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EL VERDADERO DESAFÍO MACRO

Inflación 2,9% y una advertencia directa de De Pablo

Con 2,9% mensual y 32,4% interanual, Juan Carlos De Pablo advierte que el foco no es el INdEC sino la inflación que no perfora el 2%.

La inflación volvió a quedar bajo la lupa luego de que el Instituto Nacional de Estadística y Censos -INdEC- informara un 2,9% mensual en enero y una variación interanual de 32,4%. Un registro que confirma que el proceso de desaceleración continúa, aunque todavía lejos de consolidar un sendero compatible con estabilidad plena.

La columna de Juan Carlos de Pablo se detiene menos en el dato puntual y más en la interpretación que se hace de él, sobre todo después del ruido político que rodeó el cambio en la estructura de ponderaciones del índice y la salida de Marco Lavagna del organismo estadístico, un episodio que generó cuestionamientos en el plano comunicacional pero que, según la evidencia de mercado, no alteró decisiones financieras concretas.

El mercado validó el dato con precios

El punto central del análisis descansa en un hecho verificable, dado que los bonos ajustados por CER no registraron castigos atribuibles al episodio metodológico ni ampliaciones significativas de spreads que pudieran sugerir desconfianza respecto del índice oficial, lo cual implica que los inversores institucionales, principales tenedores de estos instrumentos, convalidaron la consistencia del IPC más allá del debate político.

Si hubiera existido una sospecha relevante sobre la calidad estadística del dato, la reacción habría sido inmediata en las paridades y en la tasa implícita de los títulos indexados, algo que no ocurrió, motivo por el cual el episodio quedó circunscripto al plano mediático sin impacto tangible en la valuación de activos.

El 2,9% de enero, calculado con la misma estructura de ponderaciones que el 2,8% de diciembre, no introduce una ruptura metodológica ni un quiebre en la serie, por lo que la discusión técnica pierde centralidad frente a un problema más profundo que es la persistencia del ritmo inflacionario.

El problema es la tasa, no la controversia

El economista plantea que la atención debería desplazarse desde la polémica institucional hacia la dinámica efectiva de precios, porque desde fines de 2024 la inflación mensual nunca logró perforar de manera sostenida el umbral del 2%, lo que configura un escenario de desaceleración incompleta que mantiene viva la nominalidad.

Un registro mensual cercano al 3% implica, si se lo anualiza, una tasa que supera con holgura el 40%, mientras que el 32,4% interanual refleja una mejora respecto de los picos del año anterior.

Aunque todavía distante de niveles que permitan hablar de estabilidad consolidada en una economía con historia de shocks recurrentes. Aunque todavía distante de niveles que permitan hablar de estabilidad consolidada en una economía con historia de shocks recurrentes.

La inflación dejó de ser explosiva y dejó atrás el riesgo inmediato de desanclaje total, pero tampoco ingresó en una zona de confort macroeconómico, dado que su persistencia erosiona previsibilidad en contratos, paritarias y decisiones de inversión.

Un fenómeno monetario

El interrogante que introduce el análisis remite al marco teórico clásico y a su adaptación a la Argentina actual, porque preguntarse si la inflación es exclusiva o principalmente monetaria obliga a definir primero cuál es el agregado relevante en un sistema financiero mucho más sofisticado y dolarizado que aquel que estudiaron Milton Friedman y Anna Schwartz en los años sesenta.

En una economía donde conviven pesos transaccionales, depósitos remunerados, pasivos del banco central, instrumentos del Tesoro y activos en moneda extranjera que funcionan como reserva de valor, identificar el canal predominante de transmisión entre emisión y precios requiere un diagnóstico más fino que el que ofrecían los manuales tradicionales.

Además, la dinámica inflacionaria puede estar influida por determinantes inmediatos, como ajustes tarifarios o recomposición de márgenes sectoriales, y por factores mediatos vinculados a la consistencia fiscal y a la credibilidad del régimen monetario, lo que obliga a separar causas estructurales de movimientos coyunturales.

Inflación sin salto cambiario

Uno de los aspectos más provocadores del planteo es la coexistencia de inflación con un tipo de cambio nominal relativamente estable o incluso apreciado en términos reales, circunstancia que desafía tanto a quienes atribuyen toda suba de precios a la devaluación como a quienes consideran que el ancla cambiaria es condición suficiente para estabilizar.

Si el dólar oficial no acelera y, aun así, los precios avanzan en torno al 3% mensual, entonces la explicación no puede reducirse al pass through inmediato y debe contemplar inercia, expectativas, estructura de costos y recomposición de precios relativos que todavía no terminaron de alinearse.

Este punto resulta especialmente relevante para el debate público, porque demuestra que la nominalidad argentina posee componentes más profundos que el simple movimiento del tipo de cambio, lo que obliga a un enfoque integral que contemple política fiscal, monetaria y coordinación de expectativas.

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