A casi 20 años del asesinato de Paulina Lebbos, su padre denuncia un crimen de Estado. La trama de impunidad señala a los "hijos del poder" y al exgobernador José Alperovich como responsables de un encubrimiento que aún conmociona a Tucumán, según La Gaceta de Tucumán.
BUITRES DE TUCUMÁN
Sobre Paulina Lebbos: "Hace 20 años que sé quién mató a mi hija y el Estado lo protege"
Crimen de Paulina Lebbos: El rol de José Alperovich y el sistema de protección a los "hijos del poder"
Alberto Lebbos sostiene que existió una estructura estatal destinada a proteger a los responsables. En su acusación más contundente, señaló: “El principal sospechoso es César Soto, el asesino de mi hija, pero su cómplice principal es Sergio Kaleñuk”.
Según su versión, Kaleñuk ocupaba un cargo relevante dentro de la Gobernación y tenía acceso directo a los despachos donde se tomaban decisiones políticas clave.
Lebbos: La crónica
El 25 de febrero de 2006, Paulina Lebbos, de 23 años y madre de una niña pequeña, salió a festejar la aprobación de un examen con su amiga Virginia Mercado en la zona del Abasto, San Miguel de Tucumán. Cerca de las 6:30 de la mañana del domingo 26, ambas abordaron un remís. Virginia descendió en su domicilio; Paulina, según el relato de su amiga, continuó el viaje para encontrarse con su pareja, César Soto. Esa fue la última vez que se la vio con vida.
El crimen en manos de los hijos del poder
La búsqueda de Alberto Lebbos comenzó de inmediato, pero chocó con una muralla de irregularidades. Mientras la familia exigía rastrillajes, la cúpula policial y política de la provincia —bajo la gestión de José Alperovich— desplegaba una red de maniobras que el tiempo revelaría como un encubrimiento sistémico.
El 11 de marzo, el cuerpo de Paulina fue hallado a la vera de la ruta 341, en Tapia. La escena del hallazgo fue una postal del horror y la negligencia provocada: policías caminando sobre las pruebas, ausencia de perímetros y un apuro injustificado por levantar el cadáver. A partir de allí, el caso mutó de una desaparición a un símbolo de la lucha contra los "hijos del poder", señalando a figuras cercanas al gobierno provincial como partícipes o beneficiarios del silencio institucional.
Paulina Lebbos, por su padre
“Paulina fue nuestra última hija. La quinta. Nació con la emoción de todas las hermanas, de toda la familia. Era la menor, la más mimada. Ella siempre estaba pensando en los demás desde chiquitita. Era puro desprendimiento.”
“Estudiaba Comunicación Social, soñaba con ser periodista. Le gustaba escribir poesía. En casa siempre hubo libros, siempre fomentó la lectura. Paulina era muy amiguera, muy familiera.”
“El sábado 25 de febrero, un ratito antes de las 12 de la noche, hablé por teléfono con Paulina. Estaba contenta. ‘Bueno, que la pasen bien, que se diviertan, cualquier cosa que necesiten me avisan’. Esa fue la última conversación.”
“Llevé yo mismo a César Soto a la Brigada de Investigaciones. Le dije al jefe: ‘Este es el principal sospecho’. Lo tuvieron una hora y media y lo largaron. Yo no entendía nada. Hace 20 años que sé quién mató a Paulina y el Estado lo protege.”
Blindaje policial protegió a Alperovich
“Cuando llegamos (a Tapia) era un desastre. No había cintas, la gente caminaba por todos lados. Vi una autobomba de bomberos en un lugar donde estaba lloviendo. Todo era irregular. Querían levantar el cuerpo rápido. Limpiar la escena. Eso no fue casual.”
“Cae Alperovich al velorio y me dice que yo me quede tranquilo, que no iba a trabajar más y que iba a cobrar su sueldo. Por supuesto, lo rajé en el acto. Le dije: ‘Ya mandate mudar de aquí, sinvergüenza’. ¿Qué le pasa por la cabeza al tipo?”
“Para que se mueva una estructura tan terrible de encubrimiento, se tiene que estar protegiendo a alguien muy poderoso. El principal sospechoso es César Soto, el asesino de mi hija, pero su cómplice principal es Sergio Kaleñuk. Es el ‘hijo del poder’ y existe una red de protección para él.”
Lebbos expresa qué necesita un padre para morir en paz
“Me quiero morir en paz, pero para eso necesito que las instituciones funcionen. Me duele que Tucumán esté atravesado por el miedo. A pesar de todo, sigo confiando en la República.”
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