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TRAS CAÍDA DE MADURO

El petróleo de Venezuela vuelve a marcar el pulso del mercado

La salida de Maduro reactivó el interés por el petróleo venezolano y el mercado vuelve a mirar a Estados Unidos como actor clave

La salida de Nicolás Maduro del poder reactivó una variable que el mercado internacional nunca dejó de seguir con atención. El rol estratégico del petróleo de Venezuela volvió a ganar peso dentro del análisis geopolítico y financiero, no tanto por un impacto inmediato sobre los precios, sino por las implicancias de mediano y largo plazo que podría tener un eventual reordenamiento del sector energético regional.

Más allá del giro político, los inversores internacionales comenzaron a procesar el escenario desde una lógica estrictamente económica. La expectativa de que empresas energéticas estadounidenses puedan recuperar protagonismo en Venezuela reordenó las miradas, aunque sin generar reacciones abruptas en el mercado del crudo.

Reacción del mercado

Los primeros movimientos reflejaron cautela, mientras los activos defensivos captaron parte del flujo asociado al aumento de la incertidumbre internacional, el petróleo mostró variaciones acotadas, una señal de que el mercado no descuenta cambios relevantes en la oferta global en el corto plazo.

Este comportamiento encuentra sustento en la realidad productiva venezolana. La producción actual se ubica muy por debajo de su potencial histórico y representa una porción marginal del total mundial, lo que limita su capacidad de incidir de manera inmediata sobre el equilibrio del mercado energético.

Donde sí se observó mayor sensibilidad fue en el sector energético estadounidense, cuyas acciones registraron avances ante la posibilidad de que un proceso de apertura gradual habilite nuevas oportunidades de inversión a futuro.

Reservas extraordinarias

Desde el punto de vista de los recursos naturales, Venezuela continúa ocupando un lugar central. El país concentra las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, un dato que explica por qué cualquier cambio político tiene impacto más allá de sus fronteras.

Sin embargo, la distancia entre reservas y producción sigue siendo profunda. Años de falta de inversión, deterioro de infraestructura, deficiencias de gestión y restricciones externas dejaron a la industria petrolera operando a una fracción de su capacidad. La contracción productiva acumulada en la última década condiciona cualquier escenario de normalización rápida.

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A esto se suma una dificultad técnica estructural. Gran parte del crudo venezolano es extra pesado, con alto contenido de azufre, lo que encarece su extracción y procesamiento y exige tecnologías específicas que no todos los países ni todas las compañías están en condiciones de aplicar.

Estados Unidos y una ventaja estructural

En este contexto, Estados Unidos aparece como un actor naturalmente bien posicionado. La industria energética norteamericana cuenta con una infraestructura de refinación amplia y sofisticada, particularmente en la Costa del Golfo, con experiencia probada en el procesamiento de crudos pesados y complejos.

Esa complementariedad entre tipo de crudo e infraestructura disponible explica por qué el mercado comienza a focalizarse en determinados jugadores del sector. Según el análisis de IOL Inversiones, aun si se avanzara hacia una normalización política y operativa, el proceso sería necesariamente gradual y demandaría fuertes desembolsos de capital a lo largo de varios años.

Qué puede esperarse en los próximos años

La lectura dominante entre los analistas combina expectativa y prudencia. En el corto plazo, el precio del petróleo podría registrar movimientos moderados asociados al contexto geopolítico, aunque sin alterar las tendencias de fondo.

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El escenario global sigue mostrando desafíos relevantes para el crudo, con un mercado atravesado por exceso de oferta, crecimiento limitado de la demanda y precios que vienen de corregir de manera significativa. En ese marco, la eventual reincorporación de Venezuela como proveedor relevante sería un proceso de largo aliento, cuyo impacto pleno recién podría verse en un horizonte de varios años.

La velocidad de ese proceso dependerá tanto del alineamiento político como de la capacidad de atraer inversiones sostenidas que permitan reconstruir infraestructura, recuperar producción y normalizar exportaciones.

Sectores bajo la lupa

En este escenario, el informe de IOL Inversiones identifica segmentos que podrían verse favorecidos si el proceso avanza de forma ordenada. Las grandes petroleras integradas aparecen como las principales candidatas, dado que combinan capacidad financiera, escala operativa y experiencia técnica en proyectos complejos.

Las refinadoras estadounidenses con instalaciones aptas para crudos pesados también quedan bien posicionadas, ya que podrían beneficiarse de un mayor flujo de este tipo de barriles en el mediano plazo.

A su vez, las compañías de servicios petroleros y de ingeniería podrían captar parte de las inversiones necesarias para poner nuevamente en funcionamiento pozos, oleoductos y refinerías. A su vez, las compañías de servicios petroleros y de ingeniería podrían captar parte de las inversiones necesarias para poner nuevamente en funcionamiento pozos, oleoductos y refinerías.

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