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APOCALIPSIS ESTELAR

Monstruos a 13.300 millones de años luz: El James Webb captó titanes del pasado

El James Webb desnuda el misterio de gigantes nacidos hace millones de años. Ellos podrían explicar la alquimia del universo primitivo. No es ciencia ficción.

Agarrate fuerte porque el telescopio James Webb acaba de sacudir el mundo de la astronomía con un descubrimiento que parece salido de una película de ciencia ficción. Imaginate estrellas tan monstruosas que nuestro Sol, en comparación, sería como una pelotita de ping-pong al lado de un estadio de fútbol. Sí, así.

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El universo es un océano del que no descubrimos ni siquiera la primera gota.

El universo es un océano del que no descubrimos ni siquiera la primera gota.

Estos titanes estelares, que los científicos bautizaron como "monstruos celestiales", habrían existido hace una eternidad, cuando el universo era apenas un bebé de 440 millones de años. Para que te des una idea, estamos hablando de unos 13.300 millones de años atrás.

Un equipo de astrónomos, más emocionados que pibe con juguete nuevo, publicó este hallazgo en la revista Astronomy and Astrophysics. La jefa del grupo, Corinne Charbonnel, no pudo contener su entusiasmo: "Gracias al James Webb, creemos haber encontrado la primera pista de estas estrellas extraordinarias".

El misterio de los cúmulos globulares para el James Webb

Pero, ¿cómo encontraron algo tan viejo y lejano? Acá es donde entran en juego los cúmulos globulares, que son como barrios antiguos del universo llenos de estrellas viejitas. Estos cúmulos son el sueño húmedo de cualquier astrónomo porque son como máquinas del tiempo que nos permiten mirar hacia el pasado.

Lo que dejó a los científicos rascándose la pelada fue que algunas estrellas en estos cúmulos tenían una mezcla rara de elementos. Era como si alguien hubiera metido mano en la receta original del universo. Y ahí es donde entran nuestros monstruos estelares.

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Que no te asusten (o sí).

Que no te asusten (o sí).

Estas bestias cósmicas eran tan calientes que cocinaban elementos pesados como si fueran pochoclos. Después, cuando explotaban (porque claro, tenían que explotar), repartían todos esos elementos por el vecindario, "ensuciando" a las estrellas más chicas que recién se estaban formando.

Buscando fantasmas en el espacio profundo

El problema es que estas estrellas gigantes ya estiraron la pata hace rato. Vivieron rápido y murieron jóvenes, como estrellas de rock cósmicas. Pero los astrónomos son unos pillos y encontraron una forma de rastrear sus huellas.

Apuntaron el James Webb hacia GN-z11, una galaxia tan lejana que su luz tardó 13.300 millones de años en llegar hasta nosotros. Al mirar los cúmulos globulares de esta galaxia, encontraron un montón de nitrógeno dando vueltas. Y acá viene lo bueno: según Charbonnel, "solo el corazón de una estrella supermasiva puede cocinar tanto nitrógeno".

Este descubrimiento es como encontrar la pieza perdida de un rompecabezas cósmico.

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