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EDAD MEDIA

Los Hassassins: la secta que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores

Los Hassassins fue una secta musulmana que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores, de la que proviene la palabra asesino.

Los Hassassins fue una secta de origen musulmán que durante décadas aterrorizó a Medio Oriente en la etapa de la Edad Media, que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores de la que proviene la palabra asesino.

Los cierto es que los integrantes de esta secta se mantenían seguros en sus castillos fortificados en las cimas de las colinas, se hicieron famosos por su estrategia de aislar a las figuras de la oposición y asesinarlas, normalmente en grupos armados con cuchillos. Sus enemigos los conocían como los asesinos en referencia a su uso del hachís; “asasin” es una corrupción del árabe hasisi (“adictos al hachís”), y desde entonces el nombre se ha asociado a su principal modus operandi, el acto de matar con alevosía o ensañamiento. Los ismailíes nizaríes siguen existiendo hoy en día como una rama del islam.

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Los Hassassins fue una secta musulmana que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores, de la que proviene la palabra asesino.

Los Hassassins fue una secta musulmana que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores, de la que proviene la palabra asesino.

Marco Polo describió a las Hassassins en su “Libro de las Maravillas”

“Cuando el Viejo quiere matar a un gran señor, escoge a los mozos que sean más aguerridos (…) los manda diciéndoles (…) que si éste desaparecía les estaba reservado el cielo”.

Con estas palabras, el explorador veneciano Marco Polo describió en su “Libro de las Maravillas” a un grupo de musulmanes que décadas antes sembró el terror en Medio Oriente tanto entre los cristianos como entre los seguidores del profeta Mahoma: los hassassins o hashshashin.

Del primer término proviene la palabra asesino, la cual usamos para referirnos a alguien que mata a otra persona.

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Los Hassassins fue una secta musulmana que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores, de la que proviene la palabra asesino.

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Los grandes golpes atribuidos a los Hassassins

Uno de los grandes golpes atribuidos a esta orden ocurrió en el 28 de abril de 1192 en la ciudad de Tiro (actual Líbano). Ese día, el noble italiano Conrado de Monferrato, quien era uno de los líderes de la tercera cruzada, se disponía a celebrar su reciente elección como rey de Jerusalén.

Sin embargo, el festejo no llegó a celebrarse. De acuerdo con crónicas de la época, dos mensajeros lograron llegar hasta el noble con una carta y mientras éste la leía los sujetos sacaron unas dagas y lo acuchillaron.

Y aunque nunca se aclaró quién envió a los atacantes, sí quedó asentado que eran miembros de la secta de los Asesinos, la cual con el paso del tiempo ha inspirado a novelistas, directores de cine y de televisión; y más recientemente a los creadores de la saga de video juegos Assassin's Creed.

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Los Hassassins fue una secta musulmana que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores, de la que proviene la palabra asesino.

Los Hassassins fue una secta musulmana que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores, de la que proviene la palabra asesino.

El nombre de asesinos

Los ismailíes nizaríes comían hojas de cáñamo pulverizadas (hachís), que contenían una droga psicoactiva, aparentemente antes de salir en una misión de asesinato. El nombre “asesino” proviene del término latino assassinus, que es una corrupción de las palabras árabes hasisi, al-Hashishiyyun o hashashun, que significa “consumidor de hachís”. Como los ismailíes nizaríes utilizaban esta estrategia de asesinato tan a menudo, el nombre que usaban los árabes medievales para describir sus hábitos de consumo de drogas se volvió sinónimo del acto de asesinar a un oponente religioso o político.

Puede que sus enemigos utilizaran el uso de drogas de los asesinos como una forma de explicar sus extraordinarias habilidades y su disposición a morir por la causa. Alternativamente, puede que nunca utilizaran tales estimulantes y que su reputación de usuarios fuera más bien una demonización ficticia o una explicación inventada para su alta tasa de éxito a la hora de matar gente y la ineficacia casi total de cualquiera para detenerlos.

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Los Hassassins fue una secta musulmana que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores, de la que proviene la palabra asesino.

Los Hassassins fue una secta musulmana que tuvo el poder de Persia y Siria, persiguió y mató a opositores, de la que proviene la palabra asesino.

