Dos actores principales, un acto que los une y una serie de movimientos que empiezan a tomar forma de cara a las elecciones generales de 2027. Gabriel Rufián e Irene Montero avanzan en la construcción de un nuevo frente de izquierdas en España, en un intento por reordenar un espacio que hoy aparece fragmentado y en retroceso.
RUMBO A 2027
Gabriel Rufián se alía: la nueva izquierda que emerge en España y mete presión al PSOE, PP y Vox
El líder de ERC y la exministra de Podemos, Irene Montero, exploran un nuevo frente para las elecciones de 2027 en medio del desgaste del PSOE.
El movimiento no surge en el vacío. La mala imagen del PSOE al frente del Gobierno, golpeado por distintas polémicas en los últimos meses (desde el caso Koldo y el de Ábalos, pasando por el escándalo de Air Europa y el foco sobre Begoña Gómez, hasta la crisis de la vivienda y la gestión migratoria) ha erosionado su posición como eje indiscutido de la izquierda. Un desgaste que tanto el Partido Popular como Vox han sabido capitalizar para ampliar su base electoral.
Mientras tanto, en la derecha también se reconfigura el tablero. El documento “marco” impulsado por el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo para ordenar su relación con Vox expuso tanto la necesidad de entendimiento como las tensiones internas del bloque conservador. La respuesta de Santiago Abascal, rechazando las condiciones del PP, dejó en evidencia que la alianza no está cerrada y que la disputa por el liderazgo del espacio sigue abierta.
En este escenario, marcado por la fragmentación, la pérdida de confianza y el avance de la derecha en distintos puntos del mundo, la iniciativa de Rufián y Montero aparece como un intento de reagrupar a la izquierda alternativa al PSOE. No solo para competir electoralmente, sino para evitar que el espacio termine diluyéndose en un contexto cada vez más adverso.
El acto que une a Rufián y Montero y pone en marcha el nuevo frente
El primer movimiento concreto de este acercamiento se verá el próximo 9 de abril en Barcelona. Allí, Gabriel Rufián, portavoz de ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) en el Congreso, y la eurodiputada de Podemos Irene Montero compartirán escenario en un acto junto al exdiputado Xavier Domènech bajo el título “¿Qué hay que hacer?”, una consigna que ya anticipa por dónde irá el debate: cómo reorganizar a la izquierda en un contexto cada vez más adverso.
Más allá del formato, el encuentro tiene un trasfondo político claro. No es solo una charla, sino una señal de coordinación entre dos dirigentes que, desde espacios distintos, empiezan a coincidir en un diagnóstico: sin unidad, el bloque progresista pierde fuerza frente al avance de PP y Vox.
En ese sentido, Montero fue directa y dejó una de las definiciones más claras hasta ahora. “Creo que es muy buena idea”, sostuvo sobre la posibilidad de construir un tándem con Rufián. Pero fue más allá en diálogo con distintos medios españoles: explicó que el objetivo es “dar certezas a la gente de izquierdas” y demostrar que hay un “partido por jugar” para bajar el precio de la vivienda, de los alimentos y seguir avanzando en derechos sociales. “Para eso, la izquierda tiene que estar fuerte”, remarcó.
Del lado de Rufián, aunque desde su entorno niegan que haya una candidatura cerrada o una coalición en marcha, el mensaje viene siendo consistente desde hace tiempo. El dirigente de la formación independentista catalana ha insistido en distintas intervenciones en que la izquierda debe dejar de competir entre sí y empezar a construir una estrategia común, bajo la idea de que, dividida, solo beneficia a la derecha.
Ahí es donde encaja este acercamiento. Montero no oculta su predisposición a avanzar y reconoce en Rufián una figura que hoy gana peso dentro del electorado progresista. Él, por su parte, empuja la idea de unidad, aunque sin dar todavía el paso definitivo hacia una alianza formal. Por ahora, el movimiento está en fase de gestación, pero el mensaje ya está sobre la mesa.
El PSOE observa el movimiento: lo considera útil, pero marca límites
Dentro del PSOE, el movimiento no cayó como una amenaza directa, sino más bien como una posibilidad a observar de cerca. Según pudo averiguar RTVE a partir de fuentes del entorno socialista, la idea de articular un nuevo frente a su izquierda no es vista, en principio, como un problema, sino como una forma de ordenar un espacio que hoy aparece fragmentado.
En esa línea, la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, reconoció que es “importante” que ese espacio pueda organizarse para “rentabilizar lo más posible” el voto de quienes no se identifican con el PSOE pero siguen dentro del espectro progresista. Eso sí, dejó una condición clara: que esa posible articulación incluya a todo el bloque, desde Podemos hasta Sumar, IU y otras fuerzas.
Desde el partido, además, bajan un mensaje que viene repitiéndose en los últimos procesos electorales. “La unidad no es un debate táctico, es una condición para que el voto progresista sea útil”, señalaron fuentes socialistas al medio, que insisten en que la fragmentación puede terminar jugando en contra del propio espacio.
“No siempre sumar es sumar: a veces, dividir implica perder”, advierten, en una frase que resume la preocupación de fondo dentro del PSOE. Por eso, aunque públicamente muestran respeto por los movimientos de Rufián y Montero, en privado el foco sigue puesto en evitar que la izquierda vuelva a dispersarse en un momento clave del ciclo político.
Un contexto que empuja a la unidad: el avance del PP y el castigo a la izquierda
El movimiento de Rufián y Montero no se explica sin mirar el contexto electoral reciente. Las últimas elecciones autonómicas en Extremadura, Aragón y Castilla y León dejaron una tendencia clara: el avance del Partido Popular y el crecimiento sostenido de Vox, en paralelo con el retroceso y la fragmentación de la izquierda.
En los tres comicios, el PP se impuso con claridad (con María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León), aunque sin mayoría absoluta. Esa limitación refuerza otro dato clave: la dependencia de Vox como socio de gobierno, consolidando un bloque de derecha cada vez más coordinado.
Los números reflejan ese cambio de ciclo. En conjunto, PP y Vox superan ya el 50% del voto en estas comunidades y amplían su representación parlamentaria, mientras que el bloque progresista pierde peso. El PSOE, aunque logra amortiguar la caída en algunos territorios, sigue lejos de disputar la primera posición.
Pero el golpe más fuerte se lo llevan las fuerzas a la izquierda del socialismo. Podemos e Izquierda Unida, especialmente cuando compiten por separado, han quedado directamente fuera de parlamentos autonómicos como Castilla y León y Aragón, evidenciando el costo de la división. El mensaje es claro: fragmentados, no suman; desaparecen.
En ese escenario, voces como la de Rufián ya habían advertido el problema. Tras los últimos resultados, el dirigente insistió en que “no hacer nada o hacer lo de siempre es pura negligencia”, en referencia a la falta de una estrategia común en la izquierda.
Con ese telón de fondo, la iniciativa que ahora impulsa junto a Montero cobra sentido. No se trata solo de una alianza más, sino de un intento de evitar que el espacio progresista siga perdiendo terreno en un mapa político que, elección tras elección, se inclina hacia la derecha.
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