No hay comunicación digital sin SEO (Search Engine Optimization), conjunto de herramientas que permiten que un contenido se vea más y mejor que otro. Los motores de búsqueda evalúan cada contenido no por su profundidad sino por su SEO, hasta ahora la llave del tráfico y la relevancia. Pero ahora llegó la inteligencia artificial (IA) que amenaza cambiarlo todo. Entonces la pregunta es: ¿Final del SEO o nueva etapa?
REDEFINIENDO CONCEPTOS
El SEO no desaparece, pero la inteligencia artificial... lo redefine
Menos receta, más criterio: clave para el SEO, bajo presión de la inteligencia artificial. Y ahí es donde la especialización vuelve a marcar la diferencia.
Hasta ahora, el idilio del SEO con los algoritmos dependía de
- optimización técnica (velocidad, rastreo),
- contenido (relevancia, valor) y
- autoridad (enlaces externos).
¿Y con la inteligencia artificial, qué pasa?
La llegada de la IA a los buscadores volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: si el SEO sigue teniendo sentido en un entorno donde muchas respuestas ya no llevan a ningún clic.
La respuesta no es lineal. No hay un final, pero tampoco continuidad tal como la conocíamos.
La optimización para buscadores no desaparece, aunque sí deja de funcionar bajo reglas conocidas.
El SEO tradicional explica cada vez menos cómo se construye visibilidad cuando los contenidos ya no se muestran solo como enlaces, sino que son utilizados directamente por sistemas que generan respuestas.
De posicionar páginas a alimentar sistemas
Con la expansión de funciones basadas en IA, el posicionamiento orgánico empieza a jugar en otro plano.
Importa menos “dónde aparece” un contenido y más cómo es leído e interpretado por los motores.
En muchos casos, el usuario obtiene la información sin necesidad de entrar al sitio original. Eso cambia el sentido mismo de optimizar.
El SEO deja de ser una carrera por rankings y pasa a estar ligado a la forma en que la información se presenta, se estructura y se vuelve útil para un sistema que decide qué toma y qué descarta.
La visibilidad ya no es solo una cuestión de lugar, sino de pertinencia.
La pertinencia es la cualidad de lo que es adecuado, oportuno, conveniente o congruente con una situación, contexto o necesidad específica.
Más exigencia, menos fórmulas
Lejos de simplificar el trabajo, la inteligencia artificial lo vuelve más incómodo.
Las estrategias basadas en repetición o producción en serie empiezan a mostrar límites claros.
El posicionamiento se vuelve menos automático y obliga a leer mejor el contexto, los datos y el comportamiento real de búsqueda.
Un rol que cambia dentro de las organizaciones
En el siglo 20 (1991) nació la World Wide Web, y los primeros buscadores fueron Archie y Gopher.
Entre 1993 y 1994 nacieron Excite, Alta Vista, y Yahoo, que intentaron categorizar el océano de contenidos.
1997 nació el término SEO. Fue el mismo año de la irrupción de BackRub como dominio (el futuro Google, que cambió todo desde 1998 con su algoritmo PageRank).
Cuando moría el siglo 20, apareció Bruce Clay, algo así como padre del SEO; y a la vez Danny Sullivan, quien popularizó el término al fundar Search Engine Watch.
El resto lo hizo la evolución de los algoritmos durante el siglo 21, hasta llegar a la IA, que está en pañales respecto a su potencial (dicen).
Han pasado apenas 35 años y es hora de actualizar: En este escenario, el especialista en SEO ya no cumple solo una función operativa. Empieza a ocupar un lugar más cercano a la toma de decisiones: qué contenidos sostener, dónde invertir esfuerzo y cuándo aceptar que ciertas búsquedas ya no funcionan como antes.
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