"(...) Detrás de la acusación de “destituyente” a Baradel, por caso, está la sospecha del gabinete de Scioli de que, con sus paros de dos o tres días todas las semanas, está el gobierno nacional o al menos un sector del kirchnerismo duro. La simpatía de este sindicalista con el kirchnerismo es pública. Baradel es invitado con frecuencia a actos de Cristina Kirchner en la Casa Rosada y es un alto dirigente de la CTA pro oficialista que conduce el también docente Hugo Yasky.
En público, el gobierno nacional ha cuestionado los paros. Pero lo ha hecho estrictamente a través de su ministro del área, Alberto Sileoni. En cambio otros ministros de Cristina, legisladores y dirigentes del kirchnerismo han salido en las últimas dos semanas a cuestionarle a Scioli “su gestión”, a pedirle incluso que “administre mejor” y hasta a darle “consejos” sobre cómo gastar los recursos. Y a marcar, taxativamente, que definir el aumento salarial de los docentes y evitar paros por falta de acuerdo en esa tarea, son incumbencia “exclusiva” del gobierno provincial.
Por su lado, cuando remarca, como se señaló, que ha estipulado el mayor aumento que puede pagar “con recursos propios”, la Administración sciolista está diciendo, sin mayores disimulos, que si la Nación efectuara un aporte especial para “ayudar a afrontar el “costo de la Educación” en la Provincia, podría disponer una mejora salarial que conforme a los gremios y evitar los paros. Un tema en el que algunos dirigentes del radicalismo terciaron en los últimos días, reclamando públicamente a la Casa Rosada que disponga fondos para solucionar el conflicto con los docentes bonaerenses.
En despachos de la Gobernación, en resumen, creen que la decisión de no otorgar un auxilio financiero a la Provincia tiene que ver con el “objetivo desgaste” de Scioli; estrategia político-electoral que tiene en los paros docentes -creen- y uno de sus mejores instrumentos.
Las encuestas, sin embargo, no estarían marcando resultados positivos para ese virtual revoleo de responsabilidades sobre las cabezas de los unos y los otros. Sondeos de los últimos días señalarían que la gente le adjudica responsabilidades por los días sin clases tanto al gobierno provincial como al nacional, y, puntualmente, tanto a Scioli como a Cristina.
Mientras tanto, el mayor desgaste ya producido por el conflicto lo sufren, por supuesto, los chicos que vienen teniendo clases dos o tres días por semana".
"(...) La decisión de jugar a partir de ahora el rol de Cristina "la buena", que está muy lejos de comprobarse en los hechos, podría entrañar riesgos políticos para la presidenta y sus esfuerzos por perpetuarse en el poder, que han sido advertidos hasta por algunos de sus estrategas con despacho en Balcarce 50. Ese papel de repentina pacificadora que pretende jugar puede ser un arma de doble filo.
Ya ha dado una muestra justamente en medio de la embestida frontal contra Scioli. ¿No dijo ella esta semana en un acto en Morón que "no sirve odiar al otro", y que hay que ser "humildes" y "unidos"?
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La voltereta de la Presidenta para acomodarse al 'vendaval Francisco' implicaría, nada menos, que terminar con un estilo de gobernar guerreador y autoritario que ella y su esposo han cultivado no ya desde 2003, sino desde que construyeron su carrera política a golpe de palo y billetera en la lejana intendencia de Río Gallegos. Ese intento de mostrarse conciliadora podría sonar a fingido apenas se repasan las fotos del enfrentamiento a bastonazo limpio que La Cámpora y las patotas de Guillermo Moreno protagonizaron contra partidos de izquierda en la Plaza de Mayo el 24 de marzo pasado.
"La gente la va a estar mirando y escuchando para ver si ese cambio es o no sincero, y eso hasta puede ser electoralmente peligroso", se confesó un operador político del gobierno. Y se preguntó, casi a modo de prueba de fuego: "¿Qué pasaría si el miércoles Macri le pide una audiencia para tratar problemas comunes de la Nación y la Ciudad"?
