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GLASGOW

La crisis energética mundial hace polvo a la COP26

Tras concluir la COP26, la crisis energética mundial preocupa mucho más a los países que el cambio climático.

La Cumbre sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, la COP26, concluyó oficialmente el sábado (13/11), poniendo fin a dos largas semanas de intensas negociaciones en Glasgow, Escocia, entre casi 200 país. Pero aún nos seguimos preguntando si de verdad sirvió para lograr un impacto en el medioambiente o, como muchas otras, terminó siendo sólo palabrerío sin hechos en la práctica.

Muchos científicos enfatizan en que es necesario accionar sobre el cambio climático más rápido que nunca ya que se está viendo el impacto del calentamiento global en varios países que han sufrido tragedias y muertes por incendios e inundaciones.

Los expertos han estado de acuerdo durante mucho tiempo que es crucial que los niveles de calentamiento se mantengan por debajo del umbral fundamental de 1,5° C por encima de los niveles preindustriales. Este objetivo fue clave en el Acuerdo de París de 2015. Actualmente, el mundo está en 1,1° C por encima de los niveles preindustriales.

Las claves de Glasgow

Algunos países avanzaron en esta dirección. Más de 100 países acordaron reducir sus emisiones de metano en un 30%, en relación con la producción en 2020. Esto es importante porque el metano es un gas de efecto invernadero especialmente potente.

Otras 100 naciones, que poseen más del 85% de los bosques del mundo, se comprometieron a detener la deforestación y la degradación de la tierra para el 2030.

Y la India, uno de los mayores consumidores de carbón, se comprometió a alcanzar emisiones netas cero para 2070, lo que significaría que no aportará gases de efecto invernadero a la atmósfera en ese momento.

Pero el pacto final no logró esbozar un camino claro para evitar que el mundo supere la marca de 1,5 grados, ni responder adecuadamente cómo los países deben compartir la responsabilidad de reducir las emisiones.

La COP26 produjo el primer pacto climático internacional que hace referencia explícita a los combustibles fósiles, una de las principales causas de las emisiones de gases de efecto invernadero. Y, además, a la ampliación de los límites del uso de carbón, considerado como el combustible fósil más sucio. Se estima que el carbón es responsable de casi un tercio del calentamiento.

Pero... las palabras importan ¡Y muncho!

Cualquier entusiasmo se apagó rápidamente después de que el lenguaje en el acuerdo final se diluyó. En un cambio extremadamente de último minuto, India, respaldada por China, insistió en un ajuste final, acordando solo "reducir gradualmente", no "eliminar gradualmente" el uso del carbón.

Los compromisos nacionales son voluntarios, sin mecanismos de cumplimiento, lo que hace que el cambio de último momento sea especialmente decepcionante.

Esto fue recibido con mucha consternación. El presidente de la COP26, Alok Sharma, se disculpó por el cambio, mientras que la ministra suiza de Medio Ambiente, Simonetta Sommaruga, expresó su "profunda decepción" por el mismo. "Esto no nos acercará a 1,5, pero hará que sea más difícil alcanzarlo", dijo.

USA y China

Estas dos potencias mundiales son las mayores emisoras de gases de efecto invernadero en el mundo y juntos representan aproximadamente el 40% de la producción mundial anual de carbono. China es el principal emisor del mundo, superando las emisiones de todos los países desarrollados combinadas, mientras que USA es el 2do.

Ambos países sorprendieron a todo el mundo cuando acordaron trabajar juntos para frenar las emisiones y limitar el calentamiento durante la próxima década, después de que Beijing insistiera anteriormente en que cualquier tipo de cooperación climática dependiera de las relaciones generales entre los dos países.

La medida fue significativa, aunque el anuncio conjunto fue vago y se olvidó de incluir detalles importantes, o casi ninguno.

La crisis energética mundial y el cambio climático van de la mano. La primera golpeó a USA y el consecuente aumento de precios preocupa a la administración de Joe Biden ya que tiene miedo de que le pueda costar votos y poner en peligro su capacidad de implementar políticas.

Las políticas energéticas de USA también hacen poco para evitar el cambio climático mientras dañan el medio ambiente. Los partidarios de la política energética de Biden dicen que los estadounidenses deben hacer sacrificios económicos hoy para salvar el planeta. Pero si los otros dos grandes emisores, China e India, no siguen los mismos pasos, lo que haga solo USA no tiene sentido.

La falta de participación de alto nivel de China y Rusia en la reciente cumbre climática de las Naciones Unidas y el cambio de último minuto de India, ilustran que no existe un compromiso global significativo con el cambio.

Es más, las políticas estadounidenses empaquetadas como ecológicas no siempre lo son cuando se las mira más de cerca. Además, la generación actual de tecnologías de energía renovable no solo es ineficiente y requiere muchos recursos para producir, sino que también tiene un impacto ambiental significativo, sobre todo por el uso de la tierra.

USA necesita una política energética fundamentalmente nueva que proporcione suministros de energía confiables a precios asequibles con un bajo impacto en el medio ambiente y el clima.

No importa qué tan rápido la administración Biden quiera aumentar la proporción de energía de fuentes renovables, la seguridad energética de USA requerirá una producción nacional continua de petróleo y gas natural para el transporte, la calefacción, la industria y la generación de electricidad.

Una política energética estadounidense inteligente no debe enmarcarse como una elección binaria entre energías renovables o combustibles fósiles. La generación actual de energías renovables (energía hidroeléctrica, eólica y solar) no puede proporcionar electricidad o calor sin una generación de energía de base confiable, generalmente a partir del gas natural.

Además, el conjunto actual de fuentes de energía renovable no puede proporcionar la energía que USA necesita debido a su baja producción y eficiencia energética, sin importar cuánto dinero les arroje Washington. En lugar de subsidiar el consumo de la generación actual de energía eólica, solar y otras energías renovables, los gobiernos de todo el mundo deberían concentrarse mucho en desarrollar nuevas tecnologías y financiar la investigación y el desarrollo.

La gran grieta entre ricos y pobres

La COP26 destacó la marcada división entre naciones ricas y pobres, tanto en términos de quiénes son los más afectados por la crisis climática, como de cómo podrían ser sus respuestas. Muchos países en desarrollo, como India, todavía dependen de la energía a carbón.

En la COP26, un tema clave fue la financiación. Hace más de una década, en la cumbre climática de la ONU en Copenhague, los países ricos se comprometieron a dar a las naciones más pobres 100 mil millones de dólares por año para 2020 para apoyar los esfuerzos de adaptación climática. Pero este objetivo nunca se cumplió. En Glasgow, los donantes prometieron cumplir su promesa original de 100 mil millones de dólares para 2023.

También estaba la cuestión de la indemnización.

Aunque el sur global es responsable de solo el 10% de las emisiones globales acumuladas, a menudo se encuentra en la primera línea de la crisis climática. Para hacer frente a estos costos, muchos de esos países esperaban obtener fondos para "pérdidas y daños" en Glasgow, pero seguirán soñando con eso.

Luego de una fuerte resistencia de USA y la Unión Europea, el pacto final no incluyó financiamiento para compensar a los países en desarrollo por las pérdidas que ya están sufriendo y continuarán padeciendo.

En última instancia, queda por ver si la COP26 es lo más cerca que ha estado el mundo de progresar o si es solo otro año perdido.

FUENTE: Foreing Policy

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