El economista Diego Giacomini volvió a encender el debate sobre el rumbo macroeconómico al advertir que, si se sostiene el apretón monetario iniciado en agosto de 2025, la inflación podría volver a bajar de manera transitoria, aunque al costo de un enfriamiento profundo de la economía real y la actividad.
La definición es menor en un contexto donde el mercado empieza a preguntarse si el freno de precios observado en los últimos meses tiene bases sólidas o si responde, en gran medida, a la fuerte restricción de liquidez impuesta por el Banco Central (BCRA).
El planteo introduce una tensión conocida por la City, en donde, el ajuste monetario puede resultar eficaz para moderar la nominalidad en el corto plazo, pero no es gratuito. El canal de transmisión opera vía crédito, consumo e inversión.
El ajuste que arrancó en agosto
Según Giacomini, el endurecimiento monetario comenzó en agosto de 2025 y se mantiene vigente al menos hasta comienzos de febrero de 2026. Ese período coincidió con un esquema de mayor disciplina en agregados monetarios, suba de encajes y menor expansión de base monetaria. El objetivo fue claro reducir la presión inflacionaria tras un año marcado por volatilidad política y tensiones cambiarias.
La estrategia buscó anclar expectativas a través de la escasez de pesos. Menos liquidez implica menor capacidad de convalidar subas de precios, especialmente en bienes y servicios no regulados.
Sin embargo, el economista advierte que esa baja podría ser transitoria si no se consolidan factores estructurales. La política monetaria puede enfriar, pero no corrige por sí sola distorsiones de productividad, rigideces fiscales o desajustes del tipo de cambio.
Inflación a la baja
El punto central de la advertencia es el intercambio entre desinflación y nivel de actividad. La experiencia argentina muestra que los procesos de contracción monetaria tienden a impactar con rapidez en el PBI, el empleo y la dinámica del sector privado. El crédito se desacelera, el consumo pierde dinamismo y la inversión posterga decisiones.
Las empresas ajustan inventarios, frenan planes de expansión y priorizan liquidez. El resultado es un enfriamiento que puede reflejarse en menor crecimiento económico y caída de la demanda interna.
¿Desinflación sostenible o pausa técnica?
Giacomini introduce un matiz clave al hablar de baja “transitoriamente” ya que La desinflación sostenible requiere consistencia fiscal, estabilidad cambiaria y credibilidad institucional. Si el ajuste monetario no se acompaña con reformas que reduzcan la inercia inflacionaria, el riesgo es que, una vez relajada la restricción, la nominalidad retome su tendencia.
La dinámica inflacionaria argentina combina expectativas adaptativas, indexación y sensibilidad al dólar.
En la City, algunos analistas señalan que el éxito del apretón dependerá de la capacidad del Gobierno para sostener superávit primario y evitar financiamiento monetario indirecto. Si el Tesoro mantiene disciplina y el Banco Central evita expansiones abruptas, el escenario de menor inflación podría consolidarse.
Impacto en los activos
El mercado de renta fija suele reaccionar con sensibilidad a estos movimientos. Un ciclo de desinflación mejora las expectativas para bonos en pesos, especialmente aquellos ajustados por CER o tasa fija, siempre que el riesgo de reactivación inflacionaria sea bajo. En cambio, una recesión más marcada puede afectar utilidades corporativas y presionar acciones.
Para los inversores, la señal es clara monitorear la consistencia del esquema monetario y los datos de actividad. Si el freno de precios viene acompañado de caída pronunciada del consumo y producción, la recuperación bursátil podría demorarse.
El desafío radica en transformar ese enfriamiento en una transición ordenada hacia estabilidad macroeconómica duradera, evitando que la baja de la inflación sea apenas un respiro antes de una nueva tensión.
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