La iniciativa crea la “Evaluación de Idoneidad Psicológica Funcional”, una instancia previa que deberían cumplir legisladores nacionales, autoridades superiores del Poder Ejecutivo y también quienes aspiren a ser presidente o vicepresidente.
En la práctica, significaría que ganar una elección ya no sería suficiente: además, el candidato debería obtener un dictamen de aptitud.
Qué evalúa el test psicológico
Según el texto, la evaluación apunta a determinar si la persona posee las capacidades necesarias para ejercer el poder político de forma responsable.
La ley define esa idoneidad como la presencia de aptitudes conductuales, emocionales y cognitivas para la función pública, entre ellas:
- capacidad de juicio crítico y ético en decisiones públicas
- regulación emocional bajo presión institucional
- autocontrol y respeto por las normas constitucionales
- trabajo en equipo y empatía institucional
El examen sería realizado por organismos técnicos independientes y consistiría en pruebas psicométricas, entrevistas estructuradas y evaluaciones de personalidad validadas científicamente en Argentina.
La “Tríada Oscura” en la política
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es que propone medir rasgos de personalidad vinculados al ejercicio del poder.
Entre ellos aparecen:
- narcisismo
- maquiavelismo
- psicopatía subclínica
Según los fundamentos, estos rasgos podrían asociarse a conductas institucionalmente dañinas, como el autoritarismo, la corrupción o la toma de decisiones impulsivas.
Apto o no apto: la consecuencia directa
El resultado no incluiría diagnósticos clínicos ni detalles médicos. Solo habría dos posibles dictámenes:
- “Apto funcional” → habilita a asumir el cargo
- “No apto funcional” → impide asumir o incluso presentarse como candidato
Si el resultado fuera negativo, la persona quedaría inhabilitada y debería ser reemplazada según la normativa electoral vigente. El evaluado también podría pedir una revisión ante un comité independiente.
Confidencialidad y límites
La ley establece que la información psicológica sería confidencial: solo se comunicaría el resultado final, sin datos clínicos ni fundamentos técnicos detallados.
Además, aclara que no se trata de diagnosticar enfermedades mentales, sino de evaluar aptitudes funcionales para la toma de decisiones públicas.
Qué argumento usan los autores
El proyecto sostiene que el derecho a ser elegido no es absoluto y puede tener requisitos razonables, igual que la edad mínima, la ciudadanía o la ausencia de condenas penales.
Para sus impulsores, la democracia no solo implica votar, sino garantizar que quienes gobiernan tengan condiciones adecuadas para ejercer el poder. También comparan el requisito con otros cargos estatales —como fuerzas de seguridad o diplomáticos— donde ya existen evaluaciones psicológicas obligatorias.
Por qué genera debate
El proyecto abre una discusión constitucional delicada.
Por un lado, plantea la protección institucional y la calidad democrática.
Por el otro, introduce una pregunta central: ¿puede el Estado impedirle gobernar a alguien elegido por el voto popular por un examen psicológico?
La discusión recién comienza en el Congreso, pero si avanzara, implicaría un cambio profundo en la forma de acceso al poder político en Argentina.
El proyecto completo a continuación:
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