumo de sustancias legales. Estudios recientes en ciudades españolas han mostrado, por ejemplo, descensos progresivos en el consumo medio de alcohol y nicotina tras la pandemia, mientras que la cafeína se mantiene estable.
Estos datos permiten observar cambios culturales de fondo: desde modificaciones en los hábitos de ocio hasta el impacto de políticas públicas o crisis económicas.
Incluso se han detectado picos muy precisos asociados a celebraciones como Nochevieja, demostrando hasta qué punto el comportamiento social queda reflejado químicamente en las redes de saneamiento.
Más allá de las drogas: medicamentos, salud mental y epidemias
El potencial de esta ciencia va mucho más allá del consumo recreativo. En los últimos años, el análisis de aguas residuales ha permitido:
-Detectar virus como el SARS-CoV-2 días antes de que aumentaran los casos clínicos.
-Monitorizar antibióticos y evaluar riesgos de resistencias bacterianas.
-Estimar el uso de ansiolíticos o antidepresivos en determinadas poblaciones.
Durante la pandemia, este enfoque demostró su valor como sistema de alerta temprana, ya que los niveles virales en el agua pueden anticipar los brotes entre cinco y once días antes que los diagnósticos clínicos.
Por ello, varios países europeos trabajan ya en sistemas nacionales de vigilancia epidemiológica basados en aguas residuales para detectar futuras amenazas sanitarias.
Ventajas científicas: datos rápidos, anónimos y casi en tiempo real
Los expertos destacan varias razones por las que esta metodología se está consolidando:
-Anonimato: no se identifican personas concretas.
-Representatividad: incluye a toda la población conectada al sistema.
-Rapidez: permite detectar tendencias casi en tiempo real.
-Coste reducido: un número limitado de muestras representa a cientos de miles de habitantes.
Además, elimina muchos sesgos habituales en las estadísticas tradicionales, como la infradeclaración del consumo o las diferencias en acceso sanitario.
Limitaciones y debates éticos
Sin embargo, la epidemiología de aguas residuales no es perfecta. Los resultados dependen de factores como la lluvia, la dilución del agua o la degradación química de las sustancias. Tampoco permite saber quién consume ni por qué.
Existe además un debate ético emergente: algunos expertos advierten del riesgo de usar estos datos para estigmatizar barrios o poblaciones si el análisis se realiza a escalas demasiado pequeñas.
Por ello, la mayoría de programas científicos limitan el análisis a áreas amplias, como ciudades completas o grandes zonas urbanas.
Todo indica que el papel de las aguas residuales en la investigación científica seguirá creciendo. Con el uso de inteligencia artificial y sensores distribuidos por las redes de saneamiento, los científicos aspiran a construir sistemas capaces de detectar cambios en la salud colectiva casi en tiempo real.
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