Durante décadas, la noticia tuvo un recorrido claro y previsible. A la mañana, el diario marcaba la agenda. Al mediodía la radio la amplificaba. A la noche, el noticiero televisivo la ordenaba y le ponía rostro. El sistema era vertical y centralizado. Había pocos emisores y millones de receptores. No existía el algoritmo.
EL REINO DE LAS REDES SOCIALES
De la tapa del diario al algoritmo: Cambió la forma de informarnos (¿estamos mejor informados?)
El algoritmo le concede más poder a las redes sociales que a los medios convencionales. Ha cambiado la forma de informarse pero no estamos mejor informados.
Ese esquema empezó a resquebrajarse con la llegada de internet, pero terminó de romperse cuando el consumo informativo se desplazó definitivamente hacia las plataformas digitales. De acuerdo con mediciones recientes del Pew Research Center, el 53% de los adultos en USA afirma que hoy se informa a través de redes sociales, al menos de manera ocasional. No se trata de un fenómeno marginal ni coyuntural: es el nuevo centro del sistema.
La noticia dejó de tener un punto de entrada único y pasó a circular fragmentada, desordenada y muchas veces sin un medio claramente identificable como origen.
Hay algo peor: la opinión pública no se encuentra mejor informada que en el pasado. Algunos creen que todo lo contrario. Sin embargo, al menos por ahora, es irreversible.
Cuando compartir fue más importante que informar
En un primer momento, las redes funcionaron como un espejo del ecosistema tradicional. Facebook replicaba titulares, Twitter amplificaba alertas informativas y YouTube alojaba fragmentos de noticieros.
El periodismo seguía produciendo; las plataformas solo distribuían.
Ese equilibrio duró poco.
Hoy, el 38% de los adultos dice informarse regularmente a través de Facebook, mientras que el 35% lo hace desde YouTube.
No porque esos espacios sean percibidos como medios, sino porque la información aparece integrada a la rutina cotidiana. La noticia ya no se busca: se cruza.
El problema es que, en ese cruce, la lógica de circulación pesa más que la relevancia pública. Lo que se comparte no es necesariamente lo más importante, sino lo que genera reacción.
Plataformas chicas, consumo intenso
El dato más disruptivo no está en las plataformas masivas, sino en las otras. Redes con menor alcance general concentran niveles altísimos de consumo informativo entre sus propios usuarios.
Más de la mitad de quienes usan TikTok dice que se informa allí de manera regular, una cifra que hace apenas unos años era marginal.
Algo similar ocurre con X, donde el porcentaje de usuarios que consumen noticias supera ampliamente el promedio general de las redes.
El contraste es brutal: menos usuarios totales, pero más intensidad informativa.
Esto explica por qué ciertas plataformas, aun sin ser mayoritarias, logran instalar temas, climas y marcos de interpretación que luego se expanden al resto del sistema mediático.
Del timeline al encuadre
El cambio no fue solo tecnológico. Fue narrativo. Cada plataforma impuso su gramática.
En X, la noticia se convierte en conflicto y posicionamiento. En Instagram, en imagen y síntesis. En TikTok, en relato breve, emocional y personalizado.
Un mismo hecho puede tener versiones completamente distintas según el entorno donde circule. La información dejó de funcionar como un punto de partida común y pasó a ser un insumo para reforzar identidades.
Los datos también muestran una segmentación clara por edad, género y nivel educativo. Los jóvenes consumen noticias en mayor proporción en plataformas visuales y de ritmo acelerado. Las audiencias mayores se concentran en espacios más conocidos. Las mujeres se informan más en ciertas redes; los hombres, en otras. Incluso aparecen diferencias marcadas según orientación política.
El resultado es un ecosistema informativo partido en múltiples burbujas, donde cada grupo accede a su propia versión de la realidad. Las redes ya no funcionan como canales: funcionan como territorios.
El nuevo desafío
El periodismo convive con algoritmos que priorizan impacto y participación y con audiencias que procesan la información en entornos fragmentados atravesados por emociones e identidades.
La agenda se construye en tiempo real bajo reglas que ningún actor controla por completo y donde la visibilidad depende tanto del contenido como de su capacidad de circular.
Para la comunicación corporativa, institucional y política, este escenario redefine las reglas del juego. Ya no alcanza con emitir mensajes claros ni con ocupar espacios en medios tradicionales.
La reputación se construye en múltiples capas simultáneas, muchas de ellas fuera del control directo de las organizaciones. Un comunicado puede ser correcto pero irrelevante. Una información precisa pero invisible.
Informar vuelve a ser un desafío complejo. No alcanza con publicar datos. En un contexto donde más de la mitad de la población se informa fuera de los medios tradicionales, el riesgo no es solo no ser escuchado, sino ser leído fuera de marco.
------------------------------
Otras lecturas de Urgente24:
Finde en AMBA: Buenos Aires Market, conciertos gratis y concurso de Anime
Finde en Rosario: Circo Ánima, propuestas para combatir el calor y más
La mejor aplicación de viajes que revoluciona al turismo
Otra coronación: Una ciudad argentina fue elegida como la mejor del mundo