Creencias herejes

Los ismailíes eran una secta musulmana chiita formada en el siglo VIII que se escindió de otros musulmanes por su adherencia a Ismaíl (muerto en 760) el hijo mayor del sexto imán (líderes de la fe después del profeta Mahoma), Jafar al-Sadiq (muerto en 765). Los ismailíes creían que Ismaíl, a pesar de morir antes que su padre, ya había sido nombrado por este como su sucesor. Por tanto, el siguiente imán, el séptimo, tenía que ser el hijo de Ismaíl, Mohammed al-Mahdi, en vez del que apoyaba el chiismo ortodoxo, el hermano de Ismaíl, Musa al-Kazim (muerto en 799). Por este motivo, a menudo se llamaba a los ismailíes los “séptimos”. Los ismailíes esperaban la llegada del Mahdi o “el bienguiado” que restauraría la paz y la justicia y señalaría la llegada del Qaim, “el portador de la resurrección”.

Por tanto, los demás grupos islámicos consideraban a los ismailíes herejes; y esto ocurría no solo entre los demás musulmanes chiitas, sino también entre los suníes del califato abasí (750-1258) basado en Bagdad. A finales del siglo XI los propios ismailíes se dividieron en dos grupos tras una disputa dinástica y su decepción con el califato fatimí ismailí (909-1171), basado en El Cairo, para progresar con su ambición de dominar todo el mundo musulmán. La rama oriental de la secta, los ismailíes nizaríes, recibieron este nombre por su candidato favorito a califa, Abu Mansur Nizar (1047-1097). Los nizaríes eran más militantes que la rama ismailí rival y fueron ellos los que más adelante se conocerían como los asesinos.

Los territorios de los asesinos

Los ismailíes nizaríes, liderados en un principio por un misionero de Egipto, Hasan Ibn al-Sabbah (en torno a 1048-1124), establecieron bases en Irán y formaron una comunidad político-religiosa nueva, similar a las órdenes europeas de caballería medievales. Los miembros se formaban, se entrenaban, se iniciaban y por último se clasificaban según sus conocimientos, su fiabilidad y su valor. Todos juraban una obediencia absoluta y lealtad al líder de la orden.

La secta fue creciendo y con el tiempo llegó a adquirir una serie de castillos en las cimas de las colinas entre 1130 y 1151. Muchas fortalezas se encontraban en el norte de Siria en la región de Jabal Ansariyya, que en aquel entonces formaba frontera con los Estados cruzados sirios. Estas adquisiciones incluían la ciudad fortaleza de Masyaf en el valle del Orontes, Siria, tomada en torno a 1141, que básicamente se convirtió en la capital nizarí de un «mini-Estado» asesino en Siria. El fracaso de la segunda cruzada (1147-49) a la hora de recuperar Edesa del control musulmán y la destrucción de dos ejércitos comandados por el rey alemán Conrado III (que reinó de 1138-1152) y Luís VII, rey de Francia (que reinó de 1137-1180), les permitieron a los nizaríes mantenerse de manera indiscutida en el norte de Siria incluso si de vez en cuando pagaban tributos a los Estados cruzados para mantener su aislamiento o incluso los apoyaban en las guerras contra los musulmanes suníes de la región.

La expansión de los asesinos por Egipto, Siria y Yemen

Para el siglo XIII la secta se había expandido y había nizaríes en Egipto, Siria, Yemen, el sur de Irak, el suroeste de Irán (Juzestán) y Afganistán, aunque siguieron estando aislados de sus enemigos y los unos de los otros en sus castillos inexpugnables, aunque al menos estaban bien protegidos. A pesar de todo, los rumores sobre su existencia se fueron extendiendo y el jefe de la secta se hizo conocido en Occidente a través de los cruzados como el “Viejo del a montaña”. Este título se asociaría especialmente con el jeque Rashid al-Din Sinan (que reinó de 1169-1193).

Uno de los retiros de montaña más importante era Maimum-Diz, situado al norte del valle de Alamut, al sur del mar Caspio (también conocido como castillo Alamut o por su sobrenombre de “nido del águila”). Este castillo, uno de los primeros que tomaron los asesinos en 1090, era el cuartel general de una secta de Irán, así como el hogar del “Gran Maestre” o “Viejo” de la orden. Los castillos asesinos estaban construidos de piedra con estructuras superiores de madera, pero algunos eran edificios defensivos complejos. El castillo de Masyaf es un ejemplo de esto con sus muros concéntricos y una torre.

