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DIRIGENCIA BAJO POLÉMICA

Netanyahu, entre la guerra con Irán y sus extralimitaciones, pero sin rival interno a la vista

El 68% de los israelíes están a favor de seguir con la guerra contra Irán. Netanyahu, con una leve caída de imagen por sus extralimitaciones, sabe muy bien que no existe en Israel ningún rival digno de descabezarlo.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, es un personaje que abre pasiones a ambos bandos de la grieta. Amado por los nacionalistas israelíes, debido a su despiadado combate contra el yihadismo y por su afán de expandir los cimientos del Estado Hebreo, mientras que a la vez es vapuleado por quienes le reprochan el mal manejo de la frontera que resultó en el atentado de Hamás aquel 7 de octubre de 2023. De este lado, le reprochan los casos de corrupción en los que está implicado y lo responsabilizan por las repetidas infracciones del Ejército israelí a los DD. HH. en medio de su lucha contra el terrorismo. Pese a e.

Desde 1996, Netanyahu ha estado gobernando en Israel como primer ministro, miembro de la Knesset o funcionario. En 2022, volvió al Ejecutivo Nacional gracias a que su partido, Likud, conformó una coalición con agrupaciones de la derecha ultranacionalista y religiosa, como Shas (partido sefardí religioso), Torá Judía Unida (partido ultraortodoxo), Partido Religioso Sionista (Religious Zionist Party) y Otzma Yehudit.

En diciembre de 2024, mientras estaba abierto el frente de guerra en Gaza tras el atentado del 7/10, Netanyahu se convirtió en el primer primer ministro en la historia de Israel que testificó como acusado en un juicio por corrupción. Un año después, el 1 de diciembre de 2025, envalentonado por Trump, decidió presentarle una carta al presidente israelí Isaac Herzog, en donde le clamaba por un indulto.

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En ese sentido, Netanyahu está involucrado en tres casos de corrupción, conocidos como Casos 1000, 2000 y 4000, que hablan de sobornos, tráfico de influencias y corrupción. Del mismo modo, se encuentra implicado en el caso Qatargate, aunque todavía no esté formalmente imputado, que investiga a su Gobierno por permitir flujos de dinero hacia Hamás, a través de Qatar, en una maniobra que muchos opositores israelíes sostienen que sería para generar un punto de tensión interno con la Autoridad Palestina, allanando el camino para la deslegitimación de la causa palestina.

Pese a los casos de corrupción y a las extralimitaciones, Netanyahu sigue ganando por cabeza

Por fuera de Israel, Netanyahu también tuvo sus polémicas, ya que influyó en la postura del ex presidente estadounidense George W. Bush, tras el 11-S, para que Estados Unidos invadiera Irak en 2003, respaldando la teoría de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva (ADM). Años más tarde, la Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense (Defense Intelligence Agency, DIA), junto con otras agencias de inteligencia como la CIA y el Departamento de Estado, confirmaron que Irak no poseía armas químicas, biológicas ni programas nucleares activos.

Aquella retórica de las armas nucleares podría interpretarse como misma que, según varias figuras estadounidenses influyentes del MAGA, como el presentador republicano Tucker Carlson y la congresista republicana Marjorie Taylor Greene, Israel ha estado usado por estos días para que Donald Trump se meta de lleno en una guerra contra Irán.

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A pesar del prontuario y la polémica que rodea a Netanyahu, un grueso de la población israelí aún sigue apoyando su liderazgo e, incluso, celebra que haya abierto nuevos frentes de guerra para diezmar al terrorismo, a diferencia de loque ocurren en Estados Unidos, donde varios republicanos, incluso un asesor antiterrorista, rompieron con Trump por haber iniciadoel28 de febrero una nueva guerra solo bajo presión del “lobby israelí”, según palabras del funcionarios estadounidense hasta hace dos semanas, Joe Kent.

De hecho, Netanyahu tiene una clara ventaja sobre su aliado en términos de imagen pública, ya que, según una encuesta del Instituto de la Democracia de Israel realizada en la cuarta semana de la guerra, el 68% de los israelíes opina que Estados Unidos e Israel deben continuar la lucha. Si bien esta cifra ha disminuido (era del 81% al inicio del conflicto), le otorga a Netanyahu una tranquilidad clara para las urnas de octubre, a sabiendas de que ningún partido político opositor aún puede capitalizar los votos de los desencantados con su gobierno.

Además, el primer ministro lidera el partido más grande en la Knesset, el parlamento israelí, al haberse asociado con los partidos sionistas y de la ultraderecha nacionalista y supremacista religiosa para ganar en las elecciones de 2022, que lo retornaron al poder ejecutivo. No obstante, la coalición se encuentra rezagada en las recientes encuestas de cara a las próximas elecciones, pero la oposición israelí aún no tiene la capacidad de jugar una pulseada de igual a igual.

