FOCO Guerra Civil > Nicolás II > URSS

HISTORIA

La Guerra Civil Rusa: De la caída del zar Nicolás II al nacimiento de la URSS

La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

Tras el triunfo de la Revolución bolchevique (Guardia roja) de noviembre de 1917, la Guerra Civil Rusa estalló luego de la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la Unión República Socialista Soviética (URSS).

Los bolcheviques se vieron inmediatamente en conflicto con varias fuerzas disidentes que se oponían a sus políticas, como la abolición de la monarquía, la redistribución de tierras entre los campesinos y la retirada rusa de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

LAGUERRACIVILRUSADELACAIDADELZARNICOLASIIALNACIMIENTODELAURSSFOTO1
La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

La pelea entre los bolcheviques y antibolcheviques

Los antibolcheviques no formaban una unidad, dado que integraban una amalgama de conservadores, monárquicos, aquellos a favor de políticas de derecha o centristas, y miembros de las Fuerzas Armadas (Movimiento blanco), grupos militantes campesinos (Ejércitos verdes) y anarquistas (Ejércitos negros); así como también miembros de grupos socialistas rivales y potencias extranjeras, en especial Japón, Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos.

Los bolcheviques, quienes se autonombraban como Partido Comunista desde 1918, finalmente ganaron la guerra a costa del padecimiento de millones de personas a lo largo del antiguo Imperio ruso en materia de desempleo, hambrunas y la pérdida de vidas humanas.

LAGUERRACIVILRUSADELACAIDADELZARNICOLASIIALNACIMIENTODELAURSSFOTO2
La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

¿Cuánto tiempo duró la Guerra Civil Rusa?

Las hostilidades se prolongaron hasta 1923, aunque con intensidad desigual, y el gobierno revolucionario tuvo que enfrentarse a los partidarios del antiguo régimen zarista o de una república liberal apoyados por fuerzas aliadas extranjeras, así como, simultáneamente, a Polonia y a revueltas locales promovidas por movimientos izquierdistas y separatistas que surgieron en medio del caos provocado por el hundimiento del zarismo.

La revolución había triunfado en el centro del viejo Imperio. Moscú, Petrogrado (así se llamaba San Petersburgo desde finales de 1914) y las zonas occidentales más industrializadas de Bielorrusia o de la cuenca del Volga, estaban bajo control bolchevique que, rápidamente y para asegurar el triunfo de la revolución, tuvieron que claudicar ante los alemanes en marzo de 1918, firmando la paz de Brest-Litovsk y entregando extensos territorios.

LAGUERRACIVILRUSADELACAIDADELZARNICOLASIIALNACIMIENTODELAURSSFOTO3
La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

Obreros y campesinos en el Ejército

Pero en las zonas más alejadas del centro, como en el oeste y sur de Ucrania y en el norte y el este de Rusia, el vacío de poder fue aprovechado por los contrarrevolucionarios para armarse y sublevarse contra el nuevo régimen.

Con el viejo ejército zarista disuelto, León Trotski fue encargado –por orden de Lenin– de organizar el nuevo brazo armado del Estado que debía ser el Ejército Rojo, cuyo fin era combatir a los enemigos de la Revolución. El núcleo de las fuerzas revolucionarias fueron los voluntarios bolcheviques de la Guardia Roja, pero ante su escaso número fue preciso proceder a reclutar forzosamente a obreros y campesinos.

LAGUERRACIVILRUSADELACAIDADELZARNICOLASIIALNACIMIENTODELAURSSFOTO4
La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

La Guerra Civil rusa desencadenó la caída del zar Nicolás II y el nacimiento de la URSS tras el triunfo de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.

¿Cuántos combatientes formaban el Ejército?

La disciplina era férrea castigándose con el fusilamiento cualquier vacilación y, para cohesionar y motivar, se incorporaron comisarios políticos que debían politizar a la tropa y asegurar su fidelidad y entrega a la causa revolucionaria. También fueron reincorporados al Ejército Rojo muchos de los antiguos oficiales del zarismo, más de 30.000, que eran estrechamente vigilados por los comisarios.

