Duele enterarse cuántos argentinos han dejado de creer en el amor. Parece que en estas pampas el romance atraviesa un momento de mala imagen. De otra manera no se explica el maltrato que ha sufrido Manuel Adorni por incluir a su esposa en la comitiva que fue a Nueva York con Javier Milei.
ÁCIDO ARGENTINO
Acá lo que molesta es que la gente se quiera
Parece que el romance atraviesa un momento de mala imagen. Si no, no se explica el maltrato que sufre Manuel Adorni por llevar a su esposa a Nueva York.
“Quería que me acompañe”, fue la explicación del ministro. Ya lo decía la Biblia: “No es bueno que Adorni esté solo”. Y por más disparatado que suene, había un hombre reclamando por la presencia de su esposa junto a él.
Y eso molestó. Porque no fue el hecho de que la señora del jefe de Gabinete, coach ontológica (googlear), viajara en el avión presidencial y se alojara con su consorte en un lujoso hotel, cuyo costo aún no sabemos con exactitud, pero que, para sorpresa de todos, seguro no se paga juntando algunos de los bonos de 70 lucas que cobran los jubilados, congelados dentro de la revolución libertaria, cuyo cartel de entrada no dice “Bienvenidos” sino “No hay plata”.
Hombre de familia
No generó irritación que Adorni, el héroe del ajuste y del combate a la casta, haya violado de forma flagrante y con total impunidad esos principios con los que se embanderaba desde un atril en la Casa Rosada y ‘domaba’ periodistas. Que con su comportamiento haya decepcionado a los socios del ‘Esto Es Exactamente lo que Voté’ Club. No. Acá lo que jodió fue que un matrimonio se quiera y necesite de su mutua compañía. Y más aún. Molestó que Adorni sea un gran hombre de familia que, como cualquier hijo de vecino, alquile un avión privado para llevar a su esposa, hijos y un amigo a apretar el pomo del carnaval a Punta del Este.
¿Cómo un funcionario público de sueldo y patrimonio modesto puede gastar miles de dólares en un viaje en jet? “Es un tema de mi vida privada”, responde Adorni. ¡Y tiene razón! Y dejemos bien claro desde ahora qué corresponde a la vida pública y qué a la privada: implantes capilares, vida privada; tuits de defenestración de la oposición terminados en “Fin”, vida pública; viajes de quien maneja el presupuesto nacional en costosos aviones privados que no se sabe quién pagó a exclusivos centros de veraneo con amigos que accedieron a espacios en la TV Pública desde que el mismo funcionario la controla, vida privada. Clarísimo.
Pero si todavía quedan indignados, ahí viene el Presidente con una explicación academicista, endogámica y jamás subestimadora. “Ustedes, burros, no entienden del costo marginal”, dice. Porque ese avión iba a salir y esa habitación se iba a ocupar de todas formas, entonces no hubo gasto adicional para el Estado. OK. ¿Y el avión privado a Punta, Presidente? Bueno, esperamos alguna cita de Hayek, Friedman o von Misses que lo justifique.
Toda esta falta de empatía con la gente que se quiere dejó en segundísimo plano, al menos en el debate público, el objetivo del viaje oficial a Nueva York. Allí se celebró el ‘Argentina Week’, una suerte de reunión de tupper, pero a escala global y destinada a “venderle” el país a los capos de las multinacionales para que vengan y la pongan acá.
A ellos se dirigió el Presidente con un discurso que les encanta a los empresarios: el que los ataca. Milei arremetió de nuevo contra los dueños Techint y Fate/Aluar y los volvió a acusar de cosas que nadie del Gobierno pudo llevar aún a tribunales. Es bien sabido: el inversor quiere seguridad jurídica, una tasa de ganancia y un gobierno que los acuse de extorsionadores y golpistas sin elementos de prueba.
Inflación
Dicen que quien sí le atinó al speech fue ‘Toto’ Caputo. Qué bueno, porque el ministro de Economía ya le había pifiado bastante con el pronóstico de la inflación de enero. Esta vuelta se curó en salud y no arriesgó ninguna previsión para el resultado de febrero. Menos mal: fue otra vez de casi el 3%, lo que llevó el conteo de meses de suba o no baja de la inflación a 9.
¡Y sin guerra! El conflicto en Medio Oriente dispara el precio del petróleo y con él el de los combustibles, poniéndole presión a los precios de la economía local. Aún así, el Gobierno sigue prometiendo un IPC que empiece con 0. Primero fue para agosto. Ahora, para septiembre u octubre. El que se quemó con el “3% para abril” de Sergio Massa, mira al INDEC y llora.
$LIBRA
La inflación en el nivel actual no es la única preocupación del Presidente. Se acaban de conocer comunicaciones entre él y Mauricio Novelli, un viejo conocido suyo, en momentos previos y posteriores al lanzamiento del token $LIBRA. Según se supo, Novelli estaba en ese momento en Dallas junto al creador de la cripto, Hayden Davis, que ya se había reunido con el mandatario en la Casa Rosada.
Milei insiste en que nadie le proporcionó el código para invertir en el activo virtual que devino en la estafa. Pero habló con su amigo, involucrado en el tema, minutos antes de publicarlo en un tuit. También se conoció un borrador de un acuerdo económico recuperado por la justicia del teléfono de Novelli y que sugiere un pago de unos US$5 millones por el apoyo del Presidente a $LIBRA.
Como con el amor, la inocencia de Milei ya empieza a ser un acto de fe.
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