La calma cambiaria que el oficialismo buscaba sostener con el esquema de bandas se rompió de lleno esta semana. El dólar mayorista tocó el techo en $1.474,5 y obligó al Banco Central (BCRA) a salir a vender reservas como no lo hacía desde 2019. En apenas tres días se esfumaron más de US$ 1.100 millones, un drenaje que reabre el debate sobre cuánto tiempo podrá resistir la autoridad monetaria defendiendo la paridad.
25 RUEDAS POR DELANTE
Largo camino para el BCRA (en 3 días se desprendió de US$ 1.100 MM)
El dólar mayorista tocó el techo en $1.474,5 y obligó al Banco Central (BCRA) a salir a vender reservas en magnitudes como no lo hacía desde 2019.
El mercado, lejos de mirar “fundamentals”, reaccionó a la política. El golpe electoral en la provincia de Buenos Aires y la perspectiva de un Congreso adverso que podría revertir vetos fueron la chispa que encendió la corrida. El precio de los activos se derrumbó hasta 16% en la semana y el riesgo país escaló a 1.500 puntos.
Una regla que dejó de ser flexible
Hasta septiembre, el BCRA había contenido tensiones sin vender dólares: encajes en máximos de 32 años, absorción monetaria por $5,5 billones y futuros por US$ 6.400 millones sostenían la “flotación administrada”.
En tres días consecutivos, las ventas se repartieron en US$ 56 millones, US$ 379 millones y US$ 678 millones. Esa dinámica marca un ritmo difícil de sostener: con 25 ruedas por delante hasta las elecciones, vender apenas US$ 100 millones diarios implicaría perder más de US$ 3.500 millones, mientras que seguir al promedio actual llevaría a sacrificar cerca de US$ 10.000 millones.
El mercado ya empezó a testear la resistencia.
Dólares financieros y tasas en llamas
La presión no se quedó en el oficial. El MEP saltó a $1.537 y el CCL trepó a $1.559, ambos por encima de la banda. Las tasas también reflejaron el estrés: los plazos fijos se movieron entre 78% y 60,5% TNA y las indexadas por inflación no bajan del 26% real para todo 2026.
En deuda dura, los Globales retrocedieron a niveles de un año atrás, en torno a US$ 52, apenas por encima del piso post reestructuración de 2020. Desde los máximos recientes acumulan una caída del 27%, una corrección más profunda que las de 2023 y que las que marcaron el cierre de las fases 1 y 2 del programa Milei.
Política en el centro de la escena
Tal como señalan desde GMA Capital, los analistas coinciden en que el factor decisivo no fue económico, sino político. La derrota en Buenos Aires cristalizó la desconfianza sobre la capacidad del Gobierno de sostener el equilibrio fiscal. Los vetos revertidos, las denuncias de corrupción y el desplome de la confianza en la gestión aceleraron la búsqueda de cobertura en dólares.
El esquema oficialista, que hasta junio combinaba desinflación rápida y tasas largas en pesos al 55% TNA, perdió su sostén. La caída del consumo y la falta de competitividad externa fueron el costo de esa estrategia. Con el voto en contra en PBA, lo que parecía un ajuste tolerable se convirtió en un callejón de alta fragilidad.
Default en el radar
Con reservas brutas cercanas a US$ 40.000 millones pero apenas US$ 6.400 millones propios, y depósitos del Tesoro por apenas US$ 640 millones, los compromisos a corto plazo lucen pesados. Restan vencimientos por US$ 2.200 millones en lo que queda del año, mientras que en enero llegan los pagos de Globales y Bonares 2026 por US$ 4.200 millones, de los cuales 85% está en manos privadas.
La curva soberana descuenta que esos compromisos podrían no cumplirse: la probabilidad implícita de default a diez años ya supera el 90%. En paralelo, los Bopreales con vencimiento 2026 y 2027 ajustaron su rendimiento de 6% a más de 20%, reflejando que el mercado espera más ventas de reservas hasta octubre.
La economía en riesgo de asfixia
Más allá del drenaje de dólares, el esquema tiene un segundo costo: la absorción de pesos. La desmonetización extrema amenaza con asfixiar al crédito y la actividad. Con tasas reales en niveles récord, la economía productiva enfrenta un cuadro complejo. El riesgo es que el efecto bumerán se vea en las urnas: más recesión, menos consumo y mayor malestar social.
Los analistas señalan que, al haberse transformado en régimen fijo, el sistema perdió flexibilidad para amortiguar shocks. La pregunta ahora no es si habrá presión, sino cuánto tiempo el BCRA resistirá antes de una corrección forzada.
Con un programa económico debilitado y reservas bajo fuego, lo que se necesita es un giro en el frente político que devuelva confianza. Sin eso, cada dólar vendido refuerza el círculo de desconfianza y achica la ventana de maniobra.
Faltan 25 ruedas hasta las elecciones. El mercado va a seguir testeando el techo de la banda y la capacidad del Gobierno de sostenerla.
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