En año electoral, Brasil puso sobre la mesa una discusión que acá en Argentina parece de otro planeta: bajar la jornada laboral sin tocar el sueldo, mientras de este lado se avanza con una reforma laboral que va exactamente en sentido contrario. ¿Quién lee mejor el momento económico y social y quién está jugando una apuesta que puede salir cara?
EL MERCOSUR DIVIDIDO
Mientras Brasil debate menos horas de trabajo, Argentina elige alargarlas
Brasil debate trabajar menos sin tocar los sueldos; Argentina flexibiliza y aprieta costos. Dos modelos opuestos en año caliente. ¿Quién lee mejor la calle?
Brasil apuesta a la semana más corta en pleno año electoral
Esta semana la Cámara de Diputados brasileña debe votar la eliminación del esquema 6x1 (seis días trabajados por uno de descanso) para pasar a un máximo de 5x2 y 40 horas semanales sin reducción salarial, una propuesta que el oficialismo convirtió en bandera política en un año electoral donde el clima social importa muchísimo.
El ministro Guilherme Boulos, uno de los impulsores del proyecto, explicó su idea en Rádio Nacional, emisora de la Empresa Brasil de Comunicação (EBC): "La propuesta que defendemos, junto con Lula, es la eliminación de la jornada de 6x1, es decir, un máximo de 5x2. Como mínimo, el trabajador debería tener dos días libres a la semana y la jornada laboral máxima debería reducirse a 40 horas semanales, sin reducción salarial”. Y fue todavía más frontal: "Nunca he visto a un empresario defender un aumento de los derechos de los trabajadores. Siempre estará en contra".
Del otro lado, la Confederación Nacional de Comercio (CNC) y la Confederación Nacional de la Industria (CNI) publicaron estudios con números que buscan enfriar el entusiasmo. Según la CNC, el costo de adaptación sería de R$ 122 mil millones en el comercio minorista y R$ 235 mil millones en servicios, mientras que la CNI calcula un impacto anual que podría llegar a R$ 267 mil millones, con aumentos de costos que en algunos casos se trasladarían a precios, con una estimación de hasta 13% más en el retail.
El economista Fábio Bentes advirtió que el comercio necesitaría contratar 986.000 trabajadores adicionales para sostener las horas actuales sin el 6x1 y que no habría mano de obra calificada suficiente, además de alertar sobre un posible aumento de la informalidad. Es clásico el planteo empresario pero no por eso irrelevante: si suben los costos laborales de golpe, la economía reacciona, y no siempre a favor del empleo.
Lo interesante es que Brasil no discute esto en abstracto, sino en un contexto donde el empleo formal y el consumo son variables sensibles políticamente, y donde la comparación con la experiencia europea (que suele incluir jornadas más cortas con alta productividad) aparece como referencia obligada, aunque las estructuras económicas sean muy distintas.
Argentina va en sentido contrario: productividad antes que descanso
Mientras tanto, en Buenos Aires el Congreso avanzó en sentido contrario. La Cámara de Diputados aprobó la reforma laboral impulsada por Javier Milei con 135 votos a favor y 115 en contra, y el texto ahora vuelve al Senado con la intención oficial de convertirlo en ley antes de la apertura de sesiones ordinarias.
La reforma incorpora la posibilidad de pagar salarios en moneda extranjera, crea un Fondo de Asistencia Laboral como alternativa a la indemnización tradicional, habilita el banco de horas para compensar extras y amplía la lista de servicios esenciales, lo que en los hechos limita el alcance de las huelgas. El polémico artículo 44, que reducía el salario al 50% o 75% en licencias por enfermedad no laboral, fue eliminado después de las críticas sindicales y de la oposición, por lo que se mantiene el pago del 100% según la Ley de Contrato de Trabajo.
El argumento oficial apunta a reducir litigiosidad, combatir abusos y generar condiciones para contratar más en blanco en un país donde el empleo informal es un problema estructural. Sin embargo, los datos de la Secretaría de Trabajo muestran que el ausentismo está en niveles mínimos históricos, con un 12,6% de la dotación mensual ausente en promedio, y que más de la mitad de esas ausencias (50,5%) se deben a enfermedad, con lo cual la idea de un sistema desbordado por licencias injustificadas carece de fundamentos.
En términos más simples, Brasil está discutiendo cómo repartir mejor el tiempo de trabajo, mientras Argentina se concentra en bajar costos y ordenar reglas para estimular la contratación. Uno cree que hay margen para avanzar en derechos sin dañar la economía; el otro entiende que primero hay que estabilizar y ganar productividad.
El contraste habla de cómo cada país interpreta su momento histórico. Y en ambos casos, el resultado se medirá en algo mucho más concreto: empleo real, salarios que rindan y empresas que puedan sostenerse sin que el sistema se desbalancee.
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