La estrategia de asesinato

Los asesinos no tenían una gran fuerza militar, por lo que su estrategia de buscar objetivos concretos y oponentes poderosos era buena. Su arma preferida para el asesinato era casi siempre el cuchillo y las misiones las solían realizar equipos pequeños, en ocasiones disfrazados de pedigüeños, ascetas o monjes. El asesinato normalmente se planeaba en un lugar concurrido para maximizar las consecuencias políticas y religiosas del acto. Los asesinos no esperaban sobrevivir a la misión y se conocían como “fidain” (fidai en singular) o “comandos suicidas”.

Está claro que los hombres estaban dispuestos a morir por el “Viejo de la montaña”, pero sus razones no. Marco Polo (1254-1324), el explorador veneciano, ofrece la siguiente explicación en sus Viajes, un relato de sus aventuras por Asia en el último cuarto del siglo XIII, información que puede que también explique el verdadero uso del hachís entre los asesinos:

“En su idioma el Viejo se llamaba Al-eddin... En un hermoso valle rodeado de elevadas montañas había formado un jardín de lujo lleno de todas las frutas deliciosas y plantas olorosas que se podían conseguir... Se erigieron palacios de varias formas y tamaños... Los habitantes de estos palacios eran damiselas elegantes y hermosas, expertas en el arte de la canción, en la interpretación de todo tipo de instrumentos musicales, en la danza y especialmente en el arte de la seducción y la atracción amorosa... En su corte, del mismo modo, este jefe acogía a varios jóvenes... Para ellos estaba en la práctica diaria del discurso sobre el tema del paraíso anunciado por el profeta... y en ciertos momentos hacía que administrasen opio a diez o doce de estos jóvenes; y cuando estaban medio muertos de sueño los llevaba a varios apartamentos de los palacios del jardín. Al despertar... cada uno se encontraba rodeado de adorables damiselas que cantaban, bailaban y atraían su mirada con las caricias más fascinantes, también le servían viandas delicadas y vinos exquisitos; hasta que intoxicado con un exceso de goce... creía que sin duda estaba en el Paraíso... Cuando habían pasado así cuatro o cinco días, los volvía a arrojar a un estado de somnolencia y los llevaba al jardín... Cuestionados por él [el Viejo] sobre dónde habían estado, su respuesta era ‘en el Paraíso, gracias al favor de su alteza’. El jefe al dirigirse a ellos, decía: ‘Tenemos la garantía de nuestro profeta de que aquel que defiende a su señor heredará el Paraíso, y si demostráis ser devotos a la obediencia de mis órdenes, esa suerte feliz os espera’”.

(Libro 1, Capítulo XXII)

Hay un pasaje que lo corrobora de un texto llamado Xishiji de Chang-de, el funcionario estatal y viajero chino, escrito en 1263. En ese pasaje, Chang-de señala que los asesinos:

“...encontraban a cualquier hombre fuerte [y] lo embaucaban con bienes materiales... Lo intoxicaban, lo acompañaban a un sótano y lo entretenían con música y belleza. Le dejaban disfrutar del placer sensual... Cuando se despertaba... le enseñaban que, si podía morir como un asesino, viviría en una alegría y comodidad así”. (citado en Hillenbrand, 24).

Los objetivos

Entre las infames víctimas de los asesinos se contaba el poderoso gran visir de Bagdad, Nizam al-Mulk, asesinado el 14 de octubre de 1092. Otro objetivo logrado, y la primera víctima cristiana, fue Raimundo II, conde de Trípoli, en 1152. Raimundo (que gobernó de 1137-1152) probablemente había molestado a los asesinos al concederles a los caballeros hospitalarios una franja de tierra cerca de su base en las montañas Nosairi en Siria. Este asesinato provocó la masacre de todos los orientales indígenas en el condado de Trípoli en un intento burdo y fallido de encontrar a los culpables.

Otra tercera víctima destacada fue Conrado de Monferrato, asesinado el 28 de abril de 1192. Conrado, nombrado rey de Jerusalén tan solo unos pocos días antes, fue apuñalado una noche por un equipo doble de asesinos cuando regresaba a casa después de cenar en Tiro. Los asesinos se habían disfrazado de monjes y atraparon a Conrado desprevenido al enseñarle una carta antes de apuñalarlo. Ricardo I de Inglaterra, el «Corazón de León» (1189-1199), fue acusado por sus detractores de haber pagado por este acto, ya que la tercera cruzada (1189-1192) se desvaneció en un final inconcluso y los occidentales se pelearon entre sí por quién debía gobernar qué en Oriente Medio.

