La pregunta se escucha cada vez con mayor frecuencia en distintas mesas en toda la Argentina: ¿hasta cuándo se aguanta esta dinámica económica? La respuesta no es tan unánime como sí lo es el diagnóstico que trazan quienes están al frente de actividades productivas, sobre todo los pequeños y medianos empresarios.
MUY COMPLICADO
Ajuste, grieta y empresas al límite en Argentina: ¿Llega el Ministerio de la Producción?
Aún dentro de La Libertad Avanza comienza a demandarse un Ministerio de la Producción o algo semejante. Empresas al límite y el ajuste de todo cementerio.
Hay algo que empieza a repetirse en voz baja en talleres, comercios y pequeñas industrias: la sensación de atravesar una transición económica que todavía no encuentra piso. La macro intenta ordenarse, los discursos hablan de estabilización y de un cambio de época, pero en la economía real la pregunta sigue siendo mucho más simple y brutal: cómo sostener la actividad cuando el consumo cae y la incertidumbre se vuelve permanente.
Durante el último fin de semana, en San Rafael, provincia de Mendoza, se congregaron empresarios pymes de todo el país. Como suele suceder anualmente, la convocatoria fue impulsada por la empresa Inca, de la familia Bestani, con casi 80 años de presencia en esa tierra. Sinónimo de resistencia si los hay en Argentina. Esa experiencia es la que hoy se proyecta sobre la problemática actual. “Esto ya lo viví”, suele escucharse. ¿Esta vez la historia es distinta? En el gobierno nacional creen que sí. En otros espacios, como el bonaerense, sostienen que este modelo ya lo vimos y que su destino es el fracaso. La polarización atraviesa todos los niveles. Nadie se anima a aventurar tiempos, ni para una hipótesis ni para la otra.
Las pymes, históricamente el músculo productivo argentino, vuelven a quedar atrapadas en el medio de una discusión que parece desarrollarse lejos de la calle. Mientras la política se divide entre quienes celebran el ajuste y quienes denuncian sus costos sociales, miles de empresarios pequeños hacen cuentas todos los días para evitar un cierre silencioso.
De la reciente experiencia mendocina pueden extraerse varias conclusiones: unanimidad en el diagnóstico y una creciente intención de involucrarse directamente en la política partidaria. Los empresarios nucleados en Monapy entienden que llegó el momento de dar el salto. Hacer visible sus problemáticas requiere un paso más: disputar desde adentro, aunque sea desde un concejo deliberante. Otra coincidencia atraviesa al sector: si no es con Milei, la alternativa no parece ser quienes ya estuvieron. Dilemas de estos tiempos.
El viejo Gómez
"¿Dónde hay un mango, viejo Gómez?" es una famosa milonga/tango de 1960 compuesta por Francisco Canaro (música) e Ivo Pelay (letra), popularizada por Tita Merello:
Viejo Gómez, vos que estás / De manguero doctorao / Y que un mango descubrís / Aunque lo hayan enterrao, / Definime, si podés, / Esta contra que se ha dao, / Que por más que me arremango / No descubro un mango / Ni por equivocación; / Que por más que la pateo / Un peso no veo / En circulación.
Dónde hay un mango, / Viejo Gómez? / Los han limpiao / Con piedra pómez. / Dónde hay un mango / Que yo lo he buscado / Con lupa y linterna / Y estoy afiebrado? / Dónde hay un mango / Pa darle la cana / Si es que se la deja dar? / Dónde hay un mango / Que si no se entrega / Lo podamos allanar? / Dónde hay un mango / Que los financistas, / Ni los periodistas, / Ni perros ni gatos, / Noticias ni datos / De su paredero / No me saben dar?
Viejo Gómez, vos que sos / El viancarlos del gomán, / Concretame, si sabés, / Los billetes, dónde están? / Nadie sabe dar razón / Y del seco hasta el bacán / Todos, en plena palmera, / Llevan la cartera / Con cartel de defunción / Y, jugando a la escondida, / Colman la medida / De la situación.
El riesgo de una transición demasiado larga
El Gobierno apuesta a una lógica de shock para corregir los desequilibrios acumulados durante años. La estrategia puede tener coherencia macroeconómica, pero el problema aparece en el tiempo que tarda en trasladarse a la actividad real. Entre el anuncio de las reformas y sus efectos concretos existe un espacio peligroso: el de la espera.
