En los últimos meses, diversos cortes de carne vacuna registraron subas sostenidas por encima del ritmo general de inflación minorista. Según operadores del sector, los incrementos —ya concretados en 2026— van desde el 7% hasta más de 12% según el tipo de corte y la zona de comercialización, con un impacto especialmente fuerte en cortes populares como asado, vacío y matambre.
Sin embargo, con la fuerte suba de los precios también el consumidor reacciona dejando de comprar, por lo que puede ser que los ajustes de precios cesen pronto, según explicaron a Crónica desde diferentes cámaras ligadas al sector ganadero. Leonardo Rafael, titular de la Cámara de Matarifes y Abastecedores (CAMyA), dijo al medio:
Causas detrás de la suba
Analistas advierten que este escenario no solo responde a factores estacionales —como la menor oferta de hacienda en ciertos meses del año— sino también a decisiones de mercado más estructurales vinculadas a la rentabilidad de la ganadería frente a otros usos de la tierra, como la agricultura intensiva o la diversificación hacia biocombustibles.
Un primer factor es la presión sobre los costos de producción, que incluye precios de insumos clave como granos para alimentación del ganado, combustibles, energía y logística. En particular, el aumento en los precios de los granos —insumo estratégico para la ganadería intensiva— elevó el costo de reposición de los animales en los campos.
Esto, a su vez, genera incentivos para que los productores retengan ganado y no lo vendan inmediatamente al mercado, reduciendo la oferta y presionando al alza los valores.
A esto se suma la fuerte demanda externa. Argentina fortaleció en los últimos años las exportaciones de cortes de alta calidad hacia mercados premium como China y países de la Unión Europea, donde los precios pagados por la carne argentina son significativamente mayores que los del mercado interno.
Si bien estas ventas en dólares permiten capturar ingresos externos y fortalecer reservas, también compiten por la oferta disponible y contribuyen a elevar los precios domésticos.
Otro factor clave es la variación cambiaria y la inflación generalizada. En un contexto de expectativas de inflación elevada (de entre 2,5% y 3% mensual), los productores y comercializadores ajustan sus precios, lo que genera una espiral ascendente que se traslada rápidamente desde el campo hasta las carnicerías y supermercados.
Efectos sobre la inflación y el consumo
El aumento de los precios de la carne vacuna tiene un efecto directo sobre la inflación de alimentos, un componente con fuerte peso en la canasta de consumo de los hogares argentinos.
Dado que la carne forma parte de la dieta cotidiana de amplios sectores de la población, cualquier incremento significativo en sus valores suele trasladarse de inmediato a las cifras oficiales de inflación.
Al mismo tiempo, con salarios reales decrecientes el consumo encuentra un techo mucho más bajo, y se estima que termine regulando esa suba del precio de la carne en los valores actuales.
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