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"NUESTROS HALLAZGOS INDICAN QUE..."

Alerta científica: Lo que creímos durante años sobre la tierra y no era así

Un descubrimiento en las profundidades de la tierra sacude modelos científicos usados para explicar cómo era el planeta hace millones de años.

La Tierra guarda secretos que desafían cualquier relato de ciencia ficción. A casi 3.000 kilómetros bajo la superficie que pisamos cada día, existen dos masas colosales de material ultracaliente que han estado forjando silenciosamente uno de los elementos más fundamentales para nuestra existencia: el campo magnético que nos protege de la radiación solar. Y recién ahora, después de décadas de sospechas, los científicos lograron demostrar su influencia directa.

Hablamos de estructuras tan descomunales que cada una iguala en dimensiones al continente africano entero. Sin embargo, no se trata de bloques sólidos de roca o metal como podríamos imaginar al pensar en algo "gigante". Son regiones irregulares, donde el material del manto terrestre adquiere características únicas: más caliente, más denso y con una composición química diferente a todo lo que las circunda. Los geólogos las bautizaron con un nombre técnico que refleja cómo las detectaron: grandes provincias de baja velocidad sísmica, o LLSVPs por sus siglas en inglés.

¿Cómo se descubre algo que jamás podremos ver con nuestros propios ojos? A través de las ondas sísmicas. Cuando los terremotos sacuden el planeta, estas ondas viajan por el interior de la Tierra como ecos en una catedral, pero su velocidad cambia según el material que atraviesan. En las LLSVPs, esas ondas se ralentizan de forma notable. Más curioso aún: alrededor de estas provincias existe un "anillo" de material más frío donde, por el contrario, las ondas aceleran su recorrido.

Las primeras pistas surgieron a finales de los años setenta, pero tuvieron que pasar dos décadas para confirmar su existencia. Ahora, tras otros veinte años de investigación meticulosa, un equipo de la Universidad de Liverpool publicó en Nature Geoscience algo revolucionario: estas estructuras monumentales no solo existen, sino que llevan al menos 265 millones de años alterando la forma en que funciona nuestra brújula planetaria.

Nuevas pruebas muestran cómo funciona la tierra por dentro

La conexión es fascinante. El campo magnético terrestre nace del movimiento constante del hierro líquido en el núcleo externo del planeta. Ese flujo genera corrientes eléctricas que, a su vez, producen el magnetismo que hace funcionar nuestras brújulas y que desvía las partículas cargadas del viento solar. Pero resulta que ese hierro fundido no fluye de manera uniforme. Las diferencias abismales de temperatura entre las LLSVPs (extremadamente calientes) y las zonas más frías que las rodean modifican la velocidad y dirección del flujo metálico según la región.

Esta asimetría térmica genera, inevitablemente, una asimetría magnética. Por eso el campo magnético de la Tierra no tiene la forma perfecta y simétrica de una barra imantada alineada con el eje de rotación, como se creyó durante décadas, sino que presenta irregularidades, inclinaciones y patrones complejos que ahora tienen una explicación concreta.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores no se conformaron con observar. Diseñaron simulaciones en supercomputadoras que recrearon dos escenarios: uno con un manto terrestre homogéneo y otro incorporando estas provincias heterogéneas. Después compararon ambos modelos con datos reales del campo magnético actual. El resultado fue contundente: únicamente el modelo que incluía las LLSVPs reprodujo fielmente las irregularidades que medimos hoy.

Las simulaciones revelaron también que ciertas zonas del campo magnético han permanecido relativamente estables durante cientos de millones de años, mientras otras han experimentado cambios drásticos. Este descubrimiento tiene ramificaciones que van mucho más allá de la geofísica pura.

Viejas teorías entran en revisión

Andy Biggin, primer autor del estudio y profesor de Geomagnetismo en Liverpool, subrayó la trascendencia del hallazgo: "Estos hallazgos también tienen implicaciones importantes para las cuestiones que rodean las configuraciones continentales antiguas (como la formación y ruptura de Pangea) y pueden ayudar a resolver incertidumbres de larga data sobre el clima antiguo, la paleobiología y la formación de los recursos naturales".

Agregó además una advertencia que sacude cimientos académicos: "Estas áreas han asumido que el campo magnético terrestre, promediado durante largos períodos, se comportaba como una barra magnética perfecta, alineada con el eje de rotación del planeta. Nuestros hallazgos indican que esto podría no ser del todo cierto".

Lo que esto significa es que muchas reconstrucciones sobre cómo estaban distribuidos los continentes hace millones de años, cómo era el clima prehistórico o incluso dónde se formaron ciertos depósitos minerales podrían necesitar una revisión. Porque todas esas disciplinas habían asumido un comportamiento magnético ideal que, aparentemente, nunca existió.

En simples palabras, la geología acaba de demostrarnos, una vez más, que la Tierra es mucho más compleja y sorprendente de lo que cualquier modelo simplificado podría sugerir.

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