La plata protagonizó uno de los movimientos más contundentes del año en los mercados internacionales al avanzar más de 4,2% en una sola rueda y superar por primera vez los US$100 por onza, un nivel que hasta hace poco parecía inalcanzable incluso en escenarios de fuerte estrés financiero. El rally no fue aislado ni producto de una jornada puntual, sino la consolidación de una tendencia que se aceleró con fuerza durante enero y que ya deja una ganancia mensual cercana al 40%.
El salto sorprendió tanto por la magnitud como por el contexto. En un mercado acostumbrado a ver al oro como único protagonista entre los metales preciosos, la plata irrumpió con una dinámica propia, desligándose de su rol histórico de activo secundario y obligando a los inversores a revisar supuestos que parecían inamovibles.
Del metal alternativo al recurso estratégico
Durante décadas, la plata ocupó un lugar claramente subordinado frente al oro. Su mayor volatilidad, su menor “nobleza” como reserva de valor y, sobre todo, la ausencia de respaldo por parte de los bancos centrales la relegaron a un segundo plano dentro del universo de activos defensivos. Esa percepción comenzó a resquebrajarse en los últimos años y parece haber terminado de romperse en 2025.
La plata deja de ser solo un activo financiero para convertirse en un insumo estratégico de la economía internacional, en un contexto donde la transición energética, la digitalización y el avance de la inteligencia artificial empujan una demanda física que crece a un ritmo que la oferta no logra acompañar. El debate ya no gira únicamente en torno a la especulación, sino a qué ocurre cuando un metal precioso pasa a ser, al mismo tiempo, un recurso industrial crítico y escaso.
Plata y oro, una relación histórica
La historia de la plata no puede entenderse sin mirar su vínculo con el oro. Aunque ambos son metales preciosos, su función económica nunca fue la misma y esa diferencia quedó reflejada a lo largo del tiempo en el ratio oro/plata, que indica cuántas onzas de plata se necesitan para comprar una onza de oro.
A comienzos de los años 80, el ratio se desplomó a mínimos históricos por la especulación extrema impulsada por los Hunt Brothers, que transformaron a la plata en un activo financiero puro, desligado de su uso industrial. Ese episodio fue seguido por una larga etapa de depresión.
Entre 1985 y 2003, la plata quedó a la sombra del oro, que, aun perdiendo su rol monetario formal, conservó atractivo como reserva de valor. Recién a partir de 2004, con la aparición de los ETFs que facilitaron su financierización, el metal blanco volvió al radar de los inversores y el ratio comenzó a descender desde niveles cercanos a 75 hacia la zona de 35.
En 2020, la parálisis industrial golpeó de lleno a la plata, mientras el oro actuó como cobertura financiera clásica. El fuerte salto del ratio oro/plata dejó en evidencia la sensibilidad del metal blanco a las recesiones. Incluso con la recuperación económica posterior, el ratio se mantuvo elevado, señal de que el mercado seguía viéndolo más como commodity industrial expuesto al ciclo que como activo monetario.
La demanda industrial como motor del nuevo ciclo
El verdadero punto de inflexión no llegó desde el lado financiero, sino desde el productivo. En 2025, la demanda total de plata alcanzó niveles récord, impulsada casi exclusivamente por su uso industrial. A diferencia de otros ciclos alcistas, el crecimiento no provino de la joyería ni de la inversión especulativa, sino de una transformación estructural de la economía global.
La plata es el metal con mayor conductividad eléctrica y térmica, una ventaja técnica que la vuelve prácticamente irremplazable en aplicaciones de alta eficiencia. Ese atributo explica por qué su consumo avanza al ritmo de la electrificación del mundo. El caso más claro es la energía solar fotovoltaica, cuya demanda de plata creció 139% desde 2016, pasando de ser un segmento marginal a convertirse en uno de los principales motores del mercado.
En conjunto, la demanda industrial total aumentó 38% en menos de diez años, un salto difícil de absorber para una oferta con limitaciones estructurales.
Oferta restringida
Mientras la demanda se acelera, la oferta muestra una dinámica muy distinta. Desde 2021, el mercado de la plata exhibe un déficit estructural, lo que refuerza la idea de que la suba reciente del precio no responde solo a expectativas financieras. La producción minera global sigue por debajo de los niveles de 2016 y la explicación está en la propia naturaleza del metal.
Aunque el precio suba, la producción no puede ajustarse rápidamente. El reciclaje crece de manera gradual y cumple un rol relevante, pero resulta insuficiente para cerrar el desequilibrio. La inversión financiera, tanto física como vía ETFs, amplifica la volatilidad, pero el impulso de fondo proviene del desajuste entre oferta y demanda.
Un comportamiento de precios sin precedentes
Si bien la plata siempre mostró ciclos de expansión y corrección, lo ocurrido en 2025 fue excepcional. El precio del metal acumuló una suba superior al 150%, en un contexto atravesado por tensiones geopolíticas, expectativas de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal, búsqueda de activos de refugio y, sobre todo, una demanda productiva en plena expansión.
La comparación histórica deja varias conclusiones.
El oro cumple su rol tradicional como cobertura, con crecimiento más estable y menor volatilidad. La plata, en cambio, no protege sistemáticamente contra la inflación y su trayectoria es más errática y sensible al ciclo. Sin embargo, 2025 aparece como un posible punto de inflexión, marcado por su dualidad como metal industrial y refugio ocasional.
Cómo invertir en plata en el contexto actual
La exposición a la plata puede lograrse de distintas formas, cada una con riesgos y costos específicos. La plata física, en lingotes o monedas, ofrece una tenencia directa sin intermediarios, pero implica gastos de almacenamiento y seguros, además de menor liquidez. Los ETFs que replican el precio del metal son hoy el vehículo más utilizado a nivel global, por su liquidez y facilidad operativa.
Las acciones de empresas mineras permiten capturar el apalancamiento operativo, ya que las ganancias suelen crecer más que proporcionalmente cuando sube el precio del metal, aunque incorporan riesgos propios de cada compañía. Los futuros y opciones quedan reservados para inversores profesionales por su alto nivel de apalancamiento. Desde Argentina, los CEDEARs aparecen como una de las vías más prácticas para capturar el ciclo alcista, siempre dentro de una estrategia de diversificación y acumulación gradual.
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