Dos años más tarde ya eran cinco millones los combatientes que formaban el ejército. Aparte de la gran capacidad organizativa de Trotski que viajaba a todos los puntos críticos a bordo de su tren blindado, destacaron en el ejército jóvenes militares como Mijaíl Tujachevski, que luchó en todos los frentes, así como Mijaíl Frunze, que basaron las operaciones militares en una gran movilidad y rapidez de desplazamiento de fuerzas, rompiendo los esquemas estáticos de la I Guerra Mundial.

La contracara al ejército bolchevique era el llamado Ejército Blanco

En contraposición al ejército bolchevique estaba el llamado Ejército Blanco que, desde mayo de 1918, fue apoyado por hombres, armas y suministros de una decena de países, fundamentalmente de Gran Bretaña, Japón, EE UU, Polonia, Grecia y Francia, que sumaron un total de unos 175.000 efectivos.

Las razones eran obvias: el pánico al contagio revolucionario que en todo el mundo se desató. A diferencia de los rojos, los blancos estaban encabezados por distintos generales zaristas que actuaban con excesiva ambición personal y rivalizaban entre sí, actuando autónomamente en distintos frentes.

Eran todos contrarrevolucionarios, pero tenían distintos modelos políticos, si es que los tenían. Destacaron Alexander Kolchak, Antón Denikin, Larv Kornilov o Piotr Wrangler. Contaban con el apoyo de la Iglesia Ortodoxa y de las fuerzas políticas y económicas derrocadas en octubre de 1917, pero carecían de proyecto homogéneo y de la disciplina necesaria.

Fuerzas antirrevolucionarias

Las primeras acciones de los soldados blancos se desarrollaron en el Sur, en la cuenca del Don, y en Siberia, logrando avanzar resueltamente hacia el centro del país en verano de 1918. Fue ese año en el que alcanzaron más éxitos, logrando conquistar Kazán en el este, Arcángel en el norte y casi todo el territorio al este de los Urales.

Aparte del apoyo de los aliados, contaban con la ayuda de la Legión Checoslovaca, unos 60.000 hombres que habían luchado contra los imperios centrales incorporados en el ejército zarista y que ahora apoyaban a los blancos. En un intento de organización, desde noviembre de 1918 fue elegido como mando supremo el almirante Kolchak, que demostró sus cualidades militares.

Precisamente los importantes avances de los blancos habían llevado a los bolcheviques a asesinar a la familia real que estaba confinada en Ekaterimburgo en julio de ese año. Según sus planteamientos, no podían permitir que el zar Nicolás II, ni ningún otro pariente, fuese liberado para representar una bandera que aglutinase al enemigo y que fuese reconocido como gobernante legítimo por las potencias extranjeras.

El decaimiento de la intervención aliada

En primavera de 1918, los británicos habían desembarcado en el norte Ártico, en Arcángel, los japoneses y norteamericanos en Vladivostok, y los franceses y griegos en Crimea, con las claras intenciones de ahogar la Revolución. La intervención que acometieron desde el verano la disfrazaron con dos pretextos.

El primero fue impedir un supuesto avance alemán que les permitiese hacerse con importantes arsenales. El segundo, alegar que lo hacían aceptando la invitación que recibieron por parte de los sublevados en la lucha contra los bolcheviques, a los que las potencias occidentales no reconocían. Su ayuda permitió a los blancos los grandes avances de 1918, pero a partir de 1919 su empuje fue debilitándose.

La rivalidad entre los líderes contrarrevolucionarios

Rusia era inmensa y llena de barreras orográficas y climatológicas de las que casi no había planos topográficos, lo que impedía un rápido avance hacia los centros de poder revolucionarios. Además, mientras el Ejército Rojo iba creciendo en efectivos, disciplina y experiencia, los blancos se veían incapaces de lograr ningún éxito decisivo, por lo que los aliados occidentales comenzaron a reducir su ayuda.

Las rivalidades entre los líderes contrarrevolucionarios no cesaban y también despertaban rechazo en gran parte de la población por los abusos cometidos. Además, las distintas potencias comenzaron a desconfiar sobre las verdaderas intenciones de algunos de ellos.

Las protestas que trascendieron a Rusia

Especialmente sospechosas eran las maniobras de griegos, rumanos, polacos y, sobre todo, de los japoneses que habían enviado nada menos que 75.000 soldados a Siberia. Ante tal despliegue, Francia, Gran Bretaña y EE UU sospechaban que buscaban simplemente una expansión territorial hacia la costa rusa, lo que ponía en jaque el equilibrio de fuerzas surgido tras la I Guerra Mundial.