Y en esa espera, las pymes quedan expuestas. Sin espalda financiera, sin acceso masivo al crédito y con un mercado interno debilitado, muchas empresas operan al límite. No hay quiebras masivas que ocupen titulares, pero sí una lenta erosión que se siente en cada reducción de turnos, en cada inversión postergada y en cada decisión de achicar costos para sobrevivir.
El Congreso discute reformas laborales y cambios estructurales mientras afuera crece la tensión social. Lo venimos advirtiendo en notas anteriores. Paros, protestas y un humor colectivo cada vez más áspero empiezan a filtrarse en la dinámica económica. La política parece mirar el tablero desde arriba; las pymes, en cambio, lo viven desde abajo.
Esa desconexión no es nueva, pero hoy se vuelve más evidente. Porque mientras se proyecta un futuro de competitividad y apertura, muchos empresarios sienten que todavía no tienen herramientas para atravesar el presente. En los territorios, el impacto se hace sentir de manera inmediata con la caída de la recaudación tributaria. Los municipios resisten con el cobro de tasas como Seguridad e Higiene, atadas directamente a la facturación de las empresas. Si esta cae, la recaudación también se lesiona.
El crédito ausente y la productividad en pausa
La narrativa oficial habla de eficiencia, modernización y salto productivo. Sin embargo, sin financiamiento accesible esa transformación queda en un plano discursivo. Las tasas altas funcionan como ancla antiinflacionaria, pero también como límite para la inversión pyme.
La consecuencia es una economía que intenta reorganizarse sin el combustible necesario para acelerar. Se pide que el sector privado sea protagonista del nuevo modelo, pero gran parte de ese sector enfrenta un escenario donde cada decisión implica un riesgo demasiado alto.
La Argentina atraviesa un proceso de redefinición económica y política. Nadie discute que el modelo anterior estaba agotado. El problema es que el nuevo todavía no logra traducirse en certezas para quienes producen.
Las pymes no discuten ideologías; discuten números. Y hoy esos números muestran márgenes ajustados, clientes más cautelosos y un horizonte que se mueve semana a semana.
En la provincia de Buenos Aires, un reciente informe muestra que 5.335 firmas dejaron de operar desde la asunción del presidente Javier Milei, lo que representa un promedio de 232 cierres por mes entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025. Este proceso no es un fenómeno aislado: tres de cada diez empresas que cesaron operaciones en el país estaban radicadas en territorio bonaerense, según publicó el medio platense La Tecla.
El diagnóstico parece claro. La construcción de una alternativa seductora es algo más complejo. El gobernador Axel Kicillof está dispuesto a confrontar con Javier Milei y convertirse en su contracara, pero enfrenta desafíos internos cada vez más complejos. El juego de equilibrios se vuelve más difícil mientras comienza a asomar una liga de gobernadores dispuestos a discutir a fondo la influencia de Cristina Kirchner dentro del peronismo.
Victoria Villarruel
Es paradójico que esos mismos gobernadores que hoy suelen ayudar al oficialismo para obtener leyes sean los que creen que las dificultades económicas podrían complicar el futuro de La Libertad Avanza. Y como suele ocurrir cuando alguien rompe el silencio, fue el gobernador de La Rioja quien dijo en voz alta lo que otros susurran: ¿exageró Ricardo Quintela cuando sostuvo que Milei no debería terminar su mandato, justo después de recibir a Victoria Villarruel en su provincia?
La figura de la vicepresidente empieza a llamar la atención entre quienes buscan alternativas hacia 2027. También crece la idea de que, si alguien puede desbancar a Milei en las próximas elecciones, será una figura disruptiva pero de características opuestas. ¿Es cierto que más de un intendente del conurbano ya pidió el teléfono de Dante Gebel? Por ahora son rumores. Pero no debería sorprender: nadie como los alcaldes y sindicalistas para moverse en las arenas de la permanencia.
Tal vez el mayor desafío del momento no sea solo estabilizar la macroeconomía, sino evitar que en el camino se rompa el entramado productivo que sostiene el empleo y la vida cotidiana en buena parte del país. Porque si la transición se vuelve demasiado extensa, el costo no será solamente económico: será social y político.
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