ANÁLISIS Alberto Fernández > Cristina Kirchner > Consejo de la Magistratura

PANORAMA

Alberto Fernández "escapista" y el 'Día Nacional de la Casta'

La Vicepresidente tomó el centro de la escena y relegó a Alberto Fernández a la irrelevancia política. Divorcio con la sociedad. Milei gana espacio.

Fue notable la intrascendencia a la que se vio reducido Alberto Fernández durante la última semana. El Presidente tuvo algunas apariciones y declaraciones que dejaron algo de tela para cortar, pero ninguna de ellas tuvo la potencia suficiente siquiera para acercarse al vendaval político que logró desatar -una vez más- Cristina Kirchner. La Vicepresidente tejió una estrategia para quedarse con una silla más en el Consejo de la Magistratura a costa de la oposición. Para ello dividió el bloque de senadores del oficialismo en 2 generando una nueva 2da minoría que le birló al PRO una representación en el órgano de selección y remoción de jueces. Así, de los 4 consejeros de ese estamento, 3 responden a la titular de la Cámara Alta. Una maniobra audaz -no exenta de crítica ni polémica- que la puso nuevamente en el centro de la escena con el dispositivo del Frente de Todos orbitando a su alrededor. CFK demostró, como en otras ocasiones, que el poder está para ejercerlo y que si no se ocupa un espacio, alguien más lo va a hacer. Claro que el primer afectado de esa filosofía fue el mismísimo Presidente de la Nación.

La irrelevancia del mandatario quedó en una exposición aumentada dado que los rumores de la última semana lo ubicaban en un lugar de predominancia en la toma de decisiones. Que iba a renovar el gabinete tras la Semana Santa. No pasó. Que iba a aislar a los funcionarios kirchneristas que entorpecen -según la visión del albertismo- la gestión económica. No lo hizo (e incluso compartió un acto con algunos). Que iba sacar mayor provecho de su distancia con la Vice para marcar una agenda propia. Not even close. Fernández se convirtió en un amagador compulsivo que volvió célebre un verbo poco usado en el lenguaje argentino: procrastinar. Dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Esa actitud y la topadora en la que puede convertirse CFK cuando lo decide terminan por dejar languideciendo la figura presidencial. Fernández queda desdibujado y disminuido a un mero actor de reparto del tablero político nacional.

La diferencia en la relación con el poder entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández fue explicitada por Gustavo Marangoni, un analista político y consultor con pasado en la gestión de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. "Cristina generó un hecho político de audacia que implicó poner detrás de ella a 35 senadores. Comparando el proceso de toma de decisiones, no hay un paralelo en el Ejecutivo. Lo que hizo Cristina, esa capacidad de ejecución de y conducción, no es lo que caracteriza al Ejecutivo", dijo. En una entrevista con el canal A24, Marangoni cuidó las formas y dijo "Ejecutivo" donde debió decir "Presidente".

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Por empuje de CFK, Senado se transformó en el escenario político de la semana. Foto: NA.

Por empuje de CFK, Senado se transformó en el escenario político de la semana. Foto: NA.

Escapismo

Nada de lo que hizo Fernández esta semana puede siquiera empardar la acción de la Vicepresidente en términos de efectos políticos. Aunque llamó la atención por 2 declaraciones. Una fue sobre la intención de retomar las relaciones diplomáticas con Venezuela a partir de lo que consideró una mejora en las condiciones políticas y de Derechos Humanos en el régimen de Nicolás Maduro. Esto le valió la reprimenda de Amnistía Internacional, que respondió con una carta que le envío en la que desmiente cualquier panorama esperanzador en el país caribeño. Más informal y a la vez contundente, la directora de Human Rights Watch, Tamara Taraciuk, lo acusó en un tuit de "ocultar la realidad". La otra declaración destacada del Presidente fue una que hizo ante un evento militante en José C. Paz. Allí dijo: "El que quiera hacerles creer que en 2023 estamos perdidos, ¡un carajo estamos perdidos!”. Algunos creen que se trató de una acción tendiente a contrarrestar el presunto pesimismo que la Vicepresidente guarda sobre la suerte electoral del año próximo y que comenta ante algún interlocutor ocasional. Marangoni coincide, pero también opinó que se trató de una "reacción" del Presidente para ocupar algo de espacio en una escena completamente dominada por Cristina. El analista además consideró que se trató de una expresión de supervivencia. "En política, si no tenés futuro, debilitás el presente. La centralidad de CFK opaca al Presidente, por lo que este tiene que ganar oxígeno y plantear que hay 2023 posible para tratar de mitigar las dudas que hay. Sin eso, es muy difícil sostener el día a día", afirmó.