Por si fuera poco, comenzaron a proliferar movimientos de protesta entre los obreros y estibadores de Gran Bretaña, Francia y EE UU, que se negaban a enviar suministros a las fuerzas destacadas en Rusia, y más tras los sufrimientos que había supuesto la Gran Guerra.

La Revolución Rusa despertaba simpatía en el movimiento obrero mundial

En aquellos momentos la Revolución soviética despertaba una evidente simpatía en todo el movimiento obrero mundial, lo que hacía cada vez más impopular la intervención militar. Mantenerla, y más sin una clara perspectiva de un fin rápido de la guerra, era alimentar el prestigio de la causa bolchevique en Occidente, por lo que la intervención podía lograr los objetivos totalmente contrarios a los que se pretendían en un principio.

Por todo ello y paulatinamente, desde mayo de 1919, los aliados fueron disminuyendo la ayuda y, ante las victorias bolcheviques, se fueron limitando a dar apoyo a la evacuación de los restos derrotados del Ejército Blanco, lo que culminó a lo largo de 1920.

Precisamente en enero de ese año las potencias occidentales pusieron fin al embargo de mercancías y alimentos que, hasta ese momento, habían decretado sobre el régimen comunista, comenzando a aceptar la evidencia de que los bolcheviques ya no podrían ser derribados del poder por la fuerza.

Poco después, en marzo de 1921, británicos y turcos rubricaron con Moscú acuerdo comerciales y de amistad. Al final sólo quedaron en suelo soviético japoneses y polacos, los más interesados en una extensión territorial a costa de la vieja Rusia, aunque en 1922 también se retiraron.

Consecuencias y legado

Alrededor de 800.000 soldados perdieron la vida en la guerra civil rusa, pero, además, 5 millones de civiles fueron asesinados. Si se consideran a las víctimas de las hambrunas y de las terribles epidemias de este período (cólera, tifus, fiebre tifoidea y gripe española), algunos historiadores sitúan el número total de muertes durante la guerra en torno a los 14 millones de personas. En términos del impacto económico, la guerra civil causó un efecto extremadamente negativo tanto sobre los estándares generales de vida, como sobre la infraestructura del país y su producción industrial; esta última se hundió dos tercios por debajo de los niveles anteriores a la Primera Guerra Mundial.

En un intento desesperado de revivir una economía agonizante, Lenin llegó a un acuerdo dentro de su ideología e incitó nuevos aproximamientos económicos. La Nueva Política Económica de Lenin presentó medidas a favor de la iniciativa privada. Hubo una reactivación de la economía, pero, para compensar la reinstauración de ciertos aspectos del capitalismo, el Partido Comunista se tornó todopoderoso, esperando el momento oportuno para dar el siguiente paso hacia medidas más profundas, tales como granjas colectivas y la implementación de una economía completamente planeada. La intervención de un Estado severo y militarizado en la vida cotidiana de las personas se había convertido en moneda corriente durante la guerra civil y, pese a las revueltas contra las olas de terror ejercidas por la policía secreta, esta política se volvió una seña particular del Partido Comunista y su puño de hierro con el que se aferraba al poder.

A largo plazo, la guerra civil rusa ocasionó una desconfianza duradera entre el régimen soviético y las potencias occidentales. El material y apoyo financiero brindado a los grupos antibolcheviques, así como la propaganda resultante, influyeron en el pensamiento tanto de los políticos como de la población en general. Esta desconfianza mutua tuvo consecuencias antes de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando la URSS se vio obligada a firmar el Pacto nazi-soviético con Alemania, y se prolongó en la política mundial de las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial con el desarrollo de la Guerra Fría entre la URSS y los Estados Unidos y sus respectivos aliados.

Más notas de Urgente24

Los Kirchner, la CSJN 'woke' y la institucionalidad de 'la Grieta' que parió a Milei

Paulo Toscanelli: el cosmógrafo cuyos mapas y cartas inspiraron a Cristóbal Colón

La Peste Negra: Un volcán habría desatado la pandemia que arrasó a media Europa

Domingo F. Sarmiento llegó 2 años tarde al shamsir ("la garra del león")

Historias que vuelven (2): El otro Gold, entre judíos, comunistas y agnósticos

Historias que vuelven (1): Roberto Gold y el Partido Comunista, antes de Hugo Sigman