Charles Tillman fue un revolucionario silencioso del fútbol americano, algo así como también lo fue Juan Román Riquelme en el fútbol local. Con el “Peanut Punch” cambió la manera de defender, acumuló intercepciones históricas con los Chicago Bears y sostuvo duelos legendarios con Calvin Johnson. Competía con una convicción absoluta y una ética propia, más allá del resultado.
EL VALOR DE RENUNCIAR
Charles Tillman, el Juan Román Riquelme del fútbol americano
Al igual que Juan Román Riquelme, revolucionó su deporte y decidió dar un paso al costado cuando el poder cruzó una línea para no negociar la identidad.
Años después, lejos de los estadios, eligió otro uniforme cuando se unió al FBI. Durante casi ocho años investigó delitos graves en Chicago y formó a otros agentes en tácticas y uso de armas. Es que no era solo un trabajo, sino un servicio guiado por valores como la integridad y el respeto.
Ese código interno lo acompañó a lo largo de su carrera. Creía en el orden, pero desconfiaba de los atajos. Arrestar no era humillar, y la ley no debía ejecutarse sin contexto ni humanidad. Esa mirada, formada desde la infancia y reforzada en el deporte, empezó a chocar con decisiones políticas.
El quiebre llegó en enero, cuando el el servicio de seguridad y de inteligencia nacional de Estados Unidos fue convocado a participar en redadas de inmigración junto a ICE y percibió cuotas, urgencias y perfiles raciales. Fue en ese entonces que comprendió que el trabajo ya no respondía a los valores que lo habían llevado allí.
Juan Román Riquelme y la renuncia como acto de identidad
Como Juan Román Riquelme, Charles Tillman fue un revolucionario sin estridencias. Cambió su juego desde la convicción y nunca negoció su identidad. Ambos entendieron el poder como responsabilidad y el talento como una ética, no como un atajo. Cuando ese código chocó con decisiones ajenas a sus valores, eligieron correrse. Renunciar, para los dos, fue la última jugada fiel para con sus personas.
El paralelismo no es deportivo, sino moral. El actual presidente de Boca Juniors, evitó negociar su manera de entender el juego mientras que el estadounidense tampoco negoció su forma de entender el servicio cuando dejó la Selección Argentina o Europa.
En cierto sentido, los dos comprendieron que el poder puede torcer sentidos cuando deja de servir a las personas. En ese punto aparece la renuncia como gesto político y moral. Irse no fue perder, sino negarse a ser parte de algo que ya no los representaba.
¿Cómo será recordado? Probablemente como un innovador, un competidor extremo, un servidor público y un disidente silencioso. Como el exfutbolista, comprendió que no se trata de ganar a como dé lugar. A veces, la jugada más valiente es salir de la cancha.
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