Por último, Marangoni destacó otros 2 momentos del Presidente que grafican cierto estado de confusión. Por un lado, apuntó el tiempo que le dedicó a dar clases en la Universidad de José C. Paz y lo que esto puede significar. "En otro contexto podría ser visto como un gesto de cercanía, de empatía. Pero en esta situación de crisis, también podría ser advertido como un escapismo. Una suerte de 'estamos perdidos'", dijo. El otro comentario del consultor estuvo relacionado con el acto que Fernández encabezó en Neuquén, en instalaciones de YPF, vinculado a la futura construcción del gasoducto 'Néstor Kirchner'. El Presidente no dejó allí ninguna definición concreta. Celebró la re-estatización de la gestión de la petrolera, reivindicó a Kirchner, habló sobre la situación energética actual y criticó la gestión macrista en la materia. Nada nuevo. Marangoni observó un patrón en las últimas apariciones públicas de Fernández. "El Presidente locuta los actos. Te dice quiénes están, el motivo del acto, y después un cierre y nada más", dijo. "Es elocuente de la conducción política en esta gestión", concluyó.

En algún punto, quizás, el Presidente también busca quedar fuera del foco.

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Alberto Fernández dio una clase en la Universidad de José C. Paz. ¿Un acto de escapismo? Foto: Instagram.

Alberto Fernández dio una clase en la Universidad de José C. Paz. ¿Un acto de escapismo? Foto: Instagram.

Casta

El desmoronamiento de la relevancia política del Presidente es un dato preocupante pero secundario si se lo compara con otro que tiene mayor impacto en la opinión pública y que es cierta alienación de la clase política dentro de su propio universo, divorciada del resto de la sociedad. La jugada de Cristina Kirchner para alterar la composición del Consejo de la Magistratura se enmarca en lo que el consultor Raúl Timerman destacó esta semana como "una grieta", pero esta vez entre la política y la ciudadanía. Para la Vicepresidente sigue siendo central su pelea con el Poder Judicial del que -como se señaló en esta columna la semana pasada- ella se siente víctima. CFK también ha teorizado respecto a la necesidad de una nueva estructura de los poderes del Estado, en el que la Justicia, por carecer de un origen en el voto popular directo, debe subsumirse a los que sí lo tienen. Pero para considerar tal posicionamiento ideológico como el motor de sus acciones en ese campo habría que obviar que la Vice tiene varias causas abiertas por corrupción que la agobian no sólo a ella, sino también a sus hijos. La necesidad de ocupar lugares estratégicos en la Justicia, entonces, no resultaría una lucha por disipar a ese Poder del estado de la influencia de lo que la Vice llama "poderes fácticos", por el bien de la sociedad, sino por preservarse a ella misma y a los suyos de eventuales condenas penales por supuestos delitos cometidos durante su gestión.

Ese es el trasfondo de la operación impulsada por Cristina Kirchner en el Senado para quedarse con una silla en el órgano de selección y remoción de jueces que, de no haber existido, hubiera quedado en manos del combativo y verborrágico Luis Juez. Tras la movida, el camporista Martín Doñate ocupará ese lugar de no prosperar las impugnaciones que surgieron a partir de la pirueta hasta ahora exitosa de la Vicepresidente. Ahora el fuego kirchnerista se concentra en la Corte Suprema con un proyecto para aumentar el número de sus miembros con el objetivo de debilitar a su presidente, Horacio Rosatti. Todo apunta a lo mismo, a evitar un desenlace inconveniente en los tribunales para los intereses de CFK. "Fue el Día de la Casta", para citar una última referencia de Gustavo Marangoni que describe la endogamia con la que se desenvolvió la política en estos días.

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Cristina Kirchner no tuvo apariciones públicas esta semana, pero se las arregló para mantener la centralidad.

