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SOBRE JORNADA LABORAL

Alerta Total por la IA: + velocidad + tareas... pero la fatiga crece en silencio

¿Y si la IA lleva a más fatiga laboral? Un tema para días de reforma del trabajo. Harvard afirma algo y Stanford lo contrario. La clave tiene nombre: microtareas.

Un nuevo estudio publicado en la revista Harvard Business Review pone en jaque una de las promesas centrales de la inteligencia artificial (IA): la reducción de la carga laboral. En la práctica, la IA no estaría liberando tiempo, sino intensificando el ritmo de trabajo y expandiendo los límites de la jornada. Fatiga que crece.

Obviamente que es motivo de debate. No hay consenso al respecto hasta ahora. Veamos: Erik Brynjolfsson, director del Laboratorio de Economía Digital de la Universidad de Stanford y cofundador de Workhelix, en Financial Times:

"(…) Muchas empresas utilizan la IA generativa solo para una pequeña fracción de las tareas. Algunas simplemente emplean la IA para la traducción o el resumen, lo que podría denominarse un uso de "diccionario glorificado".

Por el contrario, mi empresa descubrió que un pequeño grupo de usuarios avanzados aprovecha las conversaciones interactivas con agentes de IA para automatizar flujos de trabajo integrales, como la generación de planes de marketing completos, reduciendo semanas de esfuerzo a horas.

El reto para las empresas no es simplemente adquirir la tecnología, sino utilizarla para mejorar la productividad del empleado promedio. Esto impulsará no solo sus propias ganancias, sino también la productividad en toda la economía.

Estamos pasando de una era de experimentación con IA a una de utilidad estructural. Ahora debemos centrarnos en comprender su mecánica precisa. La recuperación de la productividad no es solo un indicador del poder de la IA. Es una llamada de atención para centrarnos en la transformación económica que se avecina."

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Sin embargo...

La escena es cada vez más común: una persona frente a su computadora, con múltiples ventanas abiertas, mensajes entrando sin pausa y tareas que se superponen. La diferencia es que ahora, además, cuenta con un copiloto digital que acelera cada proceso.

Lejos de simplificar el día a día, esta combinación parece estar generando un efecto inesperado: trabajar más, más rápido y durante más tiempo.

Eso es lo que revela un nuevo estudio de la Universidad de Harvard, que analizó durante 8 meses el impacto real de la inteligencia artificial en entornos laborales.

La principal conclusión es contundente: la IA no reduce el trabajo, lo intensifica de forma constante.

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Más eficiencia, pero también más tareas

Uno de los hallazgos centrales del informe es lo que las investigadoras llaman expansión de tareas.

Al bajar la barrera técnica para realizar actividades complejas, la IA empuja a los empleados a asumir responsabilidades que antes no formaban parte de su rol.

  • Diseñadores que ahora programan,
  • analistas que generan modelos predictivos,
  • comunicadores que producen código básico.

La IA habilita esa exploración, pero también genera un 'Efecto Dominó': alguien tiene que revisar, corregir y validar esos nuevos trabajos.

Y esa tarea suele recaer en perfiles senior, que ven crecer su carga operativa de manera informal, a través de consultas rápidas, mensajes por Slack o pedidos “de 5 minutos”, que nunca lo son.

La consecuencia es un crecimiento silencioso del volumen de trabajo, muchas veces invisible para los líderes.

Cuando el trabajo se filtra en la vida personal

Otro fenómeno que detecta el estudio es el progresivo borramiento de los límites entre la jornada laboral y el tiempo personal.

La fluidez con la que se interactúa con la IA (más parecida a una charla que a una tarea formal) hace que responder un mensaje, ajustar un texto o probar una idea se perciba como algo mínimo, casi trivial.

El problema es que esas microtareas se acumulan. Lo que empieza como “una última consulta rápida” termina extendiendo la jornada mental durante todo el día.

Al desaparecer las pausas naturales entre tareas, se pierde un elemento clave del equilibrio cognitivo: el descanso.

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La trampa de la multitarea permanente

La IA también potencia un tercer efecto: la multitarea constante.

La sensación de contar con un asistente siempre disponible impulsa a gestionar varios frentes al mismo tiempo, alternando entre tareas, conversaciones y proyectos sin cortes claros.

Si bien esto puede generar una percepción inicial de productividad y dinamismo, el impacto cognitivo es profundo.

El cambio permanente de foco

  • agota la atención,
  • deteriora la calidad de las decisiones y
  • eleva el riesgo de errores.

A largo plazo, el resultado es fatiga mental y burnout.

Productividad aparente, desgaste real

El informe advierte sobre un riesgo clave: confundir intensidad con productividad.

A corto plazo, la aceleración impulsada por la IA puede mostrar mejores tiempos de respuesta y mayor volumen de entregables.

Pero detrás de esos números se esconde una carga cognitiva creciente que erosiona la sostenibilidad del sistema.

El exceso de trabajo, cuando se vuelve estructural, afecta el criterio, deteriora la calidad del desempeño y dificulta distinguir entre verdaderas mejoras y simples aumentos de presión.

Qué pueden hacer las empresas

Para Harvard, la solución no pasa por la autorregulación individual.

La inercia tecnológica es más fuerte que la voluntad personal. El cambio debe ser organizacional.

Entre las recomendaciones clave aparecen 3 ejes:

  • Institucionalizar pausas. La velocidad que permite la IA exige crear espacios protegidos para reflexionar, evaluar y corregir el rumbo antes de seguir avanzando.
  • Regular el flujo de trabajo. No solo importa la rapidez, sino el orden, la secuencia y la sincronización de las tareas. Agrupar notificaciones y proteger bloques de concentración reduce la fragmentación mental.
  • Reforzar la conexión humana. La automatización extrema puede aislar a los equipos. Generar espacios de diálogo, intercambio y reflexión colectiva no solo protege el bienestar, sino que potencia la creatividad.
inteligencia artificial
Alguien, que no es el robot, tiene que revisar, corregir y validar esos nuevos trabajos.

Alguien, que no es el robot, tiene que revisar, corregir y validar esos nuevos trabajos.

Una tensión que recién empieza

Este estudio se suma a una serie de investigaciones recientes que ponen en duda el impacto económico inmediato de la IA. Consultoras y universidades coinciden en que, si bien la adopción crece, los retornos concretos todavía son limitados y desiguales.

La paradoja es clara: nunca se trabajó con tantas herramientas para ganar tiempo, y sin embargo, el tiempo parece escasear más que nunca.

La gran pregunta ya no es cuánto puede hacer la IA, sino qué tipo de cultura laboral estamos construyendo alrededor de ella.

Porque si la promesa de eficiencia se traduce en jornadas más largas, mayor presión y fatiga crónica, el costo humano puede terminar siendo mucho más alto que cualquier ganancia operativa.

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