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¿OPORTUNIDAD DE INVERSIÓN?

Lucciano's y su exorbitante cifra para ser franquiciado

Abrir un Lucciano’s no es una apuesta accesible, ya que la marca estructuró sus franquicias sobre un ticket de entrada alto.

Lucciano’s construyó su posicionamiento sobre una combinación precisa de producto, diseño y experiencia, pero también sobre una decisión menos visible y mucho más determinante, que es el costo de acceso al negocio, un dato que no aparece en la fachada de los locales, pero que define desde el primer minuto quién puede formar parte de la expansión de la marca y quién queda afuera.

La compañía nacida en Mar del Plata, que logró consolidarse como referencia del helado premium en Argentina y dar el salto a mercados como Estados Unidos y Europa, estructuró su crecimiento mediante un esquema de franquicias que deliberadamente eleva la barrera de entrada, no solo para preservar la identidad del concepto, sino también para filtrar perfiles de inversores con capacidad financiera y horizonte de largo plazo.

Según la información oficial del programa de franquicias, la inversión total por local comienza en torno a los US$200.000 y puede escalar hasta los US$450.000, dependiendo del formato elegido, la ubicación y la superficie del punto de venta, un rango que deja en claro que no se trata de una franquicia pensada para pequeños capitales ni para apuestas tácticas de corto recorrido.

Cuánto capital exige realmente abrir un Lucciano’s

El esquema de inversión se encuentra claramente segmentado por tipo de local, lo que permite entender cómo se estructura el desembolso inicial y qué nivel de exposición financiera asume cada franquiciado desde el inicio.

El formato más accesible es la góndola, que requiere una inversión estimada de entre US$200.000 y US$250.000, mientras que la tienda estándar, que constituye el corazón de la red, eleva ese rango a valores de US$300.000 a US$400.000. El formato más accesible es la góndola, que requiere una inversión estimada de entre US$200.000 y US$250.000, mientras que la tienda estándar, que constituye el corazón de la red, eleva ese rango a valores de US$300.000 a US$400.000.

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En el extremo superior aparecen las tiendas flagship, pensadas para ubicaciones icónicas, esquinas estratégicas y zonas turísticas de alto tránsito, donde la inversión total se ubica entre US$400.000 y US$450.000.

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Estos montos incluyen la maquinaria inicial, las cámaras frigoríficas, el mobiliario, la obra civil y el derecho de entrada, lo que permite tener una foto relativamente completa del capital comprometido antes de la apertura.

Dentro de ese paquete se encuentra el fee de ingreso de US$35.000, ya incorporado en la inversión total, aunque quedan por fuera del cálculo el IVA y la carga inicial de stock, dos componentes que incrementan el esfuerzo financiero efectivo al momento de poner el local en marcha.

Regalías, pagos recurrentes y un contrato que prioriza control

Una vez superada la barrera del desembolso inicial, el modelo avanza sobre una estructura contractual que refuerza la lógica de control centralizado.

El contrato de franquicia tiene una duración de cuatro años y establece regalías del 5% sobre la venta neta de productos que no son helado, a lo que se suma un 2% adicional correspondiente al fee de soporte y publicidad, calculado sobre la facturación al público.

Este esquema implica que el franquiciado debe contar con márgenes suficientes para absorber costos fijos elevados, pagos recurrentes y una operatoria intensiva en estándares, ya que la marca centraliza decisiones clave vinculadas al diseño del local, la operación diaria, la logística, la capacitación del personal y la estrategia de marketing, reduciendo la improvisación pero también la flexibilidad individual.

La inversión como filtro

El precio de entrada no es un efecto colateral del modelo, sino una herramienta estratégica. El precio de entrada no es un efecto colateral del modelo, sino una herramienta estratégica.

Lucciano’s utiliza la inversión inicial como un mecanismo de selección que apunta a garantizar que cada nuevo local esté en manos de operadores con capacidad financiera, disciplina operativa y alineamiento con el posicionamiento premium de la marca.

Esa lógica explica por qué la expansión se apoya en una estructura productiva propia, con una planta industrial de 8.000 m² en Mar del Plata, desde donde se abastecen más de 80 locales en Argentina, 20 en el exterior y 1.500 puntos de retail, integrando producción de helado, chocolates, pastelería, laboratorio de análisis y una academia de formación que refuerza la estandarización del negocio.

Ubicación, escala y paciencia como activos clave

El modelo no está pensado para cualquier punto comercial ni para ubicaciones marginales, sino para superficies que oscilan entre 100 y 220 metros cuadrados, emplazadas en zonas premium, corredores turísticos y áreas de alto tránsito peatonal, donde la marca puede sostener ticket promedio elevado y volumen suficiente para amortizar una estructura de costos exigente.

En ese contexto, la expansión internacional hacia Estados Unidos, España, Italia, Uruguay y Chile no responde a una lógica de cantidad, sino de visibilidad y posicionamiento, priorizando ciudades y centros comerciales que refuercen el valor simbólico de la marca.

La cifra inicial es clara, pero el verdadero interrogante aparece después, cuando el inversor evalúa si está dispuesto no solo a pagar el precio de entrada, sino a sostener un negocio donde el capital, la ubicación y la marca pesan tanto como el producto, y donde la paciencia termina siendo un activo tan relevante como el dinero.

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