Cristina Kirchner no tuvo apariciones públicas esta semana, pero se las arregló para mantener la centralidad.

Mundo real

Del otro lado, el mundo real de una sociedad angustiada por los efectos devastadores de la inflación sobre sus ingresos. En los últimos días, el Estudio Eco Go actualizó sus previsiones y elevó la estimación del piso la suba de precios al 65% a fin de año. En marzo, según datos del INdEC, el valor de la canasta básica subió un 7% (más que el promedio general) por lo que una familia tipo necesitó unos $90 mil para no ser pobre. La proyecciones privadas anticipan para abril una inflación no inferior al 5,5%, una desaceleración respecto al mes previo, pero que en el rubro alimentos seguirá teniendo una fuerte presión. El único atisbo de sensibilidad por parte del Gobierno fue el anuncio de unos bonos compensatorios para trabajadores informales, empleadas domésticas, jubilados y monotributistas (limitado, en estos últimos casos) que se prevén de muy corto alcance si la escalada inflacionaria no se detiene. "Una inflación del 60% no es de un país normal", se quejó el sindicalista bancario y diputado oficialista Sergio Palazzo, que va al paro porque las cámaras del sector no convalidan una recomposición salarial de ese orden. Palazzo, uno de los gremialistas más cercanos a CFK, reclamó un "cambios de políticas" para contener los precios dado que hasta aquí los esfuerzos que reconoce "no han sido eficientes".

Crisis de representación

No hay encuesta de opinión pública que no ubique la erosión de los ingresos como la principal preocupación de los consultados. ¿Qué recibe la sociedad en respuesta? Una pelea por ver quién pone o saca un juez de los tribunales. La consecuencia inmediata de esto, como sostuvo el analista consultor Hugo Haime, es "una crisis de representación", que ahora -observa- trasciende a los partidos y se extiende a las coaliciones. "Si hoy preguntás cómo van a ser las cosas si gana el FdT, el 25% responde que será mejor; un 30 y pico que será peor; y el resto, que no va a cambiar nada. Si preguntás por Juntos por el Cambio, da casi lo mismo. Lo que estamos viendo es que la gente no cree en ninguno de los 2. Después votará más en contra que a favor de alguien. Eso explica la popularidad de Javier Milei", describió entrevistado por AM 530.

Para Haime, la relación actual entre la ciudadanía y sus representantes es comparable con la que aconteció con el estallido social de principios de siglo. "En 2001 y 2002 tuvimos la explosión, el 'que se vayan todos'. El peronismo fue en 3 (espacios), la oposición fue en 3. Teníamos candidatos por todos lados. Y ahora estamos en una situación similar, nada más que hay 2 concertaciones que parecen conectar a los candidatos, pero para la opinión pública eso no sucede", explicó. "Esto de las coaliciones es algo que entra en discusión. Si no representan sectores sociales con claridad pierden sentido y para representarlos tienen que hacer una unidad de sentido", concluyó.

La hora de Milei

En este contexto crece la figura del libertario Javier Milei que viene a representar una suerte de espíritu del 'que se vayan todos' moderno. Los analistas explican que no son sus ideas anarco-capitalistas las que interpelan a los ciudadanos que lo ven con buenos ojos, sino su discurso rupturista del status quo. El desprestigio de la "casta", término que Milei incorporó al debate público, es lo que lo hace crecer. Y de forma transversal entre las capas sociales. La última encuesta de Ricardo Rouvier expuso que la penetración de Milei se da en la misma proporción tanto en sectores altos como bajos. El último relevamiento de CB Consultora en distritos del Conurbano bonaerense aporta que Milei tiene imagen positiva en torno al 50% en José C. Paz, Moreno y Florencio Varela. Son partidos con fuerte presencia de población carenciada. El diputado de La Libertad Avanza, al mismo tiempo, tiene gran aceptación en populosos distritos de histórica raigambre peronista como Lomas de Zamora y La Matanza. La encuesta de CB además muestra que Milei logra algo que cualquiera de las otras figuras medidas envidiaría: un saldo positivo entre el balance de su aprobación y desaprobación en todos los partidos. Una llamado de atención para el establishment político que en los últimos días dio una clase magistral de ombliguismo.

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