Volvamos a Scioli. La pelea del gobierno central contra el gobernador y su intento cada vez menos encubierto por eyectarlo de su sillón para poner en su lugar a Gabriel Mariotto o, en una variante no descartada por la Casa Rosada, al por ahora ministro de Seguridad en las sombras, Sergio Berni, ya es a cara descubierta. Y en un gobierno ultrapersonalista como es el de Cristina Fernández, no quedan dudas de que los furibundos mandobles en dirección al mandatario tienen todo el aval de la Presidenta. Se diría más: el libreto es exclusivamente suyo, apenas ejecutado fielmente por los autores de los últimos disparos. Como suele reconocerse en confidencias de pasillo en la Casa Rosada, y no de ahora sino desde los tiempos en que vivía Néstor Kirchner, "aquí nadie se ata los cordones de los zapatos sin una orden de arriba". El sayo le cae a medida a Diana Conti, Florencio Randazzo, Martín Sabatella, Fernando Navarro, Carlos Kunkel, por citar a los más enfáticos de los que salieron esta semana a intentar desbarrancar al que aparece ahora como su principal enemigo.
Es cierto que, a la vez, en esta oportunidad el campo de batalla ha mostrado una novedad impensada hasta no hace mucho tiempo: la presencia del propio Scioli al frente de sus tropas. El gobernador, entre harto de tanta humillación y envalentonado políticamente, como lo pintan en sus alrededores, por primera vez ha roto el molde y ha salido a responder casi uno por uno los mandobles que recibió desde el ultracristinismo. ¿Habrá dejado a un costado, por primera vez en tantos años de carrera política, la "regla de las tres P" --por prudencia, paciencia y perseverancia--, que siempre lo acompañó y que prometió que nunca abandonaría? (...)
Quizá la mejor definición que ha aportado Scioli para avisar que él también está ahora en el campo de batalla es su promesa de seguir sacándose fotos o reuniéndose con dirigentes de cualquier signo político, aun con aquellos que provocan ataques de urticaria entre la tropa oficialista. "Yo lo voy a seguir haciendo porque por sobre todas las cosas creo en el diálogo", fue su frase. (...)".
"(...) Los tres gobernadores que llevan la bandera de ese proyecto reeleccionista (Sergio Uribarri, de Entre Ríos; Jorge Capitanich, de Chaco, y Francisco Pérez, de Mendoza) acaban de recibir autorización del gobierno nacional para buscar financiamiento con créditos. Es la misma autorización que le negó a Scioli, que quiere tomar créditos por 6.000 millones de pesos. Esa autorización ya le había sido negada antes a Mauricio Macri en la Capital y al propio Peralta en Santa Cruz. El error de Scioli fue anticipar que sería candidato presidencial en 2015 si la Presidenta no lograra la reforma de la Constitución. Desde entonces, cada gesto del gobernador, cada palabra suya, cada fotografía es mirada como la estrategia de un enemigo.
El gremio docente que tiene sin clases a más de cuatro millones de argentinos forma parte, en efecto, del cristinismo. Scioli se jugó personalmente cuando asistió a la última reunión con sus dirigentes. Fue una reunión amable durante casi todo su transcurso. Scioli no podría abrir de nuevo la paritaria, después de que los restantes gremios docentes aceptaron su propuesta. Sería una traición a éstos y un insoportable signo de debilidad política. Lo dijo en esa reunión. El encuentro se estropeó en los últimos diez minutos. Seguimos con la huelga, le respondieron los gremialistas cristinistas, casi sin argumentos.
Ya cansan. No se les ocurre nada nuevo, se enfurece el sciolismo. Se refieren al cristinismo, no a los gremialistas. La secuencia es inalterable cada vez que quieren destruir a Scioli: primero le sacan dinero a la provincia y luego culpan al gobernador de mala administración. Un coro de críticos surge de inmediato; todos son empleados de la Presidenta. Julio De Vido comienza en el acto a canjear entre los intendentes bonaerenses adhesiones a Cristina, y rechazos a Scioli, por dinero fresco para obras públicas. Una política sin dignidad llegó en los últimos días al grotesco: algunos municipios firmaron una solicitada en reclamo de clases, pero sin la firma de los intendentes. Varios intendentes desmintieron luego las firmas que nunca habían existido.
(...) Scioli confía en su diálogo directo con la sociedad. La sociedad no es tonta. Sabe que hay un problema político y que hay también un problema con la distribución de los recursos nacionales, lo escucharon decir. Es su último refugio.
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¿Qué hará Scioli en un año electoral? Su paciencia está llegando al límite, pero no quiere romper. Sabe que no podrá colocar candidatos suyos en las listas bonaerenses, ni siquiera para legisladores provinciales. Podría quedar luego al borde del juicio político. Por eso está metiendo algunos dirigentes de él en las listas de Francisco de Narváez. Es probable también que la Juan Domingo y su alianza con Alberto Fernández presenten candidatos del gobernador. ¿Un sciolismo sin Scioli o con Scioli? Eso no lo sabe, por ahora, ni el propio Scioli."