La efectividad de los asesinos

En ocasiones los asesinos eran tan efectivos que nadie estaba seguro de si habían sido ellos o no los que habían cometido el crimen. En uno de estos casos la víctima fue Maudud, el atabeg de Mosul, a quien atacaron en un patio cuando regresaba a casa después de rezar en la Gran Mezquita de Damasco el 2 de octubre de 1113. Un único asesino se aproximó al atabeg pidiendo limosna y luego lo agarró del cinturón y lo apuñaló dos veces en el estómago. El asesino fue capturado y decapitado y quemaron su cuerpo, pero no había más que una sospecha de que lo habían enviado los nizaríes. En consecuencia, cabe preguntarse cuántas muertes misteriosas se pueden atribuir realmente a los asesinos y, del mismo modo, cuántas muertes que no tenían conexión alguna con ellos se le atribuyeron a esta secta secreta.

El propio Saladino, sultán de Egipto y Siria (que reinó de 1174-1193) estuvo a punto de ser una de sus víctimas. Saladino, un musulmán suní, se había granjeado la ira de los asesinos al proclamar públicamente que todos los herejes musulmanes serían crucificados. Los asesinos respondieron a la manera tradicional. Sin embargo, fracasaron en dos ocasiones. Primero, en 1175, un grupo de 13 no logró acercarse a la víctima y la segunda vez, en 1176, los cuatro asesinos enviados no lograron más que perforar su coraza y cortarle la mejilla antes de ser asesinados por el guardaespaldas del sultán.

Saladino respondió enfáticamente a estos atentados; primero asoló el campo en torno a Masyaf y luego asedió el castillo durante una semana. Después, curiosamente abandonó la campaña. Una posible explicación para este cambio de parecer puede ser la historia que dice que los asesinos se colaron en la tienda de Saladino por la noche, pero que, en vez de matarlo, le dejaron un cuchillo debajo de la almohada a modo de advertencia de lo que podría haber ocurrido con tanta facilidad (Nur ad-Din, gobernador de Alepo y Edesa entre 1146-1174, recibió una advertencia similar). Una versión alternativa de esta historia, que proviene de un texto ismailí, dice que un asesino dejó un pastel envenenado bajo la almohada del sultán con una nota siniestra que decía “Estás en nuestro poder”.

Otra versión de los acontecimientos dice que Saladino le concedió una audiencia a un emisario de los asesinos en la que el sultán se mantuvo a salvo tras dos de sus guardaespaldas más fiables. Entonces, el emisario les preguntó a los guardaespaldas si matarían al sultán si él se lo pidiera y ellos respondieron “sin duda”. A lo mejor resulta un poco fantasioso pensar que los asesinos se habían infiltrado hasta tal punto en el séquito del sultán, pero la moraleja de las tres versiones de esta historia está clara: nadie podía escapar de los asesinos para siempre una vez se convertía en objetivo. Cualquiera que fuese la versión real, Saladino recibió el mensaje y negoció un pacto de no agresión beneficioso para ambas partes con el líder asesino de Siria.

Así que no resulta sorprendente que, con su impresionante currículum de víctimas poderosas eliminadas, los asesinos se volviesen tan temidos por su efectividad que los gobernantes siempre llevaban cota de malla bajo sus extravagantes ropajes. Incluso Saladino, tras su encontronazo con los asesinos, empezó a dormir en una torre de madera construida expresamente en vez de en una tienda y a despachar de su presencia a cualquiera que no reconociese personalmente.

Destrucción a manos de los mongoles

Mongke Kan, el gran kan del Imperio mongol (que reinó de 1251-1259) había nombrado a su hermano menor Hulegu (muerto en 1265) virrey de Irán. Hulegu recibió un ejército y órdenes de ir de campaña y expandir el imperio hacia el oeste. Tuvo un gran éxito en esta empresa y, de camino, derrotó a los asesinos en 1256 al tomar sus castillos que antes se creían inexpugnables uno tras otro, Alamut incluido. Los asesinos habían cometido el error estratégico de llevar a cabo uno de sus infames atentados contra un comandante mongol, un tal Chaghadai, de manera que el gran kan anterior, Guyuk (que reinó de 1246-1248) ya los había señalado como insubordinados problemáticos para la hegemonía mongola.

