Marcelo Gallardo tendrá, ante Banfield, su último partido como entrenador de River. El Muñeco decidió dar un paso al costado tras un ciclo que, para muchos hinchas, se extendió más de la cuenta. El encuentro se jugará el próximo jueves 26/02, en el Monumental.
DE BILLETERAS Y LIBERTADES
Es más sexy hablar de Riquelme, pero River gastó 90 millones y está en crisis
Marcelo Gallardo tuvo billetera libre para traer refuerzos a gusto. La dirigencia abrió la caja fuerte, pero River no juega bien hace dos años.
Allí, en el corazón de Núñez, las tribunas despedirán a quien es uno de los máximos ídolos del club. Tendrán, eso sí, que lidiar con el contrapunto de los jugadores: decirle adiós a la figura de Gallardo pero al mismo tiempo manifestar su reproche al equipo, con el que está decididamente disconforme.
Una vez terminado el partido, podrán volver a colgar el cuadro de Gallardo con tranquilidad. La estatua del Muñeco quedará impoluta. Y está bien, porque el entrenador se lo merece por lo hecho en su exitosísimo primer ciclo.
El segundo ciclo de Marcelo Gallardo en River: del regreso con poder total al desgaste final
El primero contrasta con el segundo. Un paso con pena y no con gloria, en el que buscó siempre -dicho por él mismo- no vivir del pasado para escribir nuevas páginas en la historia de River. En esa ambición, quiso construir su equipo primero a partir de nombres y después a partir de funcionamiento.
Con la estatua, imponente sobre la Avenida Figueroa Alcorta, el Muñeco volvió al club a sus anchas. Primero con Jorge Brito y después con Stéfano Di Carlo, Gallardo asumió su rol como entrenador pero con la potestad de un dirigente. Así es que tuvo siempre, a lo largo de sus cuatro mercado de pases y bajo dos presidencias distintas, la billetera libre.
Léase billetera libre como la posibilidad de edificar el equipo a gusto. Lógicamente, que una dirigencia trabaje en conjunto con el entrenador resulta indispensable para construir un plantel, pero eso no ocurrió precisamente con el segundo ciclo del DT. Un modus operandi que quedó expuesto con las figuras rutilantes que decidió traer, sin temor a los desembolsos recurrentes.
River, dirigencia y Gallardo: la controversial relación con el mercado de pases
Puertas adentro, hubo reproches y sorpresas. Algunos no resultaron una mala elección, otros no demostraron el nivel que se esperaba, y otros definitivamente resultaron una pésima idea. En total fueron 20 jugadores los que trajo Gallardo; ninguno fue suficiente para consolidar un funcionamiento colectivo. Y, lo que más irritó a los dirigentes: River gastó, en total, 90 millones de dólares, más que cualquier otro equipo del país -y que muchos del continente-.
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El hincha suele poner el ojo en el andar del equipo. Observa sus jugadores, analiza disposiciones tácticas y se detiene lo que pasa adentro de la cancha. En los escritorios de Núñez, mientras tanto, se comían el lápiz: 90 millones de dólares para jugar tan mal, siquiera ser competitivo y, como corolario, no ganar un solo título de todos los torneos disputados. 10 torneos jugados en un año y medio. Ningún trofeo.
La comparación de River con Boca es inevitable y no siempre errónea. A fin de cuentas, se trata de los dos equipos más importantes del país. Pero cuando el inconsciente colectivo ubica a Riquelme y el "Consejo del Mate" en tono burlesco por demás, olvida lo que sucede en la vereda de enfrente. El recurrente estigma de "los 10 palos que pagó Boca por Velasco" termina por opacar a "los 12 palos que pagó River por Castaño".
Y, enfrente, hay una dirigencia con nombres que poco se comprende su rol dentro de la estructura del club y un DT con escuetos deseos de someter ideas propias a discusión. Es lo que, probablemente, haya llevado a cuatro mercados de pases durante la era Marcelo Gallardo que verdaderamente fueron paupérrimos salvo algunas excepciones.
Los 20 refuerzos y 90 millones que gastó Gallardo en su segundo ciclo en River
- Marcos Acuña: 1 millón de euros
- Germán Pezzella: 4,5 millones de euros
- Fabricio Bustos: 4,1 millones de euros
- Maximiliano Meza 1,8 millones de euros
- Kevin Castaño: 12,6 millones de euros
- Gonzalo Montiel: 4,5 millones de euros
- Enzo Pérez: llegó libre
- Sebastián Driussi: 10 millones de euros
- Lucas Martínez Quarta: 7 millones de euros
- Matías Rojas: llegó libre
- Gonzalo Tapia: 800 mil euros
- Maximiliano Salas: 8 millones de euros
- Juanfer Quintero: 2,2 millones de euros
- Giuliano Galoppo: 4 millones de euros
- Juan Carlos Portillo: 4,5 millones de euros
- Matías Galarza: 4 millones de euros
- Aníbal Moreno: 7 millones de euros
- Fausto Vera: 500.000 -por un préstamo-
- Matías Viña: 500.000 -por un préstamo-
- Kendry Páez: llegó libre
Sumado, da un total de 77 millones de euros, que se traduce en 90 millones de dólares.
Matías Rojas se fue a los 7 meses de haber llegado; Gonzalo Tapia se fue cedido a los 7 meses de haber llegado; Matías Galarza Fonda se fue a los 7 meses de haber llegado.
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La compra más cara, Kevin Castaño, todavía no logró un rendimiento sostenido. Sebastián Driussi, la segunda compra más cara, tuvo buenos momentos con goles pero fueron demasiado breves. El retorno de Enzo Pérez fue una idea demasiado nostálgica. A Fabricio Bustos, al Huevo Acuña y a Maxi Meza los torturan las lesiones. Germán Pezzella se rompió los ligamentos y Juan Portillo también. Lucas Martínez Quarta no ofrece la seguridad que se esperaba.
Quizás hayan sido Juanfer Quintero y Gonzalo Montiel los rendimientos más regulares de este ciclo de Marcelo Gallardo.
Un ciclo que tocó fondo hace rato, pero que ningún dirigente se atrevió a terminar. Fue el propio Muñeco el que tomó la decisión. Como durante todo su segundo ciclo.