"(...) Los camporistas confabulan contra Daniel Peralta en Santa Cruz. La semana pasada sumaron su boicot contra el mandatario de La Rioja, Luis Beder Herrera. Pero sus principales baterías las destinan para desquiciar a Scioli. En esa acción cuentan con la solidaridad del cristinismo rancio y puro.
Nada de lo que hacen todos ellos carece de la venia de Cristina. El gobernador de Buenos Aires se terminó de convencer que es así aunque en sus declaraciones diga lo contrario. Su relación con los Kirchner respondió siempre a conveniencias y necesidades políticas mutuas, aunque con el ex presidente terminó por enlazar una amistad. Con la Presidenta nunca, porque ella siempre lo consideró muy poco desde su altanería.
A ese abismo personal se añadieron las diferencias políticas.
Cristina descree de la lealtad declamada por Scioli. Le irrita su estilo jabonoso y la decisión de no sumarse hasta el final a todas las batallas que libra ella. Sucedió con el campo, sucede con los medios de comunicación no adictos. Se empeña para no desairar a nadie. El gobernador elogiaba a Francisco, el Papa, mientras la Presidenta trataba de reencontrar la ruta luego del despiste inicial.
El problema mayor ahora no sería ninguno de esos. Lo sería, sin embargo, la forma en que el peronismo no kirchnerista y núcleos de la oposición observan al sciolismo como ariete para octubre y al gobernador como posible sucesor. Varias cartas en Buenos Aires andan por el aire. ¿Negociación con Francisco De Narváez? “Diálogo pero no negociación”, se atajan los sciolistas. En cualquier caso, José Scioli, hermano del mandatario, podría ser candidato en la lista del diputado del PJ disidente. ¿Y Sergio Massa? Nadie sabe qué hará. El intendente de Tigre habría aprovechado su viaje a Miami para recoger opiniones de una consultora estadounidense que suele asesorarlo.
Ante ese panorama Cristina se aferra a su popularidad en el conurbano y a la postulación de Alicia Kirchner para pelear en octubre Buenos Aires. Se comprende por qué razón el derrumbe de Scioli sería una prioridad. El largo conflicto docente ayudaría a ese objetivo. El gobernador está cansado y dispuesto a resistir.
Jamás a romper. La Presidenta tampoco quiere asomar como causante de una fractura y una crisis. Simulan.
Pero la última sintonía política entre ellos parece definitivamente rota."
"(...) De allí a que siempre se mencionara a las listas de De Narváez como un buen lugar para hospedar a aliados del gobernador. Más aún cuando su hermano, José "Pepe" Scioli, que integra el partido del "Colorado", Unión Celeste y Blanco, podría llevar al apellido familiar bien alto en la boleta electoral.
A ese clima se sumaron los contactos de De Narváez con La Juan Domingo, que siempre vio en el hombre de Las Cañitas a su "plan C", después de Scioli y del intendente de Tigre, Sergio Massa (ver aparte). También las defensas que el propio De Narváez dedicó al gobernador.
Pero todas esas versiones cobraron renovado impulso tras la reunión que, hace dos semanas, Scioli mantuvo en la sede porteña del Bapro con el diputado Felipe Solá, quien le manifestó su voluntad de renovar su banca en octubre. "Está De Narváez", le habría sugerido Scioli.
Fuera del sciolismo, ayer no hubo un solo peronista bonaerense que descartara de plano la posibilidad de una lista "muleto" del sciolismo encabezada por De Narváez, con el auspicio silencioso del gobernador. "Scioli conseguiría diputados, y De Narváez, lo único que le falta para llegar a gobernador: un candidato presidencial fuerte en 2015", coincidían.
Tampoco dejaron pasar por alto otro detalle: en el centro de los rumores quedó parado Solá, un hombre que dialoga habitualmente con Scioli, pero que trabaja activamente junto con Massa, quien, si se decidiera a dar el salto, debería competir con De Narváez por los votos peronistas.
"Nada nos da mejor resultado que trabajar y alejarnos de la trenza", se limitaron a responder desde el denarvaísmo, que ya inició la campaña, con publicidad y recorridas por el territorio.
Recluido en La Ñata, Scioli pasó la jornada lejos de los rumores y atento a los últimos ajustes para debutar con su equipo en el campeonato de Futsal de la AFA.
Su tropa, poco interesada en salir a desmentir las versiones sobre el supuesto pacto con De Narváez, no escatima esfuerzos, en cambio, para asociar el estilo de su jefe con la prédica del nuevo papa. En el peronismo de la provincia, empero, crece la certeza de que Scioli ya es Francisco."