En la Patagonia austral, donde la ganadería ovina moldeó durante décadas la economía regional, productores y técnicos impulsan ahora una propuesta que para alambrar hasta 400 km sobre la ruta 3, y así evitar el cruce de guanacos a zonas de producción ovina. La ganancia de las mineras y petroleras.
¿QUÉ GANAN?
Mineras y petroleras construyen megaalambrado "anti-guanacos" de 400 km en la Patagonia
Más de 25.000 guanacos mueren por año atrapados en alambrados de la Patagonia. Mineras y petroleras preparan un bloqueo innovador y se llevan un rédito.
El proyecto, presentado durante la 102ª Exposición Rural de Puerto Deseado, propone un Modelo Integral de Ganadería Ovina Sustentable para recuperar la productividad de la estepa patagónica y devolver rentabilidad a un sector golpeado por la desertificación, la presión de la fauna silvestre y la falta de políticas agropecuarias sostenidas, según adelantó La Nación.
La iniciativa plantea la creación de un corredor productivo de más de 2,2 millones de hectáreas en el noreste de la provincia de Santa Cruz, entre la Ruta Nacional 3 y el mar. Allí se concentran más de 100 establecimientos agropecuarios que históricamente sostuvieron una de las principales actividades económicas del territorio: la producción de lana y carne ovina.
El proyecto propone la construcción de un alambrado “ecológico” de dos metros de altura efectiva a lo largo de entre 315 y 400 kilómetros, diseñada para evitar el ingreso masivo de guanacos a las áreas productivas. La altura no es casual, el guanaco puede saltar obstáculos de hasta 1,60 metros, por lo que el estándar de dos metros fue definido como un requisito técnico mínimo.
Mueren alrededor de 27.000 guanacos por año en la Patagonia
El debate sobre la infraestructura rural y la fauna silvestre no es menor en la Patagonia. Según informó diario Río Negro, alrededor de 27.000 guanacos mueren cada año atrapados en alambrados en la región. Este problema que llevó a científicos y productores a estudiar diseños más seguros para los animales.
En ese contexto, el proyecto santacruceño plantea incorporar eco-ductos o compuertas cada 5 a 10 kilómetros, con el objetivo de permitir el paso controlado de fauna y mantener la conectividad biológica del ecosistema.
Según sus impulsores, el objetivo no es eliminar la fauna silvestre, sino regular su densidad dentro de los límites productivos. El modelo propone que la carga de guanacos no supere el 10% de la capacidad de receptividad del suelo, mientras que el excedente podría destinarse a la faena de carne y fibra dentro del plan de manejo provincial.
La problemática de los productores
“Estamos en un punto de inflexión, el cambio climático nos está pegando feo, ahora atravesamos sequía, los mercados a nivel internacional remontan, pero no lo vemos reflejado localmente, tenemos predadores, guanacos, y si bien hay un Plan de Manejo del Guanaco, no alcanza si tomamos dimensión de lo que es la provincia de Santa Cruz”, explicó el productor y técnico agropecuario Sebastián Apesteguía, impulsor del proyecto, a La Nación.
Según el diagnóstico del sector, la combinación de predadores, sobrepastoreo de fauna silvestre y degradación del suelo provocó durante años la caída del stock ovino y el abandono de numerosos campos.
La propuesta busca revertir esa tendencia mediante un sistema de ganadería regenerativa, basado en la programación del pastoreo, la recuperación de suelos y la implementación de áreas de descanso ecológico dentro del clúster productivo.
Uno de los aspectos que llama la atención es el esquema de financiamiento ambiental. La infraestructura se financiaría mediante un sistema mixto: 50% de inversión privada, 30% del Estado y 20% de créditos blandos.
Apesteguía detalló:
El sistema se basa en un modelo de “insetting regional”, que propone que las compañías que generan emisiones dentro de Santa Cruz compensen su impacto ambiental financiando proyectos de captura de carbono en la propia provincia, en lugar de comprar créditos en mercados internacionales.
La estepa patagónica, explican los técnicos, posee una alta capacidad de captura de carbono en sus suelos, siempre que el manejo ganadero permita regenerar la vegetación natural. De esta manera, la restauración del ecosistema se convertiría en un activo financiero medible y certificable.
El beneficio de las empresas inversoras
Para garantizar la transparencia, el proyecto contempla el uso de tecnología de trazabilidad, con caravanas electrónicas en el ganado y monitoreo digital de la carga animal. Esto permitiría certificar productos con huella de carbono negativa y obtener sellos internacionales como “wildlife friendly”, que garantizan sistemas productivos compatibles con la fauna silvestre.
Con una vida útil estimada en 50 años y materiales provenientes de la economía circular —como tubing petrolero reciclado—, el proyecto apunta a convertirse en un modelo replicable de producción rural climáticamente inteligente.
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