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Bezalel Smotrich, de Sionismo Religioso, y Ben Gvir, de Otzmá Yehudit, integran la coalición Gobernante con Likud. Son polémicos, hablan de la supremacia religiosa y trataron de

Bezalel Smotrich, de Sionismo Religioso, y Ben Gvir, de Otzmá Yehudit, integran la coalición Gobernante con Likud. Son polémicos, hablan de la supremacia religiosa y trataron de "animales" a los palestinos.

La mayoría de las encuestas otorgan a la coalición de Netanyahu entre 52 y 53 de los 120 escaños de la Knesset. Los socios del primer ministro, especialmente los partidos ultraortodoxos, son profundamente impopulares dentro de la coalición debido a su postura antibelicista y la insistencia en que los jóvenes religiosos queden exentos del servicio militar.

Se prevé que otro de los aliados de Netanyahu, el partido Sionismo Religioso, liderado por el polémico Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, caiga por debajo del umbral electoral del 3,25% de los votos. Tal partido, junto con el Otzmá Yehudit de Ben Gvir, fueron quienes presentaron el proyecto de ley para ejecutar una pena de muerte a los palestinos condenados por ataques mortales, que se aprobó este jueves.

La coalición puede haberse unido para votar a favor del presupuesto y aprobar una ley que impone la pena de muerte a los palestinos condenados por el asesinato de israelíes, pero está enfrentada por otras leyes (The Economist) La coalición puede haberse unido para votar a favor del presupuesto y aprobar una ley que impone la pena de muerte a los palestinos condenados por el asesinato de israelíes, pero está enfrentada por otras leyes (The Economist)

A pesar de pequeñas discrepancias dentro de la coalición gobernante, el ambiente de guerra, el supremacismo religioso y el odio al terrorismo yihadista mantienen a estos bajo cohesión social, sin ser evidente las fisuras. Del lado de la oposición israelí, en cambio, los partidos permanecen fragmentados y las intenciones de voto los dejan afuera de la toma de decisiones reales.

Embed - Israel reprime protestas contra guerra en Irán

Los seis partidos de la oposición que aún forman parte de la Knesset tienen dificultades para trabajar juntos, y al menos otros tres se preparan para competir en las próximas elecciones, aunque las encuestas le den mal, según The Economist.

El sistema de representación proporcional israelí favorece a los partidos más grandes, y el señor Netanyahu tiene un historial probado de persuadir a sus aliados para que dejen de lado sus diferencias y se presenten en listas conjuntas” El sistema de representación proporcional israelí favorece a los partidos más grandes, y el señor Netanyahu tiene un historial probado de persuadir a sus aliados para que dejen de lado sus diferencias y se presenten en listas conjuntas”

“Para el señor Netanyahu, lo mejor es que la oposición no tiene un candidato claro a primer ministro. En las últimas elecciones, en noviembre de 2022, un partido centrista liderado por Yair Lapid, ex primer ministro, se consolidó como la principal oposición. Sin embargo, desde entonces, su popularidad ha caído en picada”, afirma la agencia de noticias The Economist sobre los rivales de Netanyahu que fueron cayendo en el camino.

“En 2023, Benny Gantz, un ex general que se unió temporalmente al gobierno tras los atentados del 7 de octubre, era el favorito para suceder a Netanyahu. Pero su ambigüedad, sobre todo en cuestiones relativas a la gestión de la guerra en Gaza, y su reticencia a enfrentarse a Netanyahu, le hicieron perder apoyo. Su partido ahora no logra superar el umbral electoral”, agrega el diario estadounidense.

“Durante el último año, Naftali Bennett, otro ex primer ministro, subió en las encuestas y parecía encaminarse a desafiar a Netanyahu. Bennett, a pesar de sus ideas de derecha, ha sido durante mucho tiempo un acérrimo rival de Netanyahu. Sin embargo, en las últimas semanas, su partido ha estado perdiendo terreno frente al liderado por Gadi Eisenkot, otro ex general centrista que ha fundado su propio partido, expone la agencia.

“Aunque estos partidos tan dispares logren unirse en torno a un líder, e incluso si obtienen la mayoría en la Knesset, tendrán dificultades para formar gobierno. La coalición del Sr. Netanyahu incluye partidos de extrema derecha y ultrarreligiosos que, en general, coinciden en sus políticas. Los partidos de la oposición, en cambio, abarcan desde nacionalistas hasta islamistas conservadores y comunistas árabes. Es improbable que gobiernen juntos”, cierra la columna de The Economist de este viernes.

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