Los mongoles lograron su propósito gracias a sus maquinarias de asedio tecnológicamente avanzada y a sus catapultas que podían, entre otras cosas, lanzar bombas de pólvora a grandes distancias y con gran precisión y potencia. Para disparar a los castillos asesinos encaramados en las cimas de las montañas, a menudo los mongoles ascendían a un pico cercano y subían también sus catapultas y ballestas de asedio desmontadas; desde ahí, podían dispararle al enemigo. Los asesinos no se limitaron a sentarse tras los muros de sus fortalezas y tenían sus propias catapultas y ballestas de mano que infligieron bajas significativas entre los mongoles. Tal y como el historiador persa Ata-Malik Juvayni (1226-1283) describe de manera bastante romántica en su historia del Imperio mongol, en uno de estos ataques:

“...los hombres jóvenes acertaban al blanco más ínfimo con sus flechas como lanzas y no se estremecían frente a las piedras o las flechas. Las flechas, proyectiles del destino descargados por el ángel de la muerte, volaban contra estos miserables y pasaban como el granizo a través de las nubes”. (citado en Turnbull, 55)

Al final los mongoles tomaron los castillos, a menudo ayudados por la exhibición del gran maestre asesino capturado, Rukn al-Din Khur-Shah, frente a los muros, y la secta fue reprimida. Como golpe de gracia, Mongke ordenó a Rukn al-Din Khur-Shah que viajara a Karakórum, la capital mongola, para una audiencia. Luego se negó a recibirlo y al final lo mandó ejecutar mientras viajaba de regreso a casa, pisoteado por sus guardias. Esta muerte «sin derramamiento de sangre» era el tratamiento corriente para un gobernante que había ignorado tontamente las propuestas diplomáticas iniciales de los mongoles y no se había rendido antes de que prepararan la primera catapulta. Rukn al-Din Khur-Shah difícilmente podía quejarse, ya que antes había despachado a 400 asesinos en un intento fallido de asesinar a Mongke.

Los castillos asesinos que quedaban cayeron uno tras otro y sus habitantes, hombres, mujeres y niños, fueron asesinados; las mujeres y los niños que tuvieron la suerte de sobrevivir fueron vendidos como esclavos. Con esto, los ismailíes nizaríes quedaron prácticamente exterminados en Persia, pero algunos de sus castillos sobrevivieron en Siria antes de ser atacados por el líder mameluco, Al-Zahir Baibars, sultán de Egipto y Siria (que reinó de 1260-1277). Para la década de 1270, muchos de los antiguos castillos asesinos estaban ya en poder de los mamelucos. Incluso entonces todavía quedaban algunos ismailíes escondidos, porque en el siglo XIX se sabe que un grupo se trasladó a India, donde fundó una comunidad pequeña y todavía herética. Cuando los mongoles pasaron a su mayor objetivo de Bagdad los musulmanes dominantes saquearon las bibliotecas de los asesinos que todavía no habían sido destruidas por los mongoles, especialmente la famosa biblioteca del castillo de Almut, y salvaron muchos textos antiguos (la mayoría de los cuales acabaría en Maragheh, Irán), pero también quemaron todos los que tenían que ver con las creencias heréticas de los ismailíes, con lo que a los historiadores posteriores no les quedaron más que unos restos textuales escasos e insatisfactorios con los que reconstruir la historia de los asesinos.

Legado

Puede que los asesinos medievales hayan desaparecido hace mucho, pero los ismailíes nizaríes siguieron adelante como una rama del islam chiita y sus líderes estuvieron representados por los Aga kans de Irán a partir de 1817. El actual líder o imán de los ismailíes nizaríes es el príncipe Shah Karim al-Husseini, Aga Kan IV (que ha reinado desde 1957). Los viajeros intrépidos que quieran descubrirlos todavía pueden ver muchos de los castillos ismailíes en ruinas; Alamut y Masyaf son buenos ejemplos. La secta también ha ganado una presencia nueva gracias al videojuego de 2007 Assassin's Creed y sus secuelas, que se basan libremente en los ismailíes nizaríes.

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